LIBERTAD DE ELEGIR. ¿Podemos salir del laberinto? El Confidencial 03.06.17

En las últimas semanas, como era previsible, se ha producido un salto cualitativo en el enfrentamiento entre Gobiernos por la convocatoria de un referéndum para la independencia de Catalunya. Portavoces de ambos Ejecutivos reclaman ser intérpretes legítimos de las aspiraciones nacionales del pueblo catalán.

El President Puigdemont y miembros del Govern y de las instituciones catalanas dicen representar la voluntad popular cuando invocan el derecho a celebrar un referéndum sin cortapisas. También la Vice-Presidenta Sáenz de Santamaría insiste en que la interpretación de los intereses auténticos de los catalanes apunta justo en la dirección contraria.

Lo cierto es, que más allá de las declaraciones de unos y otros, hoy en Catalunya hay más consenso sobre la necesidad de un referéndum, que sobre el contenido de la respuesta- afirmativa o negativa- a la pregunta que, eventualmente, se formule.  Es obvio que la división de la sociedad catalana es profunda y creciente. Esta última afirmación obedece más a una sólida certeza que a una apresurada impresión. El acalorado debate está presente en la mayoría de ámbitos políticos y civiles de Catalunya. Y está lejos de ser constructivo.

Es indiscutible que el Govern, con Puigdemont de abanderado, ha movido las “pantallas” de su táctica, a su gusto y según sus necesidades. Después de las elecciones de 2015, sin aceptar nunca que el envite plebiscitario se había perdido, los partidos independentistas anunciaron que en 18 meses se proclamaría la DUI (Declaración Unilateral de Independencia). En 2016, los 18 meses de plazo todavía eran válidos. Pero volvía a ser el referéndum el instrumento central del designio político de Junts pel Sí y la CUP. En 2017, excedido el periodo que el Govern resultante de las elecciones se había autoconcedido -también un compromiso electoral- se nos dice que si la celebración de la consulta finalmente no es posible, se declarará la DUI amparada por la Ley de Transitoriedad. Por cierto, un Proyecto de Ley que aparte de la reciente filtración en un periódico de ámbito estatal, desconocemos su contenido.  Y lo que es más grave aún; tampoco los diputados del Parlament tienen idea alguna del mismo.

Sin embargo, resulta incuestionable, que el Gobierno español nunca ha cambiado de “pantalla”. Para el Presidente Rajoy no ha sido siempre no. Júzguese esa estrategia como se estime oportuno. No es la pretensión de este artículo.

Ambas orientaciones, la del gobierno español y la del catalán, vienen chocando desde hace meses.  Las cosas han ido empeorando, día a día, y así será hasta el desenlace donde atónitos comprobaremos, que no queda margen excepto para que todo vaya a peor.

El último movimiento del Govern – reunión convocada por Puigdemont el dia 29 de mayo- después del “bienintencionado” cruce de cartas, los partidos favorables al sí, han decidido protagonizar un nuevo viraje. Allí donde se había proclamado que el Pacto Nacional para el Referéndum había concluido sus trabajos, con un acto solemne y formal de presentación de las conclusiones y firmas recogidas, se ha querido otorgarle una nueva vida. ¿Con alguna pretensión explícita? Naturalmente. Dar una nueva oportunidad a Catalunya Sí que es Pot para que se sume a un referéndum unilateral. Sin acuerdo previo y sin carácter vinculante. Todo ello ad maiorem gloriam de la alcaldesa Colau y los suyos.

Sugiero, quizás con un punto de esperanza, que se emplace al Govern a que acepte el principio de que negociar y eventualmente ceder, no es rendirse. Podría comprobarse así, lo que sigue:

  • Ha quedado demostrada, sobradamente, la fuerza del independentismo catalán en la presente coyuntura, aunque hoy se adviertan signos de fatiga y retroceso palpables.

  • Se ha verificado la notable cantidad de compañeros de viaje de los partidos independentistas catalanes que han apoyado, hasta hoy, la reivindicación de fondo. Lo han hecho con la expectativa de obligar al gobierno español a negociar en un contexto político, progresivamente, enrarecido.

  • Se ha constatado, irremediablemente, que el gobierno español ni ha hecho ni hará movimiento alguno. Debe ser totalmente descartada la idea de una respuesta gubernamental desproporcionada a los movimientos secesionistas.

  • Se podría aceptar por la unanimidad de todas las fuerzas independentistas, que ante, el negativo desenlace de la situación en Catalunya, convendría maniobrar con inteligencia. De suyo, no hay otra alternativa.

  • Se acertaría al presentar ante la opinión pública española y catalana un balance de errores y aciertos sincero y claro, sin ocultar las dificultades.

  • Se podría asumir, colectivamente, que la única salida al actual laberinto sería la convocatoria de elecciones. Sin representar menoscabo para ningún partido político, todos ellos, con la excepción más que probable de la CUP, deberían exigir al President Puigdemont que anticipara las elecciones. A mi juicio, esta sería una alternativa de contenido y efecto parecidos a la defendida por los promotores del referéndum. Se trata, en definitiva, de pronunciarnos. ¿No?

Catalanes y catalanas decidirían con su voto que es lo que desean en esta fase final del Procés. Nada podría impedir que se expresaran con auténtica libertad y siguiendo sus deseos más íntimos. Es, en este punto, donde muchos tenemos la convicción de que nuestros conciudadanos sabrán juzgar correctamente la situación y votaran en consecuencia. Va de democracia. ¿No?

Entre demócratas, y los somos todos, aceptaríamos que una vez señalado el camino por los ciudadanos llamados a votar, lo seguiríamos con una legitimidad refrendada. Se puede salir del laberinto. Debemos hacerlo juntos. Y lo conseguiremos si depositamos, sin reservas, en el pueblo de Catalunya las decisiones y confiamos en él. No tiene por qué haber vencidos.

Referéndum Cataluña- ¿Podemos salir del laberinto-. Blogs de Libertad de elegir

 

 


Lliçons de França- La Vanguardia. 26.05.17

Macron ha guanyat les eleccions presidencials a França per un ampli marge. La seva victòria ha estat incontestable. El  triomf és important per raons diverses. Ha reeixit  un amplíssim moviment d’arrel popular sota la bandera d’un liberalisme més aviat  tou.  Milers i milers de ciutadans s’han mobilitzat activament formant part d’un moviment En Marche de perfil nou amb una molt destacable presència a les xarxes.

L’aspiració pregona del seu vot és una profunda regeneració de la política francesa que aturi la progressiva decadència del país. Es vol donar un  tomb a la França estancadissa dels darrers anys. La victòria també ha estat rellevant pel seu inqüestionable europeisme. És l’aposta per un nou impuls de la Unió Europea post-Brèxit. Els europeistes comptaran, a partir d’ara, amb un aliat que, de moment, sembla ferm i decidit. No ens hauria d’estranyar veure Macron com adalid del nou Manifest del 9 de Maig.  I en darrera instància, els bons resultats de Macron s’han de llegir en clau de la derrota de la variant populista del nacionalisme francès. Aquesta qüestió essent important pels resultats obtinguts,  no és la més significativa des de el punt de vista de la futura acció de govern.

Que cal emfatitzar del triomf de Macron? Esdevé clau el programa formalment liberal d’En Marche. Es considera l’empresa privada com un element determinant pel creixement  de l’economia,  la creació d’ocupació  i la redistribució ben entesa de la riquesa. S’impulsa una valent agenda de reformes inajornables del mercat laboral. Es fa una aposta decidida per a la mobilitat econòmica i social en l’era digital. Es promou l’acceptació i projecció d’una societat canviant i mòbil on la investigació i la innovació son estris imprescindibles.

Es considera essencial un Estat un punt aprimat que tingui  com a prioritat principal ajudar als que no poden seguir, posant l’accent en la protecció de tots aquells que viuen en  circumstàncies  adverses el seu dia a dia. Un contracte social explícit sobre quatre pilars: educació, cultura, salut i el paper de la justícia en un món de separació real de poders. Tot això acompanyat d’una reflexionada moderació fiscal. Es promet una rebaixa d’impostos agosarada per les classes mitjanes franceses, profundament maltractades per l’estatisme rampant de llarg abast al país veí.  I finalment, una tolerància zero envers la delinqüència i una laïcitat inflexible que estigui present en l’acció política del govern i  les institucions franceses.

Els liberals assumim de grat aquest programa. De fet, és el nostre des de fa anys. Amb matisos, puntualitzacions i precisions, però el podem defensar. Llegint amb deteniment el programa d’En Marche tinc, però, la sospita de que està amarat d’un designi lleugerament socialdemòcrata. Es veurà.

Quines lliçons podríem aprendre dels resultats de les darreres eleccions franceses des de Catalunya estant? La primera, és comprovar esperançats com la societat pot donar un salt endavant gegantí si les condicions objectives pel canvi estan prou madures. Tot i reconeixent quant decisiva ha estat la previsible implosió dels partits tradicionals. Apareix la sobtada certesa de que no cal recórrer feixugament tots els estadis intermitjos.  Es pot estalviar temps i feina.

La segona lliçó és la importància estratègica de batallar per la renovació democràtica. Això paga la pena sempre, doncs resulta imprescindible. Cal connectar estretament  amb la ciutadania perquè faci seva aquesta exigència que ha d’afectar,  intergeneracionalment, a tots aquells que es senten cridats a lluitar per una profunda metamorfosi.

La tercera és constatar que sense un partit estructurat el salt endavant és perfectament possible. A Macron i els seus, els hi espera una comesa gens fàcil però si encerten la diagnosi i la formulació de les primeres mesures, el partit polític vindrà després. S’haurà de cercar i aconseguir una nova majoria social i el partit en serà el subproducte.

La quarta i darrera lliçó és que no s’han d’endegar rutinàries polítiques de reformes ja provades. S’ha de voler dur a terme una autèntica transformació de la societat. Des de bases noves i engrescadores. Aquest gran repte només es pot assolir amb un clar emplaçament a la ciutadania fent-li veure que la implicació i el compromís polítics no és cosa dels demés,  si no de cadascun de nosaltres. En aquest camí, l’apel·lació als joves amb la seva entusiasta aportació esdevé essencial. Transformar vol dir fer del vell país, un de nou. Tanmateix, sense caure en somnis benintencionats. Aquesta és una generosa i transcendent  tasca que li correspon tothom.

Percebo un clar paral·lelisme entre la vella França i la vella Catalunya. Els dos països viuen moments especialment delicats. Sens dubte, el rumb ha d’ésser corregit. Cal aprofitar l’impuls i l’energia de fons, que un i l’altre disposen sobradament, per deixar enrere el passat i  fer front el present sense esperar el futur. Hi ha molt per fer, allà i aquí. I tot pot ésser fet. La victòria d’en Macron i el seu moviment liberal és la prova inequívoca que més enllà d’ésser necessari, és possible.

LLiçons de França- La Vanguardia 26.05.17


LIBERTAD DE ELEGIR. ” La socialdemocracia. La crisis que no cesa. ” El Confidencial. 20.05.17

Se puede afirmar, sin exageración alguna, que la socialdemocracia en general y la europea en particular, vive en estos últimos años inmersa en una profunda crisis. A lo largo del siglo XXI se ha producido un progresivo retroceso del modelo socialdemócrata. No es una quiebra universal, pero si muy general. De hecho, la visión, el enfoque y el proyecto de los socialistas no cuenta hoy con una alternativa sólida con la que afrontar los retos de la segunda y tercera década del presente siglo. Aun así, algunas de sus orientaciones más clásicas siguen formando parte del discurso político vigente. No se trata aquí de impugnar polémicamente los postulados de la socialdemocracia. Más bien constato la ausencia de un perfil propio bien definido.

Múltiples ejemplos en Europa, América y en otros países del planeta avalan cuanto digo. También hay excepciones. Portugal sin ir más lejos. Sospecho, no obstante, que en Gran Bretaña con Corbyn, Alemania con Schulz, Italia con Renzi y Francia, aún no sabemos con quién, las cosas pueden empeorar, substancialmente, en las próximas contiendas electorales.

¿Por qué ha quebrado el modelo socialista? La nueva oleada de la globalización con una integración más estrecha de mercados ha influido de manera decisiva en su evolución. También la indiscutible constatación de que el crecimiento sostenido del estado del bienestar, es imposible. Y por último, la evidente limitación de recursos económicos para garantizar más y más políticas sociales que son ya inasumibles.

El incremento progresivo del peso del Estado en la economía de las naciones se ha convertido mas en un pasivo que en un activo para el libre desarrollo de un modelo económico competitivo. Al amparo del Estado omnipresente la corrupción política y los abusos de particulares en la captación de rentas públicas crecen a la sombra de una escasa transparencia y un ineficiente control.

Los socialdemócratas asisten desconcertados e incrédulos al surgimiento con fuerza del izquierdismo populista producto último de la profundización de la crisis socialista.

 Los numerosos cambios tecnológicos, el gran auge de las redes sociales y la progresiva simplificación de todo mensaje político, redunda a favor de la banalización de la política y de la consiguiente manipulación burda de amplísimos sectores de la opinión pública. Los populistas – de izquierda y de derecha- hallan en este escenario una vía de penetración impensable hace tan solo unos pocos años.

Es difícil que puedan explicar con éxito los fundamentos reales de la grave crisis que el capitalismo ha padecido. A mi juicio, se realizan interpretaciones que nada tienen que ver con la realidad y sí con el deseo de teorizar una crisis a la medida de sus pretendidas respuestas políticas. Por ejemplo, sorprende el consenso generalizado que en estos medios suscita un renacido keynesianismo como fuente de explicación de los problemas que el capitalismo sufre. Modestamente, sostener que el Keynesianismo, puesto al dia, puede ayudar a abordar los problemas a los que debemos hacer frente, me parece una ingenuidad. Más aún, creo que es un grave error político. No es este el camino por el que pueda transitar la nueva socialdemocracia que el sistema parece seguir necesitando. Con este equipaje, el viaje es punto menos que imposible. La mochila para el mismo debe de estar llena de análisis precisos y soluciones actualizadas y audaces que estén a la altura del compromiso exigido por los nuevos tiempos.

El caso español es, particularmente, ilustrativo. El PSOE es hoy víctima perfecta de todo cuanto acabo de describir. Un partido de clase, histórico y necesario en España, zarandeado por una situación política en la que le cuesta influir como solía hacerlo en los últimos treinta años. Podemos quiere convertirse en su sepulturero y los socialistas se debaten desarmados política e ideológicamente ante la despiadada irrupción del izquierdismo.  Podemos resulta favorecido por el devenir objetivo de la crisis económica y por la respuesta de votantes y militantes desencantados. Si el PSOE no combate, Podemos progresa.

 El episodio dramático de la elección del Secretario General del PSOE ahonda esta deriva. Evidencia que si bien las elecciones primarias para la elección de cargos electivos fuera del partido son imprescindibles, su utilización para escoger cargos internos de alto nivel, es más bien un obstáculo que una ventaja. A pesar de que las diferencias de enfoque y programa son casi inexistentes entre los candidatos, la necesidad de subrayar el perfil de cada uno arruina el debate de las ideas. Este hecho no favorece el diálogo imprescindible para construir una organización fuerte.

Siempre he creído que la contribución del socialismo español ha sido fundamental para la consolidación de nuestro sistema democrático. Así sigue siendo. A pesar de que, objetivamente, la socialdemocracia está en apuros en España y en el resto de Europa, su aportación es necesaria.

El futuro progreso del liberalismo político tendrá que ver, sin duda, con un eventual retroceso parcial de la socialdemocracia. Se compite por espacios vecinos. Espero, no obstante, que en la actual contienda los socialistas españoles y europeos acierten a interpretar que el mundo ha cambiado notablemente. Debemos hacer muchas cosas juntos. A buen seguro, el populismo izquierdista detestará esta formulación. Señal evidente de que, probablemente, sea correcta.

Socialdemocracia. La crisis que no cesa. Blogs de Libertad de elegir

 


LIBERTAD DE ELEGIR. “Populismos. Ayer y hoy”. El Confidencial 06.05.17

El crecimiento de viejos y nuevos populismos en todo el planeta es un hecho incontrovertible. Con más o menos fuerza, con mayor o menor capacidad de movilización, siempre con programas extremos, los populistas mantienen una presencia relevante en Europa, EEUU y en Latinoamérica.

Las recientes contiendas electorales dan buena prueba de ello. Alemania, Holanda, Gran Bretaña, diversos países de América del Sur y EEUU son testigos de un ascenso indisimulable. Las elecciones francesas, a las puertas de la segunda vuelta, son otro capítulo del feroz combate que el populismo libra en todos los frentes. Estas luchas se han saldado con victorias y derrotas, pero la tendencia de fondo evidencia una constante progresión de estas fuerzas.

Los clásicos solían argumentar que el populismo era una receta aplicable en tiempos de crisis, para dar respuesta al miedo y a la desesperación de las clases medias y la pequeña burguesía urbana. Efectivamente, así fue durante los años treinta del siglo pasado y así ha sido con, notable, frecuencia en muchos países latinoamericanos. Aquellos analistas afirmaban que el proletariado nunca se sumaría a la bandera populista porqué disponía de fuertes organizaciones políticas que defendían con relativo éxito sus conquistas y reivindicaciones. En los países europeos también los campesinos tenían sus propios partidos que rechazaban, enérgicamente, la dinámica radicalizadora que esas corrientes políticas propiciaban.

Hoy el populismo abarca, más allá de la clase media, sectores muy importantes de los trabajadores que disponen de un balance francamente negativo de la experiencia de sus propios partidos de clase.

EEUU con Trump, Gran Bretaña con el Bréxit, Holanda con Wilders, Alemania con AfD, Francia con Le Pen, Maduro en Venezuela y Evo Morales en Bolivia, son un claro exponente de líderes y partidos transversales que apelan al conjunto de los ciudadanos, por encima de su pertenencia a una clase social. Llevamos años comprobándolo pero las campañas electorales del Presidente Trump y la candidata Le Pen son un buen ejemplo de cuanto digo.

Ciudadanos golpeados por la crisis, desconcertados ante las prácticas y resultados de la política convencional y desesperados por un horizonte lleno de incertidumbre, optan por superar la tradicional distinción entre izquierdas y derechas. La angustiosa precariedad, casi crónica, del mercado de trabajo y una avalancha imparable de información sesgada y, con demasiada frecuencia, contradictoria, posibilitan que los electores de la segunda década del siglo XXI vuelvan, hastiados y confundidos, los ojos hacia el fenómeno populista. La simplicidad de la respuesta ensayada por sus principales dirigentes, el esquematismo de las soluciones apuntadas y la imposibilidad material de contrastar sus propuestas programáticas convierten a una parte importante de la población en víctima de una estrategia antisistema e insumisa.

Resulta enormemente difícil contraponerse a esta agitada marea. Pero, o se está dispuesto a nadar contracorriente, o sospecho que la suerte puede estar echada. Si no es hoy, será mañana.

España es un caso particular. No hay populismo de derechas. Podemos y buena parte de lo que representa Catalunya Si que es Pot- no toda- es una muestra del tipo de populismo izquierdista que ha prosperado, recientemente, en nuestro país. Incluso, el lenguaje está, profundamente, contaminado. Se sostiene, como lo hacen muchos líderes políticos convencionales, que en España se debe librar una dura batalla contra el populismo de izquierdas y de derechas. Esta afirmación en sí misma es populista. Se desfigura el escenario, se desvirtúa el adversario, se yerra la estrategia y la táctica. Esta es una de las razones por las que el movimiento en el que se ha desarrollado Podemos, progresa, aunque con altibajos, en la política española. Nadie sale decidido a su paso. La contemporización parece una receta adecuada. Grave error.

¿Cómo combatir esta tendencia imparable, aparentemente? No hay otro camino que la firme defensa del pluralismo y las conductas democráticas. No hay atajos. Esta confrontación no debería postergarse. Con las proclamas bienintencionadas no se llegará muy lejos. Sólo desde la implementación de políticas audaces en los ámbitos económico, social y político se puede perfilar una alternativa que inspire confianza. Frente al simplismo y la demagogia imperantes sólo cabe proponer programas políticos realistas cuya eficiencia pueda ser, claramente, verificada por el electorado. El resto es, incomprensiblemente, una actitud piadosa.

También el derecho a la información queda profundamente menoscabado y deteriorado por el brutal auge del populismo. El alud imparable de falsedades, calumnias, descalificaciones y medias verdades, que cuenta en España con destacados voceros sepulta la información, el conocimiento y el discernimiento de la opinión pública. El resultado es catastrófico. La política correcta y la información fundamentada, transparente y veraz, son la única vía para detener la peligrosa desmembración de la sociedad y frenar su pesimista deriva.

Políticos, periodistas, analistas, educadores y creadores de opinión deben ayudar a que el conjunto de ciudadanos entienda que la sociedad está de nuevo en grave peligro. Este debe y puede ser conjurado. Las actitudes blandas, temerosas, complacientes e interesadas de muchos son la lacerante comprobación de la profunda implantación del fenómeno populista en las sociedades de nuestros días.

Gobierno de Donald Trump- Populismos. Ayer y hoy. Blogs de Libertad de elegir


LIBERTAD DE ELEGIR ” Un catalanismo no soberanista”. El Confidencial. 22.04.17

En el contexto político que vive Catalunya, descrito ampliamente, en artículos anteriores para El Confidencial, el Govern catalán y las fuerzas independentistas poseen un escaso margen de maniobra para continuar con su hoja de ruta. Paradójicamente, tampoco lo tienen para renunciar a la independencia. Teniendo clara la percepción de que la política del Gobierno español pone en una situación límite al Govern, el President Puigdemont tratará de convocar el referéndum. Más aún, en la última semana ha intensificado las reuniones y los acuerdos para cerrar filas. Se trata de disipar cualquier duda a la hora de actuar y demostrar que no hay discrepancias en el seno de los separatistas. Las hay, pero no se formulan, explícitamente.

El Vice-President Junqueras ha ido más lejos. Ha asegurado que en el caso de que el Gobierno español impida el referéndum, la Declaración Unilateral de Independencia podría ser la solución que desbloquee la actual situación. Esta posibilidad, ha recordado, forma parte del programa electoral de Junts pel Sí.

Aunque se cree en general que ante el abismo, los hombres suelen frenar, no siempre es así. A pesar de las dificultades que el cumplimiento de la mencionada hoja de ruta conlleva y las graves consecuencias que puede tener para la ciudadanía, si prestamos la debida atención a las declaraciones de los dirigentes independentistas, el referéndum se convocará, se celebrará y se ganará. Están en su derecho de pensarlo.

Es verdad,  que en privado dicen cosas diferentes, pero creo en la responsabilidad de los políticos de Catalunya y me guio por lo que dicen y hacen públicamente. He señalado, con un punto de reiteración, que la única alternativa para hacer frente a la delicada encrucijada sería una convocatoria anticipada de elecciones. Y puede hacerse, consensuadamente, entre todas las fuerzas políticas catalanas para posibilitar una nueva evaluación del estado de la cuestión. Se trata, una vez más, de que los ciudadanos decidan. No hace falta insistir en la idoneidad de este planteamiento.

¿Qué tipo de partido sería necesario para aportar elementos suficientes de racionalidad y compromiso en la hora presente? Pienso, como otros muchos catalanes, que resulta ineludible configurar con determinación un espacio político propio de un catalanismo no soberanista, que responda con inteligencia a los enormes retos de la segunda década del siglo XXI.  Un catalanismo que haya aprendido todas y cada una de las múltiples lecciones que se desprenden del largo Procés. Que, sin dramatismo, apueste por el autogobierno de Catalunya en un evolucionado marco de relaciones con España. Sabiendo que, en función de la actual correlación de fuerzas, ello pasa, obligatoriamente, por la negociación, el diálogo, la obtención y cesión de sólidas contrapartidas. Un nuevo clima para unas viejas aspiraciones.

Creo, sinceramente, que este espacio político responde al anhelo y las expectativas de miles y miles de catalanes que quieren lo mejor para Catalunya y no desean aventuras con finales inciertos. Son muchos los puntos de vista y los matices que configuran hoy la atinada respuesta que queremos dar los catalanes, pero el denominador común debería ser la imprescindible negociación.

Cinco años de enorme tensión política dan para demasiado y, poco a poco, se impone la certeza de que, probablemente, hemos ido muy lejos para llegar a ninguna parte.  Muchos de nuestros conciudadanos creen, que no se puede ni se debe seguir por este camino, y que esta no es la mejor manera de hacer las cosas.

El catalanismo no soberanista tiene un importante papel a jugar en España y en Europa. Respetando y siendo respetado por todos. Catalunya no obtendrá nada positivo ni durable de la mano del enfrentamiento, la bronca, la desobediencia y las declaraciones unilaterales. El fin nunca justifica los medios.

Se objetará que el Gobierno español no lo pone nada fácil. Es verdad.  Se dirá que se han dado escasas oportunidades y que sus actitudes políticas han sido, a menudo, desafortunadas. Es cierto. Pero en política, no hay otro camino que la dura negociación, el diálogo cordial, la aceptación indiscutible de la ley y el compromiso político. Muchos de los dirigentes del independentismo catalán parecen creer que hay otra solución posible: la revolucionaria. Desgraciadamente, se sienten tentados de llevarla a cabo.  El hipotético desenlace de una orientación revolucionaria, antisistema y anticapitalista llevaría a los catalanes a un estruendoso fracaso. Se ha andado parte del camino de la mano de la CUP y debe ser desandado.

Todos los argumentos deben ser escuchados y todos merecen respeto, pero sospecho que una amplia mayoría del pueblo catalán no desea un estado propio a cualquier precio. Es imprescindible alumbrar un catalanismo no soberanista que consiga una intensa autonomía para Catalunya y encabece un gobierno que se dedique a gobernar, dia a dia, con la vocación de encontrar puntos de acuerdo, más allá de la inacabable controversia política.

Esta es la tradición política del mejor catalanismo. Es una manera de entender el país y desarrollar su relación con el resto de ciudadanos de España. El catalanismo que pone en el centro de su visión y acción políticas la creciente prosperidad de los catalanes e impulsa las medidas que garantizan la libertad y el orden. Hay otras alternativas, pero, personalmente, no me convencen y me temo que, colectivamente, abren una vía por la que no quisiera que mis conciudadanos se viesen obligados a transitar.

Independencia de Cataluña- Un catalanis…beranista. Blogs de Libertad de elegir


Punt de Partida. La Vanguardia 05.04.17

Els divuit mesos previstos en el full de ruta del Govern per a declarar la independència unilateral de Catalunya s’han  acomplert. Excepte la CUP i moderadament, ningú ha pressionat al President Puigdemont i els seus aliats en cap sentit. S’ha imposat  una tensa prudència. Malgrat tot, el temps polític s’esgota. S’atansa indefugible el desenllaç.

No he dubtat mai que en Puigdemont convocarà el referèndum. És home de paraula i ho farà. Crec, tanmateix que no es celebrarà. Sospito, des de fa mesos, que l’actual correlació de forces, Govern-Gobierno, ho farà impossible. Ja es veurà.

La no celebració de la consulta comportarà, més aviat que tard,  la convocatòria anticipada d’eleccions. Quan? Quasi amb tota seguretat aquest mateix any 2017. En quin escenari? Encara no ho sabem. Però l’avançament dels comicis és la darrera sortida política que li resta a Junts pel Sí.  Anirem a una nova comtessa electoral on hauria d’ésser possible, perquè és necessari, que el catalanisme de la segona dècada del segle XXI – que no és independentista –  hi fos present. Seria una pèssima noticia que un espai de centre, avui incomprensiblement abandonat, no trobés un referent sòlid que ajudés a canviar de soca-rel l’actual estat de coses a Catalunya i la perillosa deriva que s’albira.

Penso en un tipus de catalanisme liberal i humanista que, apostant per la llibertat i  l’ordre, impulsi noves majories parlamentaries que governin al servei de tots els ciutadans. Es tracta de dedicar el millor de les nostres forces i capacitats a ocupar-nos amb rigor de la gestió pública.  Una força política que, conscient del transcendental moment que viu el país, tracti de superar positivament l’orfandat que sent una part important de l’electorat, desconcertada per la dramàtica evolució de la situació en aquests darrers anys. Tot sabent, que res tornarà a ésser com abans i mirant la nova realitat cara a cara.

Una nova formació que aposti per un exigent autogovern obert a tothom. Liberals, humanistes i europeistes decidits a lliurar un inaplaçable combat polític contra l’esquerranització i l’antisistema rampants que acabaran per arruïnar Catalunya.  Ara bé,  aquest nou partit que ha de néixer,  no té comptes polítics pendents amb ningú,  ni adversaris que no hagi de respectar seriosament.

Hem d’haver après les lliçons polítiques que el Procés ens ha ensenyat a bastament. Ens convindria no caure de nou  en l’actitud, un punt immadura, de creure que tot allò que volem no només és imprescindible, i a més, sempre és possible. Hauríem d’acceptar que en política es progressa des de bases sòlides amb majories molt qualificades. Construir junts vol dir saber, que negociar en condicions amb un Estat que no dona, ni donarà facilitats, exigeix determinació, intel·ligència i una constància imbatibles.  Saber que la partida que juguem és de més llarg recorregut. Vet ací on rau l’autèntica legitimitat.

Quan pensem en un nou partit, proposem una innovadora estructura organitzativa transparent i moderna, que, alhora, protagonitzi una resposta ferma amb la voluntat de dialogar i acordar malgrat les conegudes dificultats de fer-ho. No conec cap altre camí si es vol respectar la llei i avançar democràticament. Està demostrat que les dreceres no serveixen. Cal l’esforç de dones i homes  compromesos, implicats, convençuts que només la lluita intel·ligent i pacient paga. En aquesta orientació, els joves han d’estar en la primera fila d’aquest designi amb l’entusiasme entregat,  renovador i refrescant que els caracteritza.

Serà l’hora de tots aquells votants que desitgin un país nou i vell alhora,  maldin per conservar i enfortir les nostres millors tradicions polítiques i respectar els nostres principis.  Lluitant desacomplexadament per l’esforç, el mèrit, el compromís, la convivència i la cordialitat imprescindibles per a que el país progressi i la prosperitat,  reduint les desigualtats, arribi a tothom.

Caldrà el suport de milers de catalans que pensaven fins no fa massa que la independència resolia bona part dels nostres problemes i  que ara accepten, molt decebuts,  que han d’ajustar de nou la mirada i fer de la política amb majúscules,  l’autèntica eina de transformació del nostre país.

Hem de respondre dels antics somnis amb realisme i eficiència. Podem donar una passa endavant aprenent del que hem viscut tan intensament. I ho podem fer esperançats, sense vençuts, ni rendits  i sense rancúnia. Encara hi som a temps. Volem caminar junts i es pot fer, construint un país confiat i amb oportunitats per a tots.

Per a molts de nosaltres, catalanistes provats,  és un punt de partida cap a un present més promissori pels catalans. Son, en definitiva, els qui tenen la darrera paraula.

Punt partida. La Vanguardia


LIBERTAD DE ELEGIR ” Pasar página”. El Confidencial. 01.04.2017

Implacablemente, los plazos se cumplen. El tiempo se acaba. Han transcurrido ya los dieciocho meses previstos en la hoja de ruta del Govern para proclamar, unilateralmente, la independencia. Por supuesto, nadie –excepto la CUP- ha levantado la voz. Tampoco nadie  ha formulado preguntas incómodas. Este es el estado de ánimo: del entusiasmo de una apretada mayoría parlamentaria independentista a la incertidumbre y desconfianza crecientes.

Esta semana hemos conocido la última encuesta del Centro de Estudios de Opinión (CEO) –institución que depende del Govern de la Generalitat. Hemos sabido que el secesionismo ha retrocedido cuatro puntos y el número de diputados de Junts pel Sí sumados a los de  CUP, probablemente, estará por debajo de la mayoría absoluta de escaños. Así sería,  si las elecciones se convocaran en las próximas semanas. A mi juicio,  esta tendencia se acentuará a medida que transcurran los días.

He comentado, reiteradamente, cómo la lógica de las elecciones acabará imponiéndose como sustitutiva del referéndum, quizás convocado, pero no celebrado. El callejón sin salida de la apuesta separatista  tiene un horizonte insalvable: la más que probable convocatoria de elecciones. Sostengo que miles de electores en Catalunya buscan ahora mismo una referencia política de moderación y equilibrio para poder votarla. Los datos de la encuesta arriba mencionada reafirman solidamente esta percepción.

Es verdad que el contexto en el que se celebrarán los próximos comicios será de notable tensión. Desconocemos el alcance y la intensidad de las movilizaciones que el President Puigdemont y su Gobierno esperan que se produzcan. Es cierto, no obstante, que ante las inhabilitaciones al President Mas, la Vice-Presidenta Ortega y la Consellera Rigau, la respuesta popular no se ha materializado en absoluto. ¿Descarto futuras manifestaciones con una elevada participación de la ciudadania? Aún no. Pero, posiblemente, éstas no se producirán; a no ser que el Gobierno de España cometa algún error grave e irremediable.

Aún así, el debate se realizará con un contenido, explícitamente, plebiscitario. Volveremos a un manoseado planteamiento de independencia – antindependencia. Prácticamente, todos los actores políticos desean este escenario. No hace falta que diga,  que no comparto esta perversa aspiración de unos y otros. Me niego a aceptar la siniestra tesis de que cuanto peor,  mejor. No es eso lo que conviene a los ciudadanos de Catalunya. Creo, sin embargo,  que hay un camino que sí responde a las inquietudes de un electorado muy amplio, que aún se expresa, timidamente, pero que puede jugar un papel decisivo en los próximos meses.

¿A qué parámetros responden estos votantes? Tienen claro que conviene situar a Catalunya en el post-procés, de una vez por todas.  Asumen que hay que gobernar, y que debe hacerse desde la perspectiva de políticas liberales, humanistas, de cambio y modernización. Y al tiempo, aspiran a dar una respuesta a la preocupante izquierdización que padece el país. Catalunya Sí Que Es Pot i la CUP, como actores principales de la izquierda, con perfiles distintos y programas diferenciados, se complementan en muy buena medida.

La contestación generalizada, la desobediencia injustificada y el desorden que padecen los ciudadanos requieren de una respuesta firme y determinada de todos aquellos que saben que el catalanismo político del siglo XXI  representa la mejor y más eficiente tradición de gobierno  del país. Y han decidido que la aventura de la independencia, a cualquier precio, en capitulos sucesivos,   ha de terminar. Este voto debe rezorzarse con el de aquellos catalanes soberanistas que, bienintencionadamente, han apostado –con mayor o menor entusiasmo- por la separación de España,  pero que ahora  reconocen que este camino tiene un fatal recorrido y un pésimo desenlace. Más aún, intuyen que la bandera del independentismo, de espaldas a la actual correlación de fuerzas, es la insiginia de la inevitalbe  y próxima fustración política de cientos de miles de catalanes.

Habrá que ir a las elecciones con la serena convicción de que se puede pasar página y se debe leer y protagonizar otra nueva. Y para hacerlo,  en este complejo y tensionado tiempo político, sólo la moderación del catalanismo y la voluntad para decir bien alto: “así no, así no” puede propiciar un nuevo período. No me parece posible que otra apuesta sirva para encauzar constructivamente las energias del país,  en un momento clave y delicado de nuestro proyecto europeo.

No hay motivo alguno para ceder a la desesperanza. Créanme, ninguno. Sólo la apuesta política desacomplejada e ilusionada por el impulso de lo más preciado de la tradición catalanista servirá para iniciar una brillante etapa del devenir de Catalunya.

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