LIBERTAD DE ELEGIR. ” Choque de trenes. ¿Dónde está escrito?. El Confidencial. 17.09.16

11 de setebre

Por una vez, la valoración del número de asistentes a las cinco manifestaciones y a los distintos actos de la Diada en Catalunya no ha suscitado, como suele ser habitual, un enconado debate.

Aunque la cifra de participantes se ha reducido a algo más de la mitad, y en algunos actos la implicación ha sido muy escasa, la opinión publicada ha sostenido que el número de manifestantes ha vuelto a ser un gran éxito; quedando así demostrada la gran capacidad de movilización del independentismo catalán.

Las dos afirmaciones son ciertas. 800.000 personas son, indudablemente muchas. Y al tiempo, la asistencia a los actos se ha reducido en más de un 40%; un descenso notable. Se requiere, no obstante, que de esto se hable poco. Para que el Procés goce de buena salud, aunque sea, aparentemente, se necesita mantener la imagen de un país, intensamente, movilizado que no afloja en su pulso a las instituciones españolas.

Me parece que la tendencia de los partidarios del Procés en Catalunya, está, claramente, a la baja. La organización misma de manifestaciones en diversos puntos de la geografía catalana ha pretendido, en buena medida, disimular una realidad que en Catalunya todos sospechamos. La fatiga, el desconcierto y un palpable desánimo crecen en el seno del movimiento independentista.

En mi opinión, este movimiento está, fundamentalmente, compuesto por tres arquetipos políticos, claramente, diferenciados.

Un sector importante de ciudadanos fundamenta sus altas expectativas en profundas convicciones separatistas. Cree desde hace tiempo que en Catalunya las cosas irían mejor sin España. Está formado por personas que piensan así, casi desde el inicio de la Transición democrática y por otras muchas que se han sumado, entregadas a esta tesis los últimos años. Los partidos nacionalistas radicalizados han explicado a la ciudadanía, que España les oprime y explota y que hay un mundo próspero y lleno de oportunidades, alejados del estado español. Sorprende hasta cierto punto, la gran cantidad de personas que creen que esto es, exactamente, así y destacan entre sus filas, ciudadanos, crecientemente, radicalizados.

Los acontecimientos llevan a este grupo a sostener que las cosas no sólo han empeorado, sino que lo harán en el futuro de manera muy considerable. La independencia se puede conseguir y ésa debe de ser la tarea esencial – por no decir la única- del Govern y de las instituciones catalanas. Hay que aprovechar la oportunidad que la historia nos brinda.

Un segundo colectivo de independentistas podría ser cualificado de tácticos. Sostiene argumentos parecidos al grupo anterior pero mantiene que la independencia no es, necesariamente, la única salida política. La indignación que ha acumulado el ciudadano medio respecto a muchas cuestiones políticas y sociales acentuadas durante estos últimos años de la crisis, obliga a no dar muestras de división alguna si se quiere conseguir de España aquello que se estima justo.  Ninguna flaqueza. Son tácticos porque aceptarían de buen grado una solución que, aunque compleja, satisficiera a ambas partes. Un buen Pacto Fiscal y el blindaje de las señas de identidad más preciadas del catalanismo político por parte de España, garantizarían el respeto que exigen y que no creen encontrar en sus conciudadanos españoles.

Pueden cambiar de opinión, pero solo lo harán, si hay un movimiento sustancial y audaz por parte de las autoridades españolas.

El tercer grupo es de nuevo cuño. Tiene aspiraciones, procedencias y realidades muy distintas y a menudo, altamente, contradictorias. Necesita un fuerte liderazgo político y constatar que la unidad de la política catalana independentista es la razón de ser del movimiento y que se avanza de manera perceptible. Es un colectivo con un peso y una visión política menos apegada a los principios y convicciones independentistas clásicos. Exigen respuestas, demandan cambios profundos y se sorprenden, de buena fe, de que el camino hacia la independencia esté plagado de tantos obstáculos. Justamente es, en este conglomerado de ciudadanos, donde más se acusa la situación de estancamiento político que vive el Procés y por ende, el país.  Creen saber, cuáles son los nuestros y cuales son los otros, pero vacilan en sostener un largo combate de incierto desenlace por sus ideales recién adquiridos.

Hasta ahora sólo he hablado de los independentistas y no del resto de catalanes que son hoy mayoría. También aquí hay división y es imposible trazar un camino de unidad de acción solvente porqué los intereses de estos ciudadanos son a menudo contrapuestos. Nótese, que no hemos hablado en ningún momento de la natural contraposición entre derechas e izquierdas que existe en el electorado catalán, pero que ante la magna cuestión, resulta tener un papel subordinado….en ocasiones, inexistente.

De todo lo dicho hasta aquí, se infiere cuando menos dos reflexiones que ruego consideren. La primera es que las fuerzas independentistas menguarán en los próximos meses siempre y cuando, no se les de motivos extraordinarios para que se fortalezcan. La tensión creciente entre unos y otros favorece a los unos y a los otros pero perjudica, notablemente, al grueso de catalanes que no apuestan por la separación. Esto obliga a que sea, particularmente, contenido el trato que el independentismo catalán reciba de las instituciones españolas en los próximos meses. Resulta vital.

Todo signo de comprensión y generosidad favorece la concordia. Todo duro enfrentamiento principista alimenta la radicalización. Esta visión debería conocerse y practicarse por parte de aquellos que no desean, ni aquí ni allá, un proceso de ruptura. En los próximos meses, toda prudencia será poca. Sólo el victimismo motivado generará más separatistas. Pienso que es una irresponsabilidad letal que algunos partidos en España consideren que el rechazo indiscriminado hacia Catalunya pueda aportar votos en un proceso electoral interminable. Es más que una irresponsabilidad. Es un error político.

La segunda reflexión tiene que ver con la necesidad de explicar a los catalanes que la independencia no está ni estará por encima de los programas políticos. Aunque merece mi respeto la causa de los radicales catalanes de izquierdas, poco tiene que ver con las aspiraciones profundas de la mayoría del electorado catalán, aunque una parte sustancial se declare hoy independentista.

Sostienen estos el argumento de qué se consiga primero el Estado propio y después hablaremos de política. Sostengo yo que es imposible un Estado propio sin que las fuerzas dirigentes se planteen, seriamente, la naturaleza y el propósito del mismo, los programas que implementaran y el destino que nos aguarda.

Si somos capaces de rebajar la tensión entre las partes y con inteligencia, habilidad y paciencia encontrar un espacio para el debate político y resolver la inquietud y las dudas de muchos ciudadanos, el choque de trenes no es inevitable. Créanme, no lo es.

Puede que a usted lector, estas valoraciones le parezcan razonables y claras pero les aseguro que en Catalunya este debate no se ha desplegado. Sé es independentista o no se es. Pocos son los políticos que insisten en que, siendo esta causa respetable, la búsqueda de prosperidad, los medios por la que se obtiene y las políticas que la amparan son mucho más decisivos que el objetivo nacional en cuestión.  Estos aspectos son los que de verdad resuelven o complican la vida de cada dia de los ciudadanos que desde su esfuerzo contribuyen a hacer prosperar el país.  De eso se trata.

independencia-de-cataluna-choque-de-tr-escrito-blogs-de-libertad-de-elegir


Partido independentista. Militantes no independentistas – Economia Digital. 21.07.16

La refundación de CDC se ha resuelto con la creación de un nuevo partido, el Partit Demòcrata Català.  Por cierto, un nombre – hoy en discusión- que evidencia una escasa sensibilidad hacia los compañeros de Demòcrates de Catalunya. Quizás convenga recordar, que Demòcrates de Catalunya, forma parte de la coalición Junts pel Sí y del Govern de la Generalitat.

No obstante, lo que resulta relevante es el ideario aprobado por los congresistas refundadores. Independencia, República, Estado propio y Declaración unilateral con matices, son los elementos que conforman la nueva orientación estratégica del PDC.

No era éste, exactamente, el plan de Artur Mas. Había insistido, por activa y por pasiva, en la necesidad de crear una formación política de centro soberanista, con la voluntad de diferenciarla, resueltamente, de una, con orientación, exclusivamente, independentista. Se trataba, según Mas, de qué los no independentistas tuvieran, eventualmente, cabida en el nuevo partido.

El Congreso arruinó esta perspectiva y apostó, claramente, sin matización alguna, por una fórmula, netamente, independentista al estilo y semejanza de Esquerra Republicana de Catalunya. Sorprende, el encomiable e inútil  esfuerzo de los convergentes  por poner en marcha un partido que, más bien,  se identifica con otro ya instalado en la vida política catalana con más de 80 años de historia y que conocemos con las siglas de ERC.

Más allá de la perplejidad que esto me causa, me asombran las bienintencionadas declaraciones de Gordó y del Conseller Santi Vila reclamando un partido soberanista dónde quepan los militantes no independentistas. No dudo de su demostrada buena fe, pero el Congreso ha sentenciado, terminantemente, en un sentido contrario.

¿Pueden los no independentistas pertenecer a una formación política que hace de la independencia, la República y el Estado propio su objetivo estratégico? ¿Qué sentido tiene que los compañeros de viaje suban al tren de la independencia hasta la estación término? Mas, Gordó y Vila tenían – no pueden tenerla ya- la expectativa de hacer del soberanismo refundado el objetivo primero del PDC. Este designio político resulta hoy irrelevante por imposible. Así lo ha decidido su Congreso sin dejar lugar a ninguna duda.

Siempre afirmé que la cuestión nacional debía ser uno de los elementos que configuraran el ideario del nuevo partido. Sin embargo, la apuesta fundamental había de residir, a mi juicio, en el eje derecha-izquierda. Esa era y es, la clave determinante del proyecto.  Las batallas decisivas del futuro del país se librarán en ese escenario.

Se trataba de conquistar el espacio de centro, plantando cara al republicanismo de ERC y hacerlo bien pertrechados, política e ideológicamente. Para defender la independencia y la República, Catalunya cuenta con otros actores. Para protegerla del izquierdismo y del populismo de derechas e izquierdas, los electores catalanes tienen hoy, escasas opciones en el centro político catalanista. Creo que ahí, reside buena parte del drama político que padecerá el país.

Lo digo con respeto, consideración y con un punto de melancolía: ¿Qué se le ha perdido a los no independentistas en el PDC? Aventuro la respuesta de sus dirigentes: Nada. Estamos de acuerdo.

http://www.economiadigital.es/es/notices/2016/07/partido-independentista.-militantes-no-independentistas-85221.php


LIBERTAD DE ELEGIR. “Un designio político arriesgado”. El Confidencial. 16.07.16

Convergència ha culminado su refundación. Lo ha hecho en un clima de discreta contestación a algunos de los presupuestos políticos de Artur Mas y del equipo por él dirigido. Nada sustancial. Creo poder decir, que el resultado final del Congreso es positivo respecto a los fines últimos perseguidos y dota el planteamiento político de Partit Demòcrata Català – cualquiera que sea su denominación final- de coherencia y de una discutible armonía.

Más allá del típico lenguaje ambiguo, clásicamente convergente, los militantes y simpatizantes del nuevo partido han preferido ahorrarse los eufemismos y apostar por un proyecto claramente independentista, republicano, de centroizquierda, que tiene en la consecución del Estado propio su principal objetivo.

Aunque puede que les sorprenda, estos principios han venido informando la práctica de CDC durante estos últimos años. La verdad es que desde el Pacto de Estabilidad firmado con ERC el año 2012, la deriva hacia posiciones independentistas ha ido en un sostenido crescendo. La Plataforma electoral de Junts pel Sí es su máxima expresión organizativa.

Este pasado fin de semana, las bases del PDC han decidido que sólo asumiendo, desacomplejadamente, la independencia, pueden tener cabida en el actual mapa político catalán. No hace falta decir que discrepo, absolutamente, de esta visión y que los pésimos resultados electorales y la misma desaparición de CDC la contradicen. No obstante, no es éste el punto de vista sobre el que quiero insistir en este artículo.

En los próximos meses, ERC y el PDC lucharán por el mismo espacio político. Sin duda, las direcciones y los aparatos de ambas formaciones tienen sus propios   intereses y quieren que la dinámica política catalana responda a los mismos. De modo que, republicanos y demócratas, se enzarzarán en una sorda batalla nominal por la hegemonía del centroizquierda nacionalista.

Hoy, ERC, parte con una ventaja considerable. No ha tenido la necesidad de refundar nada. Hereda, íntegramente, la coherencia del independentismo republicano de los últimos 70 años. Con la progresiva moderación de sus aristas más izquierdistas ha ido ganando peso en el espacio político catalán a costa de su adversario principal: CDC.

Los auténticos y genuinos independentistas y republicanos son los dirigentes y militantes de ERC. El PDC parece creer que hay espacio para todos y tiene el legítimo derecho de ocuparlo en detrimento de la otra fuerza nacional de izquierdas. Un designio político compartido para intentar conseguir la mayor parte del escenario político, que en esta etapa, es principal sostén del separatismo.

Estoy convencido de que este conflicto de espurios intereses partidistas menguará con el tiempo. Sostengo, que en un sofisticado panorama de fuerzas políticas como el de Catalunya, los dos partidos tenderán a una progresiva unificación. La extraordinaria ambición de los objetivos marcados – independencia y Estado propio- obligará a todos los nacionalistas del centroizquierda a sellar acuerdos, sistemáticamente.

Comparten hoy gobierno, bajo la formación electoral de Junts pel Sí. Es verdad que, en el seno del mismo laten dos orientaciones, dos propósitos y dos liderazgos, ligeramente, distintos; pero, en el futuro, esas diferencias crecerán en apariencia, al tiempo que disminuirán en esencia.

¿Qué próximos acontecimientos le esperan al Govern català y a la coalición que le da apoyo? Para empezar, la moción de confianza del 27S. La ganará el Govern y lo hará sobre la base de un pacto con la CUP que incluya independencia, leyes de desconexión, presupuesto para el 2017 y referéndum unilateral. Habrá matices públicos y gesticulaciones varias, pero ése será el corazón del acuerdo.

Con este compromiso en la mano, el President Puigdemont y el VicePresident Junqueras alentarán un nuevo envite a Espanya para cumplir con lo pactado en el Parlament y organizar un referéndum vinculante en primavera. Ni que decir tiene, que las sutilezas constitucionales no serán ni contempladas. Abordar el referéndum y, eventualmente, la convocatoria de unas nuevas elecciones exigirá a ERC y el PDC una estrecha unidad de acción. No podrán, ni rechazarla ni menospreciarla.

Las particularidades programáticas y las aspiraciones políticas de cada partido serán postergadas. Si el referéndum se llega a celebrar y el resultado es favorable a las tesis gubernamentales, las elecciones constituyentes están servidas. Es allí, donde reaparecerá la pugna entre unos y otros, y la fuerza del electorado de cada formación marcará el signo del próximo gobierno y su orientación nacional catalana.

He sostenido que, en este contexto, complejo, difícil y bronco, unas nuevas elecciones, no posibilitarán la independencia en Catalunya. Se está aún lejos. Creo saber esto desde hace tiempo. Sin embargo, asistiremos, para sorpresa de muchos, al intento explícito de los independentistas republicanos auténticos de capitanear en los próximos años en Catalunya arriesgadas políticas de Frente Popular.

Está claro que ERC y PDC, son partidos parecidos, con objetivos nacionales idénticos, con programas similares, pero con una tradición política distinta. Se necesitará tiempo para que la confluencia definitiva de ambos partidos finalice con éxito. No obstante, en el contexto postelectoral, ERC siempre será un interlocutor privilegiado ante Catalunya Sí que Es Pot y la CUP. El PDC estará en inferioridad de condiciones y contemplará, con un punto de aturdido asombro, que su reino no es de este mundo.

Me consuela pensar que el partido aún se ha de jugar. Me tranquiliza saber que la ciudadanía catalana tendrá la última palabra. Aliento la modesta expectativa de que entre Espanya y Catalunya la negociación y la voluntad de llegar a acuerdos se imponga, aunque por supuesto no será fácil. ¿Un hombre ingenuo? No. Un realista esperanzado.

Independencia de Cataluña_ Un designio político arriesgado


Congrés: Corol.lari i coda. La Vanguardia- 13.07.16

 

Ha nascut el Partit Demòcrata Català. Caldrà veure quina és la direcció política escollida per la militància del nou partit per a tenir una idea precisa del balanç definitiu de la refundació de CDC.

Per a molts,  l’orientació estratègica que el PDC ha adoptat resulta sorprenent. Independència, República, Declaració unilateral amb matisos i batalla imminent per al nou Estat. Per a mi, no ha estat cap sorpresa.

És veritat, que aquesta no era exactament la pretensió inicial d’Artur Mas, ni del darrer equip de direcció convergent. Desitjaven fórmules més ambigües que permetessin la creació d’un partit d’ampli espectre també en la qüestió nacional.  Recordin que l’aposta per un sobiranisme, diferenciat de l’independentisme, era juntament, amb la transversalitat política del catch all party l’aspiració explícita del grup dirigent que ha enterrat CDC. Sempre he pensat que no ho aconseguirien.

Els militants i simpatitzants de la nova força política han decidit una orientació diferent. Més enllà d’un polèmic nom alternatiu i d’un quadre d’incompatibilitats més extens que el prèviament dissenyat,  la qüestió cabdal ha estat l’objectiu estratègic de la separació d’Espanya i els estris idonis per a aconseguir-ho. S’ha debatut i conclòs que el sobiranisme – en l’etapa actual- és un mer eufemisme de l’independentisme. I francament, també jo crec que, per a bé o per a mal, no són aquests temps per a dissimular.

En efecte, des del Congrés de Reus de l’any 2012 la majoria dels quadres dirigents de CDC han treballat, tenaçment, per arribar a aquest desenllaç. Aquesta ha estat una feina molt notòria de portes en fora però molt intensa de portes endins. Dels 62 diputats del 2010 als 30 del 2015, l’estratègia independentista de CDC  no només ha costat més de 600.000 vots perduts. Ha acabat també amb el partit fundat fa ara més de 40 anys.  D’això se’n diu una missió exitosa.

S’ha preparat  amb cura una nova generació de quadres polítics per a defensar, sense matisos,  un independentisme que té poc a veure amb la tradició política de la Convergència de tots aquests anys.  Excuso dir que la classe política espanyola ha estat determinant per a fer madurar un rebuig creixent de la societat catalana en el seu conjunt.

En quant a l’orientació emprada, res a objectar.  Alguns vàrem fracassar a l’hora d’intentar evitar-ho. Hom creu,  però, que en aquesta dura batalla s’ha perdut una part molt substantiva de dirigents i militants forjats i provats de CDC i s’ha prescindit, resignadament, sense cap autocrítica, de molt més de la meitat del seu suport electoral. També és veritat que altres factors han influït, decisivament. Ningú nega, que els casos Pujol i Palau han afectat negativament aquesta darrera etapa de l’existència del partit.

El PDC  no s’explica tampoc sense analitzar les  lliçons viscudes a Catalunya durant el període 2012-2016. N’he parlat sovint. No insistiré. Voldria remarcar  una vegada més, que l’anomenat Procés nacional ha empès el centrisme català cap a l’esquerra i en el cas de Convergència ho ha fet irreversiblement. El Partit Demòcrata Català és l’hereu d’aquesta etapa política.

Davant aquest nou escenari, tenim l’obligació de preguntar-nos quin paper pot jugar una formació d’aquestes característiques. Durant aquests últims anys, CDC  ha anat possibilitant, sense desitjar-ho, la creixent hegemonia d’ERC. Gràcies, entre d’altres coses, a la subordinació  poc meditada de les polítiques centristes a les necessitats estratègiques dels republicans. I aquests ho han aprofitat.

Maldo per a trobar diferencies de grau significatives entre ERC i el Partit Demòcrata Català, a banda de l’aspiració a ocupar un espai central en la política catalana. Un objectiu també perseguit pel gruix del partit republicà autèntic.  No cal dir  que el PDC té tota la legitimitat i el dret d’intentar-ho.

Sospito però, que aquest no és exactament el carril central de la política catalana com repeteixen una i altra vegada, els portaveus de l’extinta Convergència.  Si ho fos, el país estaria en camí de perdre totes les referencies que defineixen la centralitat política. No discutirem aquí de benintencionades aspiracions, jutjarem els fets que acostumen a esser ben tossuts.

El Congrés té un corol·lari evident. El Partit Demòcrata Català neix ancorat en els plantejaments representatius de l’esquerra moderada independentista. A banda del full de ruta cap a l’Estat propi sense subterfugis, la confluència política i organitzativa entre ERC i el PDC anirà en augment. La disputa,  molt dura,  serà, bàsicament  pel  lideratge i per la usufructuació del poder.  Dos equips de dirigents amb passat polític diferent batallant asprament per l’hegemonia del mateix espai electoral. Un vell conflicte en un escenari relativament nou.

No és la meva intenció desqualificar, amb una certa malenconia,  la funció del nou partit.  Escric això amb un punt de tristesa perquè copso l’orfandat política a la que es veu abocada una part molt important de l’electorat català que ha protagonitzat una etapa reeixida de llibertat, prosperitat, creixement i estabilitat.

Puc estar equivocat, es clar. Penso, tanmateix, que hi ha moltes catalanes i catalans, catalanistes de centre que no es senten independentistes, que no s’ identifiquen amb les polítiques d’esquerres  i que no creuen que el republicanisme hagi d’estar, avui, en el bell mig de les preocupacions que interessen a tothom i el país necessita resoldre.  Ja es veurà.

Aquest article té una modesta coda personal. Ha arribat l’hora de dir adéu a més de vint-i-tres anys de militància catalanista en el si de CDC. Ha estat un honor i un plaer formar-hi part com a militant, com a diputat  i com a membre de la direcció del partit. Malgrat les discrepàncies d’aquests últims temps, només tinc paraules d’admiració, respecte i agraïment per l’època viscuda. Tot i els errors comesos i assumint la part que em pertoca, vull deixar constància que he treballat al costat de gent magnífica que ha fet de la seva estimació a Catalunya la principal raó d’ésser. Vull donar, sincerament, les gràcies a tots.

De ben segur,  ara és el moment,  amb el cap fred, l’esperit inquiet i la voluntat creativa de servei, de pensar en noves coses pel país. Ens cal un impuls polític qualitativament diferent- combatiu gosaria a dir- per a treballar per una Catalunya forta i amb seny.

Congres. Corolari i coda. 13.07


LIBERTAD DE ELEGIR. “De Cabeza al río”. El Confidencial. 02.07.16

El desenlace de las elecciones en Catalunya ha configurado un escenario muy parecido al de la anterior consulta del 20D. Sólo un diputado se ha desplazado del PSC al PP. Es una muestra local de una tendencia más generalizada en Espanya. En Catalunya, no obstante, se da una situación política, con un acusado perfil propio. De hecho, admitido con un punto de sorpresa, sólo ERC y el PP han mejorado, levemente, sus resultados y la adscripción de diputados, prácticamente, no ha variado.

Estas nuevas elecciones confirman una tendencia apuntada ya en las anteriores: se constata el desplazamiento hacia la izquierda y se mantienen las posiciones independentistas.

En las inmediatas valoraciones post-electorales, los dirigentes de CDC respiraban, manifiestamente, aliviados. Se había revertido la negra expectativa que las encuestas electorales auguraban de una importante pérdida de diputados. La satisfacción contenida no puede, no obstante, ocultar el resultado real de los comicios para el nacionalismo convergente catalán.

CDC ha perdido en estas últimas elecciones 85.414 votos a sumar a los 448.438 perdidos en el 2015. ERC se ha impuesto en más 470 municipios catalanes, dos cientos más que CDC. Pasa a ser la quinta fuerza política en la ciudad de Barcelona con 102.912 votos por debajo del PP y no ha ganado en ninguna de las cuatro demarcaciones territoriales. En el Senado, ha perdido cuatro senadores en beneficio de ERC y ha quedado sin representación en Girona y Lleida.

Valorado el batacazo electoral, me preguntaba porque Homs y los Presidentes Puigdemont y Mas se mostraban satisfechos. La respuesta es que los 8 diputados – los mismos que en el 2015 – permiten enmascarar la auténtica realidad: el acelerado declinar de la opción política que dirigen. Al mismo tiempo, esa lectura interesada ayuda a CDC a afrontar su congreso de refundación con menos ansiedad y dramatismo. Puede que a muchos militantes se les escape el exacto alcance de los resultados electorales, y les aseguro que serán leídos en el congreso de un modo, más bien favorable

La refundación de CDC se celebrará en los términos previstos y su balance, a corto plazo, será razonablemente, positivo. No se va a producir, a mi juicio, ningún cambio ni político ni programático de envergadura. La independencia de Catalunya seguirá siendo el objetivo principal. El nuevo partido será liderado por dirigentes que han tenido responsabilidades políticas decisivas hasta la fecha. Cambiará la piel, pero la estrategia, el programa y la táctica no experimentarán un giro significativo.

El legado de CDC de estos últimos cuatro años será recogido y proyectado bajo el espíritu de un soberanismo que, ni en la forma ni en el fondo, se diferencia del independentismo que Convergencia ha practicado en esta última etapa.  Ni que decir tiene, que, ésta es una aspiración legítima, pero entiendo que no se compadece de una lectura atenta de las graves lecciones de este último período y que explican, en buena medida, los adversos resultados electorales de estas dos últimas contiendas.

El Procés volverá, inmediatamente, a centrar la principal atención del Govern. La razón de ser del gobierno de coalición. Llegado el 27S, se salvará la moción de confianza con un acuerdo parcial, pero suficiente, entre Junts pel Sí y la CUP para que el President Puigdemont pueda continuar gobernando. El gobierno seguirá, pero la CUP condicionará su labor parlamentaria aunque esté dispuesta a hablar del presupuesto y de alguna medida política y económica para salvar la cara a la XI legislatura. La cuestión determinante es que en 18 meses ésta tiene que acabar porqué es el compromiso explícito de Junts pel Sí y la CUP. Hay pues que aguantar hasta entonces. ¿Cómo?

Es estos últimos comicios, ERC ha consolidado un poco más su liderazgo político en el espacio del centro-izquierda catalán, producto de un conjunto de decisiones, en mi opinión, erróneas de la dirección de CDC. Parte de su electorado ha recalado, en el proyecto más, abiertamente, independentista de ERC y otra parte del mismo, se ha desplazado hacia Ciutadans, PP y la abstención. Difícilmente, esta situación será reversible a corto plazo. Al contrario. Cabe esperar un crecimiento sostenido de Junqueras y los suyos que, seguirán reclamándose de la hoja de ruta pactada en Junts pel Sí y que apuesta por conseguir la separación de Catalunya. Su aparente firmeza convence a los votantes más radicalizados de CDC.

El margen de maniobra del President Puigdemont deviene escaso y la capacidad de reacción del partido refundado será más bien pequeña. Los meses que seguirán a la moción de confianza del 27S tendrán un sesgo muy parecido al que hemos vivido durante este primer período de sesiones. Cabe recordar que durante esta etapa no se ha aprobado ni una sola ley y el Govern ha perdido 55 votaciones. Nada cambiará. Solo que el tiempo para elaborar y aprobar las leyes para la desconexión de Espanya se va agotando y los trabajos para la redacción de la Constitución catalana no me consta que hayan comenzado.

¿Cuándo serán las nuevas elecciones constituyentes?  Sostengo que, más allá de la voluntad de unos y otros, se celebraran cuando a ERC le interese y le convendrá cuando CDC sea más débil. Entonces y sólo entonces, se romperá, sin estridencias, el pacto de Govern de Junts pel Sí y las elecciones serán convocadas, independientemente, de la evolución de la hoja de ruta hacia la secesión.

Me gustaría equivocarme, pero creo que asistiremos a un triunfo de las opciones de izquierda que sean capaces de aunar radicalidad social y apuesta por la independencia. Sospecho, que será la hora de ERC y de Barcelona en Comú. Se competirá por la victoria electoral en el terreno del centro izquierda y la izquierda catalanista para determinar la hegemonía en el mismo y elegir un President acorde con los resultados electorales.  Difícilmente, la nueva Convergencia podrá ganar las elecciones anticipadas.  Se reconocerá entonces que se ha hecho mucho para que la izquierda nacionalista y la podemita tengan opciones claras de gobierno.

¿Habrá llegado el momento de una variante de Frente Popular? Sospecho que sí. Se rechazará esta nomenclatura claro, pero se recurrirá a una fórmula política que dé respuesta a la clásica aspiración de un frente que inaugure una larga etapa de gobiernos de izquierda donde la CUP no será, precisamente, un convidado de piedra. Las opciones de centro catalanista resultarán inviables por mucho tiempo. Se ha trabajado con diligencia para que, finalmente, ese sea el escenario futuro en Catalunya. ¿Se sorprenden?

http://blogs.elconfidencial.com/espana/libertad-de-elegir/2016-07-02/de-cabeza-al-rio_1226419/


Model contra model. La Vanguardia. 24.06.16

Sovint he explicat que les darreres eleccions a Catalunya i Espanya varen consolidar un notable gir electoral cap a l’esquerra. Podemos a l’Estat i Barcelona En Comú, ERC i la CUP a Catalunya,  han estat els màxims protagonistes. En efecte, des de les europees – 2014-  fins a les darrers eleccions generals, el creixement  esquerranista, malgrat l’ascens de Ciutadans,  s’ha anat refermant amb prou solidesa.

Convergència, Unió Democràtica i, en bona mesura el PP, han estat les principals víctimes polítiques d’aquesta dinàmica. A Catalunya, la letal combinació dels inevitables ajustos pressupostaris dels darrers anys i el full de ruta cap a la independència han esdevingut els elements decisius per a consolidar aquesta tendència.  Sense cap possibilitat d’entesa amb el Govern espanyol ni amb les forces polítiques parlamentàries, l’anomenat Procés ha bastit aliances d’esquerres. En efecte, la candidatura electoral de Junts pel Sí i la posterior investidura del President Puigdemont pactada amb la CUP en són proves ben reeixides.

Aquest escenari polític era impensable fa només quatre anys. Els hi recordo que el President Mas va anticipar unes eleccions – les de la tardor del 2012- amb l’expectativa fundada d’obtenir la majoria absoluta. Aquesta,  es creia possible després de les extraordinàries mobilitzacions de la ciutadania els setembres del 2011 i 2012. Es pensava que la independència podia estar a tocar i que CDC seria el partit hegemònic.

Imperceptiblement, primer,  i amb molt d’enrenou mediàtic després, els pressupòsits polítics dels partits d’esquerres arreu han anat fent forat. Les previsions pel diumenge 26J confirmen quasi, per unanimitat, que aquesta propensió no ha acabat encara. Ni molt menys.

D’aquí un temps explicarem que el full de ruta del Govern de la Generalitat i les constants apel·lacions vers a la independència i l’Estat propi han donat a l’esquerra un paper rellevant, fins aleshores, insospitat. Bé sigui per tal d’aprofundir el Procés-  ERC i la CUP – o bé  per impugnar el sistema des de les posicions de Podemos, Barcelona en Comú i la CUP, el pes de les organitzacions d’esquerra ha crescut, significativament.

De manera legítima, l’electorat català sembla creure que l’esquerra pot fer possible  la reversió de les dites retallades, la lluita contra la corrupció i l’avenç cap a un referèndum pactat o no. Avui amb els comicis a les portes, ERC i Podemos batallen per un espai polític comú apel·lant als votants de la CUP,  per a tenir una majoria suficient per a governar. Avui o demà. Uns i altres però, defensen a Catalunya un model de societat amb gradacions diverses, que a parer meu, s’allunya molt d’aquell defensat amb èxit durant els darrers  30 anys per Convergència i Unió.

He afirmat moltes vegades, que la radicalització que calia per avançar en el full de ruta feia més forts els nacionalistes més extrems i desdibuixava, afeblint-los,  els més moderats.  Alhora Podemos i Barcelona En Comú, aspiraven i aspiren  a ésser un dic de contenció nacional amb l’objectiu explícit de transformar, profundament, el nostre model de societat. Penso, sincerament, que el referèndum només és un objectiu tàctic per implementar aquesta aspiració.

Cal tenir en compte, però,  que entre els nacionalistes independentistes més i menys radicals hi ha una entesa explícita: portar el nou Estat a Catalunya i després parlar de la seva orientació ideològica. Dit d’una altra manera. Primer, la independència, després l’Estat propi i, tot seguit, ja es parlarà de quin model de societat convé, o es pot  defensar. Aquestes són les seves prioritats.

Des de fa molt de temps crec, que la renuncia a la batalla política i ideològica ens farà pagar un preu molt alt. De fet, fa temps que hem començat a pagar-lo. Ho vàrem comprovar amb la fallida de la investidura del President Mas. Ho hem vist amb la manifesta inoperància del Parlament de Catalunya que no ha aprovat cap llei durant aquest període de sessions. Ho hem constatat davant la impossibilitat de poder tirar endavant la tramitació dels Pressupostos.  Ara encararem una moció de confiança pel 27S i els retrets son,  dels uns i dels altres,   si es posa,  o no,  en risc el Procés i qui en té la culpa.

És possible que el full de ruta estigui, objectivament, en hores baixes. La correlació de forces ha anat variant, negativament, pel interessos dels defensors del Procés. Penso, però, que el que està en risc és quelcom més essencial: és el  model de societat que ha fet prosperar a Catalunya durant tots aquests anys. Sembla que pocs volem parlar de tot això i en canvi, aquesta és la qüestió crucial. És l’element decisiu. L’exigència política d’aquest moment històric és comprendre que el combat es lliura al voltant del model defensat per cadascú. Model contra model.

Davant la retòrica esquerranista, clarament,  imperant avui,  no n’hi ha prou amb el discurs resignat de la retòrica democratista. Només la defensa dels valors d’una societat lliure, responsable, creativa, innovadora i compromesa pot aturar la complicada i perillosa situació en el que catalanes i catalans ens trobem. Aturar aquesta deriva no és només responsabilitat dels polítics. És l’obligació de tots aquells que creiem que, malgrat que tota opció democràtica és legítima, no totes són vàlides per a defensar una societat lliure,  pròspera i justa. Vet ací la qüestió de les qüestions.

Model contra model. 24.06.16


ENTREVISTA EL PUNT AVUI- Convergència hauria d’haver après la lliçó. 22 de juny de 2016

“Suárez ha estat maltractat, només reconeixem la gent quan ja és morta”

” El millor parlamentari que he conegut es diu Felipe González”

” La mala percepció sobre Catalunya va començar quan el PP va engegar la maquinària per fer fora els socialistes”

“L’enfocament ha estat molt vehement, però s’ha parlat poc del model”

MAIG 1988 - PPCC - CDS - ANTONI FERNANDEZ TEIXIDO, ADOLFO SUAREZ - MIQUEL ANGLARILL AVUI¶P22/9/1991

http://www.elpuntavui.cat/politica/article/-/979156-convergencia-hauria-d-haver-apres-la-llico.html?tmpl=print