LIBERTAD DE ELEGIR. Elecciones en Cataluña. El Confidencial. 22/07/2017

Elecciones_en_CataluñaA pesar de la convocatoria formal del referéndum para el día 1 de octubre, septiembre será el mes decisivo. Con escaso margen de maniobra, ambos gobiernos se han emplazado para celebrar o evitar la consulta. No obstante, el Ejecutivo de Puigdemont, fía definitivamente su suerte a la aprobación de la Ley del Referéndum. Esta, probablemente, será aprobada en el Parlament catalán la primera semana de septiembre. Se pretende, lisa y llanamente, instaurar una nueva legalidad en Cataluña, que permita afrontar el 1 de octubre en un marco político constitucional alternativo. Estrategia contra estrategia. Legalidad contra legalidad. Ahí se libra la batalla esencial. El gobierno español tratará de impedir por todos los medios, los pasos que dé el gobierno catalán hacia el referéndum. Éste, tratará de sortear todos los obstáculos. Para unos, se trata de contar los participantes. Para los otros, de evitar el recuento.

Preveo, un desenlace político agitado, convulso y controvertido. Con seguridad, se producirán lecturas contradictorias. Pero sospecho que, no habrá un vencedor único e indiscutido. La correlación de fuerzas se desplazará. Pero no podemos saber aún, en qué dirección. Dependerá del éxito o fracaso de la movilización popular, que tratará de capitalizar Puigdemont y su Govern. Nada está escrito, pero los independentistas confían en una respuesta ciudadana, sin precedentes, a las maniobras inevitables que el gobierno español, se verá obligado a realizar contra el independentismo catalán. Se verá.

A mi juicio, sólo hay una alternativa en el horizonte. La que permita dirimir con fundamento la orientación de futuro de la política catalana. De ello se encargarán las elecciones. Éstas llegarán y sentenciarán el actual estado de cosas. Dos preguntas acompañan este escenario. La primera, ¿quién puede llegar a convocar las elecciones?, y la segunda, ¿cuándo pueden ser celebradas? La respuesta a ambas preguntas depende del balance final del Procés. Si la movilización popular es amplia y consistente, más temprano que tarde, Puigdemont convocará las elecciones. Si la movilización es pobre, la respuesta deviene más compleja.

No ha de descartarse, no obstante, que si los independentistas ganan el pleito en la calle, el gobierno español decida medidas que, aunque proporcionadas, anulen la capacidad de maniobra del president Puigdemont.

Será la desobediencia generalizada, aquélla que posibilitará que el presidente catalán convoque las elecciones, aprovechando el estado de ánimo optimista que puede prevalecer en muchas ciudades de Cataluña. No está claro, sin embargo, que los intereses de republicanos y del PDeCAT coincidan. Con toda seguridad, no lo harán, pero para Puigdemont ,“las leyes de la historia”, son más fuertes que los designios de los aparatos de los partidos. Probablemente, al PDeCAT, no le interesará la convocatoria en modo alguno, y el vicepresident Junqueras, puede desear desgastar a los independentistas del PDeCAT hasta el final; pero me temo que el President, optará por lo que él cree que conviene a su estrategia separatista. Dicho de otro modo, la guerra seguirá por otras vías y, aunque Rajoy puede intentar rebajar la tensión política en función de su cálculo electoral, a Puigdemont le interesará todo lo contrario. En esto, como en tantas otras cosas, los objetivos son antitéticos. La batalla pasará a librarse en términos electorales. Llegados a este punto, convendría evitar que las elecciones se celebren en clave plebiscitaria, pero será imposible. Los independentistas se encargarán de ello. Es impensable que se vote en una perspectiva que supere el conflicto nacional. El electorado responderá a esta pulsión con nulo margen de maniobra. Hay que desterrar toda ilusión en este sentido.

Resultará decisivo comprobar la evolución del voto. Y en particular, la fuerza del bloque independentista. Todo resultado por debajo de los 72 diputados evidenciará un reflujo de la fuerza separatista. Cualquier resultado por encima de este número de diputados, certificará que el independentismo goza de buena salud. Calibrar este sesgo, es esencial para el ajuste de cuentas, al que unos y otros, se someterán en el marco de un final poco menos que traumático, del Procés.

Devendrá cuestión esencial la eventual formación de gobierno. En mi opinión, sólo hay dos alternativas –cuando menos en el momento presente. Una mayoría que estructure un gobierno de frente popular, o una mayoría alternativa que responda a un gobierno de centro izquierda, con las pretensiones independentistas substancialmente rebajadas. Suponer otros marcos operativos responde a la buena fe, pero no a una evaluación ajustada de la situación en Cataluña. Por ello, creo que toda estrategia política hoy debe ir más allá de la impugnación política del referéndum en su actual formulación. Debe estar enfocada a la resolución de este problema principal.

Sucederán hechos graves en el mes de septiembre. En caso alguno, se celebrará un referéndum con las garantías legales suficientes, para que sea considerado como tal. La movilización popular marcará el desenlace de esta situación. Pero en cualquier caso, las elecciones y sus resultados, serán decisivos para Cataluña. No tener en cuenta este último escenario es un error político, producto de la miopía, que impide ver con claridad el momento decisivo en el que nos encontramos. Para bien o para mal, después de la celebración de los comicios, se verá con claridad cuál es el camino a seguir por los ciudadanos de España y Cataluña. Desconocemos, ahora, el grado de desolación del paisaje en el que estas decisiones serán tomadas.

https://blogs.elconfidencial.com/espana/libertad-de-elegir/2017-07-22/elecciones-cataluna_1419103/

 


LIBERTAD DE ELEGIR. Sin ases en la manga. El Confidencial. 08.07.2017

SinAsesenlamangaEl presidente Puigdemont sigue imperturbable la hoja de ruta del independentismo catalán. No representa para mí sorpresa alguna. Le conozco desde hace muchos años y sé el designio principal de su dilatado compromiso político: la independencia de Catalunya.

El pasado martes presentó públicamente la proposición de Ley del Referéndum de Autodeterminación. Una nueva cita enmarcada en la habitual solemnidad y efectismo para que propios y extraños comprendan y acepten que el 1 de octubre se votará en referéndum. No se trata aquí de descubrir las lagunas de la Ley y el carácter presumiblemente anticonstitucional de la misma. Se ha hecho hasta la saciedad. Se trata más bien de afirmar que las múltiples dificultades objetivas no arredrarán ni a Puigdemont ni a su gobierno. No habrá vuelta atrás en la convocatoria. Sólo una oferta de amplia negociación, sin condiciones previas, con el Ejecutivo español podría inclinarle a replantear las cosas. Sospecho que no se producirá.

El cese fulminante del conseller Baiget es una muestra rotunda de cuanto digo. Las dudas, incertidumbres y temores que el Procés desata en sectores del PDeCAT serán tajantemente abortadas. La destitución del conseller de Indústria es un aviso para navegantes. No es, ahora, relevante saber, si algún otro conseller o consellera puede presentar la dimisión en un futuro inmediato. No importa, el President procederá con la misma diligencia para que nadie dude de que su propósito y el de su ejecutivo es celebrar el referéndum. Tanto el gobierno de España como el de Catalunya saben que la cuestión esencial no es tanto la convocatoria propiamente dicha, sino que su celebración permita que se cuenten los síes y los noes. Si finalmente se vota y el resultado se puede evaluar en condiciones de relativa normalidad, el independentismo catalán habrá obtenido una victoria indiscutible. Quizás no habrá ganado la guerra, pero habrá librado con éxito una de las batallas más importantes. Si se llega a contar, independientemente del resto de las presumibles irregularidades, el referéndum se habrá convertido en el elemento más dinámico de la actual situación política en Catalunya. Se entrará en una nueva fase.

Para conseguirlo, el presidente de la Generalitat sorteará todos los obstáculos. Ha demostrado que si ha de gobernar contra sectores de su propio partido, lo hace. Si el PDeCAT se desmorona es un lamentable daño colateral. El cese de Baiget, el previo debate en el ejecutivo, las declaraciones de Marta Pascal y el rosario de réplicas en las filas de los independentistas, evidencian que, en la estrategia presidencial, el partido de Artur Mas no es una pieza esencial. La CUP ha presionado y mucho para forzar al President a actuar en la forma que lo ha hecho. No era estrictamente necesario. Ha decidido solo, sabiendo que los pasos inmediatos requieren de toda su firmeza. Apurará la celebración del referéndum. En función de la respuesta del gobierno español llamará a la movilización total del pueblo de Catalunya y según el alcance de la respuesta pensará que está en condiciones de negociar o no, con el gobierno de Rajoy. No quedan así, ases en la manga. Todo el juego está al descubierto; se trata ahora de comprobar si el envite surte efecto o no. Se ha apostado todo el capital del que dispone el gobierno y las fuerzas independentistas catalanas, con la esperanza de que la correlación de fuerzas, hoy adversa, se desplace a su favor. Seguiremos hablando de incidentes múltiples, políticos y judiciales, en las próximas semanas; sólo una oferta de negociación que pudiera interpretarse como una victoria de las fuerzas independentistas haría cambiar la decisión de Puigdemont. Al llegar a la Presidencia se comprometió a intentar conseguir la independencia de Catalunya y, aunque les sorprenda, no tiene otra aspiración política que ésa.

En mi opinión, el desenlace del Procés tendrá un reflejo electoral muy obvio, en la subsiguiente e inevitable celebración de elecciones anticipadas en Catalunya. Será objeto de un futuro artículo, pero adelanto que Esquerra Republicana será, con seguridad, la formación política que más rentabilizará los episodios vividos y los que nos quedan por vivir. Toda estrategia de presente y futuro debería tener en cuenta este hecho fundamental.

En lo personal, con la declaración del Parlament del 9 de Octubre de 2015, el nacionalismo catalán cruzó definitivamente el Rubicón. Me consta que para muchos nacionalistas independentistas, los acontecimientos de esta semana señalan su propio Rubicón. Hay que entender con serenidad que se está jugando una compleja partida política ahora ya sin cartas de reserva en la baraja. Para el independentismo nacionalista no hay plan B, no hay plan C, no hay escenario alternativo. La encontrada posición del gobierno Rajoy y la dinámica del gobierno Puigdemont precipitan el actual Procés hacia un desenlace en buena medida imprevisible. Muchos catalanistas pensamos, aunque nos duela, que puestas así las cosas, cuanto antes se escriba el capítulo final de este larguísimo y agotador Procés, mejor para los ciudadanos de Catalunya.

 

http://blogs.elconfidencial.com/espana/libertad-de-elegir/2017-07-08/ley-de-referendum-puigdemont-independencia-cataluna_1410993/

 

 


LLiures. En defensa del catalanisme. La Vanguardia. 30.06.17

Fa uns dies, en Francesc Marc Álvaro publicava en aquest diari un article  “Partits per a la desfeta”. Em va cridar l’atenció el seu contingut. Álvaro és un analista fi, ple de matisos i, malgrat que, tot sovint opina com un intel·lectual orgànic dels independentistes catalans, sempre desperta el meu interès.

Ara bé, penso sincerament que, potser, en aquest article,  fa una lectura precipitada i un  punt tòpica dels documents fundacionals de Lliures. Diria que,   fins i tot, ha confós, de bona fe, algunes de les nostres posicions polítiques amb les propostes d’una  plataforma de recent aparició. Se’m permetrà que formuli en positiu les tesis del desacord sense massa referències explícites al seu article. M’hi veig obligat per economia d’espai.

  • Lliures aborda des del minut zero el problema principal que pateix Catalunya, que ha condicionat, sens dubte, el nostre naixement com a partit. Fem una descripció precisa del context actual del Procés i les seves limitacions. Tot destacant que l’estratègia errònia impulsada pel Govern d’Espanya ha fet créixer acceleradament el nombre de nous independentistes catalans. També hem estat clars respecte dels inadequats objectius que el Govern català s’ha plantejat, repetint manta vegades que el camí seguit difícilment ens portarà enlloc. La convocatòria d’un referèndum unilateral, si no és acordada, legal i vinculant no és cap solució per resoldre els nostres problemes.

  • Álvaro oblida que a Lliures defensem amb insistència que el Procés ha implicat una letal esquerranització de la política catalana. Hem explicat  que el PdeCat  i una  part de l’electorat català s’ha desplaçat cap a l’esquerre perquè inevitablement,  avui com ahir,  l’independentisme, si vol tenir èxit, ha d’anar lligat a l’esquerranisme. La història de Catalunya ens parla a bastament.

  • Diu en FMA, que “potser una oferta de reconeixement nacional explícit, un finançament equivalent al concert basc i un blindatge cultural podria reduir la xifra actual de votant independentistes”. Exacte. Aquesta és una tesi principal de Lliures i el debat no és, per a nosaltres,  nominal o d’essències. És l’aposta del catalanisme liberal per un programa polític que sosté que la correlació de forces ens és desfavorable i que políticament prendrem mal. No es tracta de recular pel mateix camí, sinó de seguir endavant per un de diferent.

  • Res més lluny de l’ànim de Lliures que situar-se en un espai de confort , ni col·lectivament, ni personal. Nadar contracorrent i interpel·lar l’establishment espanyol i català és una tasca difícil i compromesa però és en aquesta hora decisiva, obligació primera. Lliures no és un partit per recollir les restes de la desfeta. Volem evitar al catalanisme una presumible derrota de conseqüències doloroses.

  • L’estratègia de Lliures no té res a veure amb l’equidistància. He sostingut públicament, des del principi,  que Lliures  no és part de cap tercera via.  Fixem l’atenció en que una dinàmica fiada a la mobilització i a la inevitable revolta pot comportar una pèssim desenllaç. Ho hem expressat amb la dicotomia reformes o revolta. Aquest missatge ha d’ésser llegit tant en clau espanyola com catalana. És un avís per a navegants. Un home d’ordre com Francesc Marc Álvaro, hauria de poder escriure, si vol,  que la crida a la insubmissió i a la desobediència es sap com comença però s’ignora com acaba.

  • Apel·lem a un electorat que vol riquesa, benestar, cohesió social i ordre. En cap cas l’imaginem com a immutable i estàtic. Ans al contrari. Entenem que la maduresa dels ciutadans de Catalunya té a veure amb la comprensió intuïtiva de la situació del país. No és cert que la majoria de  l’electorat català hagi mutat genèticament. Sospitem que anirà canviant  i els exemples de quebequesos i  bascos en són una bona mostra.

Per últim, de les paraules d’en Francesc Marc Álvaro, es deduiria que els polítics veterans no hauríem d’impulsar partits nous. Semblaria que polítics, periodistes, científics i tota mena de professionals vindrien llastats per la seva experiència a l’hora d’impulsar una nova idea. Aquesta és, a parer meu,  la més tòpica de les afirmacions del nostre amic.

Lliures crida a ciutadans de totes les edats i, en particular, als joves a l’acció política. En concret, a la defensa del catalanisme liberal i humanista; unes idees ara més necessàries que mai per a Catalunya. Ho fem amb la voluntat de retornar a la política l’estatus d’instrument eficaç i honest que mai hauria d’haver perdut.  Apostem per a una nova estructura de partit i un funcionament intern – ben antiburocràtic – que són volgudament diferents a les  habituals dels partits veterans.

Hi haurà molt més a dir. Prou per avui. Tindrem temps de parlar-ne. Demano, es clar,  que aquesta resposta sigui llegida en clau de cordialitat, concòrdia i moderació perquè aquest és el meu tarannà de sempre i el que el nostre articulista  mereix. El to, tanmateix,  no implica cap tipus de  feblesa narrativa ni ideològica.

Lliures. En defensa del Catalanisme


LIBERTAD DE ELEGIR. E pur si muove. El Confidencial 24.06.17

 

A menudo me comentan, cuan sorprendente es la aparente uniformidad del pensamiento y la acción política de los catalanes. Se diría que el grueso de la ciudadanía se manifiesta receptiva a las tesis separatistas y a la celebración de un referéndum de autodeterminación en cualquier circunstancia.  En efecto, esta es una imagen trasladada con éxito a la opinión pública española en su conjunto.  La batalla por el imaginario colectivo y la proyección del mismo ha sido ganada claramente por las formaciones independentistas. Parecería que un discurso lineal con escasos matices, se impone en Catalunya y evidencia la lógica de un amplio deseo de ruptura. No es cierto.

Catalunya es un país plural. Todas las contiendas electorales y, en particular la última, lo demuestran. No obstante, la hegemonía política y la dinámica de movilización corresponden, indiscutiblemente, a los secesionistas. Todo esto se explica porque una parte influyente de la sociedad civil organizada ha jugado un papel decisivo en este menester. ANC, Ómnium y centenares de cargos públicos han apostado y apuestan por la independencia sin reparo alguno. El clima político dominante refuerza la idea de que los ayuntamientos catalanes están en manos de los que preconizan el referéndum y, en buena medida, de aquellos que quieren romper con España.

Es una lectura correcta. Preocupante, pero cierta. Diputados, alcaldes, concejales y responsables públicos de toda índole apoyan una dinámica de oposición al Estado español que se ha convertido en mayoritaria en las instituciones catalanas. Revertir este proceso es una tarea extraordinariamente compleja. Y si se consigue, llevará mucho tiempo.

¿Qué sucede entonces con aquellos catalanes que no se manifiestan favorables o, incondicionalmente, afectos al Procés? La aceptación resignada de la extrema dificultad de nadar contra corriente ha hecho hueco en la sociedad catalana. Alzar la voz en el actual estado de cosas no es fácil y, a menudo, poco recomendable. Todo ello no sólo tiene que ver con el debate nacional. Guarda también relación con el progresivo desplazamiento de las políticas gubernamentales hacía la izquierda. El Procés ha comportado una radicalización de los presupuestos ideológicos izquierdistas de la mayoría de los partidos y, para sorpresa de muchos, de algún partido tradicionalmente situado en el centro. Es el caso del PDeCat.  Heredero de la vieja tradición catalanista de CDC y de su aliado, UDC, la nueva formación ha devenido un instrumento al servicio de la independencia, la república y las políticas asociadas, normalmente, a la izquierda. El rol político de ERC ha tenido mucho que ver en esta vertiginosa transformación y la CUP, con sus políticas extremistas en el Parlament ha condicionado, finalmente, esta mutación de manera irreversible.

Cabe preguntarse si la partida del referéndum y sus consecuencias está, irremisiblemente perdida. Creo, sinceramente, que no. Aunque resulta estratégicamente decisiva la capacidad para ocupar primero y transformar después, el tradicional centro político catalán. Hoy este potencial electorado se siente, claramente, huérfano y mediatizado por la disyuntiva entre independencia si, independencia no. En la resolución de esta dicotomía se juega la gran partida de ajedrez en el tablero catalán en los próximos meses. A mi juicio, se ganará o se perderá si se es capaz de dar confianza y voz a un electorado que asiste desconcertado y desmoralizado a la singular evolución del Procés en estos últimos años.

El espacio político de centro ha sido abandonado por el PDeCat. Unió ha desaparecido de la escena política. Sospecho que es en el amplísimo colectivo de las clases medias catalanas donde la rectificación del rumbo político no sólo es necesaria, sino posible. Dicho de otra manera, decenas y decenas de miles de catalanes, que aceptaron la premisa de que la ruptura con España era imprescindible para Catalunya, pueden y deben entender ahora, que esta es una pésima solución para sus intereses. Separados de España, fuera de la Unión Europea y con una dinámica de marcado tono revolucionario, estos catalanes intuyen que su futuro puede ser peor que su presente. Tal certeza va abriéndose camino en determinados sectores de votantes, que aún hoy, siguen siendo favorables a la celebración de una consulta.

Debe explicarse que ningún referéndum es posible si no es producto de la legalidad y de un acuerdo explícito con el gobierno español. Sólo así puede tener efectos vinculantes y gozar del estatuto de legalidad política que en ningún caso, se puede relegar. Gustaran más o menos, pero las leyes han de cumplirse.

Conocemos ya la fecha y la pregunta del referéndum. Algunos creemos que su celebración es imposible y que nadie está interesado en la reedición de un nuevo 9N pues evidenciaría un significativo retroceso de las fuerzas independentistas difícil de enmascarar. Ganar la batalla de las ideas resulta fundamental.  Esta contienda se libra, en buena medida, en el espacio de centro de la política catalana. Y de su incierto resultado depende el desenlace que nos aguarda. Recientes movimientos en el ámbito del asociacionismo catalán y en el nacimiento de instrumentos al servicio de estas ideas, abren una puerta a la esperanza. Parecería que las cosas se mueven.

En mi opinión, el Congreso de Lliures celebrado con éxito este pasado viernes y el anuncio de nuevas iniciativas para fortalecer el centro catalanista, deberían inaugurar una nueva etapa. En ella, puede crecer la confianza en las posibilidades de todos aquellos que apostamos por el autogobierno en Catalunya y que creemos que resulta compatible con una leal convivencia con el resto de los pueblos de España. No va a ser fácil. Lo sabemos. Es impostergable, defender los principios, poner el catalanismo al día, luchar por las ideas liberales y humanistas y esperar, con un punto de optimismo, que los catalanes entiendan que otros caminos pueden ser transitados, pero que nos llevan a una clara derrota y a un volver a empezar. Esta es una penosa circunstancia que no queremos para Catalunya.

Hablo de deseos, de esperanzas, de proyectos y de realidades, pero en cualquier caso, sólo la convocatoria, tarde o temprano, de unas elecciones anticipadas en Catalunya despejaran la incógnita. Nos acecha un riesgo letal: no tener el valor y el coraje suficientes para nadar resueltos contra corriente. Sostengo que, en el fondo de esta corriente, anidan anhelos de convivencia, tolerancia, respeto y progreso. La tarea fundamental de la hora presente consiste en hacerlos aflorar.

Independencia de Cataluña- E pur si muove. Blogs de Libertad de elegir


LIBERTAD DE ELEGIR. ¿Podemos salir del laberinto? El Confidencial 03.06.17

En las últimas semanas, como era previsible, se ha producido un salto cualitativo en el enfrentamiento entre Gobiernos por la convocatoria de un referéndum para la independencia de Catalunya. Portavoces de ambos Ejecutivos reclaman ser intérpretes legítimos de las aspiraciones nacionales del pueblo catalán.

El President Puigdemont y miembros del Govern y de las instituciones catalanas dicen representar la voluntad popular cuando invocan el derecho a celebrar un referéndum sin cortapisas. También la Vice-Presidenta Sáenz de Santamaría insiste en que la interpretación de los intereses auténticos de los catalanes apunta justo en la dirección contraria.

Lo cierto es, que más allá de las declaraciones de unos y otros, hoy en Catalunya hay más consenso sobre la necesidad de un referéndum, que sobre el contenido de la respuesta- afirmativa o negativa- a la pregunta que, eventualmente, se formule.  Es obvio que la división de la sociedad catalana es profunda y creciente. Esta última afirmación obedece más a una sólida certeza que a una apresurada impresión. El acalorado debate está presente en la mayoría de ámbitos políticos y civiles de Catalunya. Y está lejos de ser constructivo.

Es indiscutible que el Govern, con Puigdemont de abanderado, ha movido las “pantallas” de su táctica, a su gusto y según sus necesidades. Después de las elecciones de 2015, sin aceptar nunca que el envite plebiscitario se había perdido, los partidos independentistas anunciaron que en 18 meses se proclamaría la DUI (Declaración Unilateral de Independencia). En 2016, los 18 meses de plazo todavía eran válidos. Pero volvía a ser el referéndum el instrumento central del designio político de Junts pel Sí y la CUP. En 2017, excedido el periodo que el Govern resultante de las elecciones se había autoconcedido -también un compromiso electoral- se nos dice que si la celebración de la consulta finalmente no es posible, se declarará la DUI amparada por la Ley de Transitoriedad. Por cierto, un Proyecto de Ley que aparte de la reciente filtración en un periódico de ámbito estatal, desconocemos su contenido.  Y lo que es más grave aún; tampoco los diputados del Parlament tienen idea alguna del mismo.

Sin embargo, resulta incuestionable, que el Gobierno español nunca ha cambiado de “pantalla”. Para el Presidente Rajoy no ha sido siempre no. Júzguese esa estrategia como se estime oportuno. No es la pretensión de este artículo.

Ambas orientaciones, la del gobierno español y la del catalán, vienen chocando desde hace meses.  Las cosas han ido empeorando, día a día, y así será hasta el desenlace donde atónitos comprobaremos, que no queda margen excepto para que todo vaya a peor.

El último movimiento del Govern – reunión convocada por Puigdemont el dia 29 de mayo- después del “bienintencionado” cruce de cartas, los partidos favorables al sí, han decidido protagonizar un nuevo viraje. Allí donde se había proclamado que el Pacto Nacional para el Referéndum había concluido sus trabajos, con un acto solemne y formal de presentación de las conclusiones y firmas recogidas, se ha querido otorgarle una nueva vida. ¿Con alguna pretensión explícita? Naturalmente. Dar una nueva oportunidad a Catalunya Sí que es Pot para que se sume a un referéndum unilateral. Sin acuerdo previo y sin carácter vinculante. Todo ello ad maiorem gloriam de la alcaldesa Colau y los suyos.

Sugiero, quizás con un punto de esperanza, que se emplace al Govern a que acepte el principio de que negociar y eventualmente ceder, no es rendirse. Podría comprobarse así, lo que sigue:

  • Ha quedado demostrada, sobradamente, la fuerza del independentismo catalán en la presente coyuntura, aunque hoy se adviertan signos de fatiga y retroceso palpables.

  • Se ha verificado la notable cantidad de compañeros de viaje de los partidos independentistas catalanes que han apoyado, hasta hoy, la reivindicación de fondo. Lo han hecho con la expectativa de obligar al gobierno español a negociar en un contexto político, progresivamente, enrarecido.

  • Se ha constatado, irremediablemente, que el gobierno español ni ha hecho ni hará movimiento alguno. Debe ser totalmente descartada la idea de una respuesta gubernamental desproporcionada a los movimientos secesionistas.

  • Se podría aceptar por la unanimidad de todas las fuerzas independentistas, que ante, el negativo desenlace de la situación en Catalunya, convendría maniobrar con inteligencia. De suyo, no hay otra alternativa.

  • Se acertaría al presentar ante la opinión pública española y catalana un balance de errores y aciertos sincero y claro, sin ocultar las dificultades.

  • Se podría asumir, colectivamente, que la única salida al actual laberinto sería la convocatoria de elecciones. Sin representar menoscabo para ningún partido político, todos ellos, con la excepción más que probable de la CUP, deberían exigir al President Puigdemont que anticipara las elecciones. A mi juicio, esta sería una alternativa de contenido y efecto parecidos a la defendida por los promotores del referéndum. Se trata, en definitiva, de pronunciarnos. ¿No?

Catalanes y catalanas decidirían con su voto que es lo que desean en esta fase final del Procés. Nada podría impedir que se expresaran con auténtica libertad y siguiendo sus deseos más íntimos. Es, en este punto, donde muchos tenemos la convicción de que nuestros conciudadanos sabrán juzgar correctamente la situación y votaran en consecuencia. Va de democracia. ¿No?

Entre demócratas, y los somos todos, aceptaríamos que una vez señalado el camino por los ciudadanos llamados a votar, lo seguiríamos con una legitimidad refrendada. Se puede salir del laberinto. Debemos hacerlo juntos. Y lo conseguiremos si depositamos, sin reservas, en el pueblo de Catalunya las decisiones y confiamos en él. No tiene por qué haber vencidos.

Referéndum Cataluña- ¿Podemos salir del laberinto-. Blogs de Libertad de elegir

 

 


Lliçons de França- La Vanguardia. 26.05.17

Macron ha guanyat les eleccions presidencials a França per un ampli marge. La seva victòria ha estat incontestable. El  triomf és important per raons diverses. Ha reeixit  un amplíssim moviment d’arrel popular sota la bandera d’un liberalisme més aviat  tou.  Milers i milers de ciutadans s’han mobilitzat activament formant part d’un moviment En Marche de perfil nou amb una molt destacable presència a les xarxes.

L’aspiració pregona del seu vot és una profunda regeneració de la política francesa que aturi la progressiva decadència del país. Es vol donar un  tomb a la França estancadissa dels darrers anys. La victòria també ha estat rellevant pel seu inqüestionable europeisme. És l’aposta per un nou impuls de la Unió Europea post-Brèxit. Els europeistes comptaran, a partir d’ara, amb un aliat que, de moment, sembla ferm i decidit. No ens hauria d’estranyar veure Macron com adalid del nou Manifest del 9 de Maig.  I en darrera instància, els bons resultats de Macron s’han de llegir en clau de la derrota de la variant populista del nacionalisme francès. Aquesta qüestió essent important pels resultats obtinguts,  no és la més significativa des de el punt de vista de la futura acció de govern.

Que cal emfatitzar del triomf de Macron? Esdevé clau el programa formalment liberal d’En Marche. Es considera l’empresa privada com un element determinant pel creixement  de l’economia,  la creació d’ocupació  i la redistribució ben entesa de la riquesa. S’impulsa una valent agenda de reformes inajornables del mercat laboral. Es fa una aposta decidida per a la mobilitat econòmica i social en l’era digital. Es promou l’acceptació i projecció d’una societat canviant i mòbil on la investigació i la innovació son estris imprescindibles.

Es considera essencial un Estat un punt aprimat que tingui  com a prioritat principal ajudar als que no poden seguir, posant l’accent en la protecció de tots aquells que viuen en  circumstàncies  adverses el seu dia a dia. Un contracte social explícit sobre quatre pilars: educació, cultura, salut i el paper de la justícia en un món de separació real de poders. Tot això acompanyat d’una reflexionada moderació fiscal. Es promet una rebaixa d’impostos agosarada per les classes mitjanes franceses, profundament maltractades per l’estatisme rampant de llarg abast al país veí.  I finalment, una tolerància zero envers la delinqüència i una laïcitat inflexible que estigui present en l’acció política del govern i  les institucions franceses.

Els liberals assumim de grat aquest programa. De fet, és el nostre des de fa anys. Amb matisos, puntualitzacions i precisions, però el podem defensar. Llegint amb deteniment el programa d’En Marche tinc, però, la sospita de que està amarat d’un designi lleugerament socialdemòcrata. Es veurà.

Quines lliçons podríem aprendre dels resultats de les darreres eleccions franceses des de Catalunya estant? La primera, és comprovar esperançats com la societat pot donar un salt endavant gegantí si les condicions objectives pel canvi estan prou madures. Tot i reconeixent quant decisiva ha estat la previsible implosió dels partits tradicionals. Apareix la sobtada certesa de que no cal recórrer feixugament tots els estadis intermitjos.  Es pot estalviar temps i feina.

La segona lliçó és la importància estratègica de batallar per la renovació democràtica. Això paga la pena sempre, doncs resulta imprescindible. Cal connectar estretament  amb la ciutadania perquè faci seva aquesta exigència que ha d’afectar,  intergeneracionalment, a tots aquells que es senten cridats a lluitar per una profunda metamorfosi.

La tercera és constatar que sense un partit estructurat el salt endavant és perfectament possible. A Macron i els seus, els hi espera una comesa gens fàcil però si encerten la diagnosi i la formulació de les primeres mesures, el partit polític vindrà després. S’haurà de cercar i aconseguir una nova majoria social i el partit en serà el subproducte.

La quarta i darrera lliçó és que no s’han d’endegar rutinàries polítiques de reformes ja provades. S’ha de voler dur a terme una autèntica transformació de la societat. Des de bases noves i engrescadores. Aquest gran repte només es pot assolir amb un clar emplaçament a la ciutadania fent-li veure que la implicació i el compromís polítics no és cosa dels demés,  si no de cadascun de nosaltres. En aquest camí, l’apel·lació als joves amb la seva entusiasta aportació esdevé essencial. Transformar vol dir fer del vell país, un de nou. Tanmateix, sense caure en somnis benintencionats. Aquesta és una generosa i transcendent  tasca que li correspon tothom.

Percebo un clar paral·lelisme entre la vella França i la vella Catalunya. Els dos països viuen moments especialment delicats. Sens dubte, el rumb ha d’ésser corregit. Cal aprofitar l’impuls i l’energia de fons, que un i l’altre disposen sobradament, per deixar enrere el passat i  fer front el present sense esperar el futur. Hi ha molt per fer, allà i aquí. I tot pot ésser fet. La victòria d’en Macron i el seu moviment liberal és la prova inequívoca que més enllà d’ésser necessari, és possible.

LLiçons de França- La Vanguardia 26.05.17


LIBERTAD DE ELEGIR. ” La socialdemocracia. La crisis que no cesa. ” El Confidencial. 20.05.17

Se puede afirmar, sin exageración alguna, que la socialdemocracia en general y la europea en particular, vive en estos últimos años inmersa en una profunda crisis. A lo largo del siglo XXI se ha producido un progresivo retroceso del modelo socialdemócrata. No es una quiebra universal, pero si muy general. De hecho, la visión, el enfoque y el proyecto de los socialistas no cuenta hoy con una alternativa sólida con la que afrontar los retos de la segunda y tercera década del presente siglo. Aun así, algunas de sus orientaciones más clásicas siguen formando parte del discurso político vigente. No se trata aquí de impugnar polémicamente los postulados de la socialdemocracia. Más bien constato la ausencia de un perfil propio bien definido.

Múltiples ejemplos en Europa, América y en otros países del planeta avalan cuanto digo. También hay excepciones. Portugal sin ir más lejos. Sospecho, no obstante, que en Gran Bretaña con Corbyn, Alemania con Schulz, Italia con Renzi y Francia, aún no sabemos con quién, las cosas pueden empeorar, substancialmente, en las próximas contiendas electorales.

¿Por qué ha quebrado el modelo socialista? La nueva oleada de la globalización con una integración más estrecha de mercados ha influido de manera decisiva en su evolución. También la indiscutible constatación de que el crecimiento sostenido del estado del bienestar, es imposible. Y por último, la evidente limitación de recursos económicos para garantizar más y más políticas sociales que son ya inasumibles.

El incremento progresivo del peso del Estado en la economía de las naciones se ha convertido mas en un pasivo que en un activo para el libre desarrollo de un modelo económico competitivo. Al amparo del Estado omnipresente la corrupción política y los abusos de particulares en la captación de rentas públicas crecen a la sombra de una escasa transparencia y un ineficiente control.

Los socialdemócratas asisten desconcertados e incrédulos al surgimiento con fuerza del izquierdismo populista producto último de la profundización de la crisis socialista.

 Los numerosos cambios tecnológicos, el gran auge de las redes sociales y la progresiva simplificación de todo mensaje político, redunda a favor de la banalización de la política y de la consiguiente manipulación burda de amplísimos sectores de la opinión pública. Los populistas – de izquierda y de derecha- hallan en este escenario una vía de penetración impensable hace tan solo unos pocos años.

Es difícil que puedan explicar con éxito los fundamentos reales de la grave crisis que el capitalismo ha padecido. A mi juicio, se realizan interpretaciones que nada tienen que ver con la realidad y sí con el deseo de teorizar una crisis a la medida de sus pretendidas respuestas políticas. Por ejemplo, sorprende el consenso generalizado que en estos medios suscita un renacido keynesianismo como fuente de explicación de los problemas que el capitalismo sufre. Modestamente, sostener que el Keynesianismo, puesto al dia, puede ayudar a abordar los problemas a los que debemos hacer frente, me parece una ingenuidad. Más aún, creo que es un grave error político. No es este el camino por el que pueda transitar la nueva socialdemocracia que el sistema parece seguir necesitando. Con este equipaje, el viaje es punto menos que imposible. La mochila para el mismo debe de estar llena de análisis precisos y soluciones actualizadas y audaces que estén a la altura del compromiso exigido por los nuevos tiempos.

El caso español es, particularmente, ilustrativo. El PSOE es hoy víctima perfecta de todo cuanto acabo de describir. Un partido de clase, histórico y necesario en España, zarandeado por una situación política en la que le cuesta influir como solía hacerlo en los últimos treinta años. Podemos quiere convertirse en su sepulturero y los socialistas se debaten desarmados política e ideológicamente ante la despiadada irrupción del izquierdismo.  Podemos resulta favorecido por el devenir objetivo de la crisis económica y por la respuesta de votantes y militantes desencantados. Si el PSOE no combate, Podemos progresa.

 El episodio dramático de la elección del Secretario General del PSOE ahonda esta deriva. Evidencia que si bien las elecciones primarias para la elección de cargos electivos fuera del partido son imprescindibles, su utilización para escoger cargos internos de alto nivel, es más bien un obstáculo que una ventaja. A pesar de que las diferencias de enfoque y programa son casi inexistentes entre los candidatos, la necesidad de subrayar el perfil de cada uno arruina el debate de las ideas. Este hecho no favorece el diálogo imprescindible para construir una organización fuerte.

Siempre he creído que la contribución del socialismo español ha sido fundamental para la consolidación de nuestro sistema democrático. Así sigue siendo. A pesar de que, objetivamente, la socialdemocracia está en apuros en España y en el resto de Europa, su aportación es necesaria.

El futuro progreso del liberalismo político tendrá que ver, sin duda, con un eventual retroceso parcial de la socialdemocracia. Se compite por espacios vecinos. Espero, no obstante, que en la actual contienda los socialistas españoles y europeos acierten a interpretar que el mundo ha cambiado notablemente. Debemos hacer muchas cosas juntos. A buen seguro, el populismo izquierdista detestará esta formulación. Señal evidente de que, probablemente, sea correcta.

Socialdemocracia. La crisis que no cesa. Blogs de Libertad de elegir