LIBERTAD DE ELEGIR. “Jaque”- El Confidencial. 18.02.17

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Visto para sentencia el juicio del 6F al President Mas, la Vice-Presidenta Ortega y la Consellera Rigau, el balance político del mismo es, como se esperaba, controvertido. Mas esgrimió una defensa que equilibraba la total responsabilidad política de la organización del 9N con la negativa a aceptar que él y sus compañeros de Govern hubieran desobedecido al Tribunal Constitucional. Serán inhabilitados o no. Lo decidirán los jueces. Pero, aparentemente, el independentismo catalán, hasta la fecha, ha salido favorecido de esta intensa prueba de fuego.

Si se sentencia la inhabilitación, la indignada respuesta política está servida. Si por el contrario, los jueces optan por la absolución, el soberanismo presumirá de haber ganado una importante batalla al Estado. ¡No les quepa la menor duda!  He aquí, los términos de la grave contradicción pendiente aún del desenlace. Con seguridad, en ambas hipótesis se producirá un determinado nivel de respuesta ciudadana. Desconozco ahora el alcance de la misma, pero el Govern catalán jugará esta baza hasta sus últimas consecuencias. Es cierto, que la movilización del 6F fue mas bien escasa y más allá, del significado político que tuvo, quedó por debajo de las expectativas de todos. En su fuero interno, el Govern lo sabe y los partidos que le dan apoyo empiezan a pensar que esta variable puede resultar muy peligrosa, si a ella se libra toda la estrategia. Nada está escrito, aunque percibo, claramente, las primeras vacilaciones.

Aguarda ahora el juicio de Francesc Homs para el día 27F.  El escenario será distinto, y la presión en la calle, notablemente, inferior. La épica perseguida se diluirá. Pero respecto a los contenidos, el guion no se apartará demasiado de lo que oímos y vimos el 6F. Quizás, el tono de la intervención de Homs será algo más agresivo para evitar que la significación política del juicio decaiga. Creo, no obstante, que el desenlace de ambos juicios será, con particularidades, parecido. La lectura del mismo volverá a ser comprometida y discutida.

Junto al impacto político de los juicios y las sentencias, el Tribunal Constitucional ha dado un nuevo paso. Este pasado martes anuló las dos resoluciones de convocatoria de referéndum aprobadas por el Parlament de Catalunya. Y al tiempo, enviaba a la Fiscalía la posible suspensión de la Presidenta de la Cámara y la apertura de la vía penal a cuatro miembros más de la Mesa del Parlament. Más desconcierto, más incertidumbre y más tensión.

Ante tal estado de cosas, en Catalunya se juegan tres complicadas partidas de ajedrez simultáneas. La primera enfrenta al Govern catalán con el Gobierno español en torno a la convocatoria y la eventual celebración del referéndum. Sin mediadores ni mediaciones. Con la expresa voluntad de conseguir el jaque mate. La segunda partida, se libra entre el PDeCat y ERC. Los intereses de ambos jugadores divergen y, a pesar, de que conceden al desenlace de la primera partida una notable importancia, el cómo proceder y qué hacer ante la imposibilidad de celebrar el referéndum abre estrategias distintas. La cuestión de la posible inhabilitación de Junqueras por la organización material del referéndum, no es un tema menor.

Los republicanos se preguntan si cumplir con su atávico compromiso de llevar a cabo el referéndum de independencia, el precio a pagar por el intento de la celebración del mismo es proporcional. Les asaltan las dudas. Por el contario, el President Puigdemont no vacila ante este dilema: hay que pagar el precio que resulte necesario por costoso que sea.  La asunción de responsabilidades de unos y otros- ERC y el PDeCAT – y la no celebración del referéndum, hace que la partida se acabe jugando con inmensa cautela y con la esperanza de un final con tablas.

La tercera partida se juega entre Junts pel Si y la CUP. Blancas y negras enfrentadas sin cuartel ante una agresiva estrategia de ataque de la CUP que se intensificará en las próximas semanas.  Para los revolucionarios no hay alternativa. El cambio del sistema pasa por la convocatoria y celebración de la consulta y por conseguir derrotar al Estado. Están convencidos de que así ponen las bases de un ataque profundo al capitalismo, que se pretende irreversible. Nada nuevo. Es la impecable e implacable lógica de los independentistas revolucionarios. La CUP prepara su jaque mate contra todo lo que se mueve. Ante este panorama, ¿Qué se puede aventurar? En síntesis:

  • Se convocará el referéndum. No será legal ni acordado. Difícilmente, las leyes de desconexión que se debatirán, próximamente, en el Parlament permitirán una justificación de legalidad aparente de la convocatoria. Dudo que el Estado, permita que las leyes, finalmente, se aprueben.
  • El referéndum será, definitivamente, suspendido. En este caso, la resolución de la segunda y de la tercera partida de ajedrez arriba mencionadas, resulta determinante. ¿Quién asumirá entonces la responsabilidad de dar un claro paso atrás? ¿Quién cargará con el coste político de hacerlo? Quizás, ¿el Pacto Nacional por el Referéndum? Nótese que, en mi opinión, bajo ninguna circunstancia, nadie efectuará una rectificación, ni por muy leve que sea. Las fuerzas políticas y sociales soberanistas que apuestan todas por el referéndum y la mayoría por la independencia, tienen la convicción de que la Historia les contempla. Irresistible.
  • Ante la imposibilidad de celebrar el referéndum y en un escenario de creciente incertidumbre, inestabilidad, grave tensión e incluso movilizaciones importantes, las elecciones serán, fatalmente, convocadas más pronto que tarde. Serán autonómicas pero se presentarán, una vez más, como plebiscitarias. Se anunciará al pueblo de Catalunya que se juega la partida final. Sin duda, la ciudadanía moverá ficha.

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LIBERTAD DE ELEGIR. Choque de trenes, crisis y elecciones. El Confidencial. 04.02.17

 

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Finalmente, los Presupuestos de la Generalitat de Catalunya para el año en curso están en camino de ser aprobados. La muerte súbita de la XI legislatura no se ha producido. Pero no tardará. Los contenidos precisos del pacto con la CUP se conocerán a lo largo del debate presupuestario. No es esta la cuestión relevante. Lo que si es determinante, es entender que el President Puigdemont y la CUP, a cambio del acuerdo de Presupuestos, han decidido avanzar la convocatoria del referéndum. En este designio, ERC tiene escaso margen de maniobra. Se suma porqué éste ha sido siempre uno de sus objetivos políticos principales y ahora no puede decir una cosa distinta.

¿Por qué se quiere adelantar el referéndum? Lo he explicado ya en alguna otra ocasión. Para los independentistas, el éxito del Procés se fía hoy, exclusivamente, a la eventual capacidad de movilización de su electorado. Estiman que ésta alcanzará su punto álgido con los juicios al President Mas, la Vice-Presidenta Ortega y la Consellera Rigau.  A esta respuesta popular- que desean y prevén muy amplia- esperan sumar la indignación de los suyos por las dificultades políticas que surgirán si el referéndum no se celebra.

¿Quién es el demiurgo de esta situación? El Gobierno español.  ¿Cuál es el paso previo para adelantar la convocatoria del referéndum? La aprobación por parte del Govern catalán de las tres leyes de desconexión. He aquí, lo fundamental y decisivo. ¿Puede el Gobierno español y los tribunales permitir que estas leyes prosperen? En mi opinión, no. Me atrevo a decir, incluso, que tratarán, con contundencia, de evitar su aprobación en el Parlament catalán.

¿Cómo se puede celebrar un referéndum, pretendidamente legal que en ningún caso será acordado, sin ley alguna que le de amparo? Aquí está la segunda cuestión esencial.

Es, en este endiablado contexto, dónde la crisis está servida y el choque de trenes garantizado.  No entraré en la especulación de las características de dicho choque. No tiene hoy demasiado interés. Lo tendrá mañana. Resulta en cambio primordial, percibir que lo que de veras se pretende es provocar una crisis de grandes dimensiones que permita inclinar la desventajosa correlación de fuerzas que padece el independentismo catalán.  No hay otra hoja de ruta ni ningún plan B en esta fase última del Procés.

Se trata de aquilatar la magnitud de la crisis y como en una compleja partida de ajedrez, esperar los movimientos encadenados del adversario. A más bronca, más crisis, a más crisis, más probabilidad de enfrentamiento y a más enfrentamiento, una acumulación de fuerzas más favorable. Éste es, amigos, el escenario en el que se adentra, irreversiblemente, la política catalana. Tendrá con el juicio al President Mas el dia 6 de febrero, su primer acto y con el intento de aprobar las leyes de desconexión, su segundo episodio. El resto ahora mismo, es imprevisible. Quien crea que hay una sutil y elaborada estrategia que informa el actual Procés está profundamente, equivocado. Ni estrategia, ni táctica. Más allá del diálogo y de la negociación imposible, sólo resta la confrontación.

Otra de las preguntas clave es cómo se da el salto, desde la profunda crisis y del violento choque de trenes a la convocatoria de unas nuevas elecciones. ¿Cómo podrá hacerse? Sospecho que, analizada la nueva situación- extrema en cualquier caso- producto del desenlace de la crisis, se tendrá que negociar primero y pactar después una salida política viable para la ciudadanía catalana. Independientemente, de las diferentes expectativas, sólo las elecciones proporcionaran la respuesta. No serán plebiscitarias. Serán autonómicas. El pueblo de Catalunya votará, más pronto que tarde, para establecer la legitimidad de la orientación política que estime oportuna.

Se entrará, así, en una nueva etapa. Desconocemos sus perfiles principales. No obstante, se hablará del Procés en términos de pasado reciente. Por decirlo de otra manera, Catalunya habrá entrado en el post-Procés.

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Hacia el post-Procés. Economia digital. 03.02.17

El Procés para la eventual independencia de Catalunya se aproxima imparable a su desenlace. La movilización política entorno a los juicios al President Mas, la Vice-Presidenta Ortega y la Consellera Rigau devendrá esencial para determinar la correlación de fuerzas exacta entre unos y otros. Creo que es objetivo político inmediato del Govern catalán caminar de la mano de una amplia y rotunda respuesta popular a los juicios y de la convocatoria avanzada del referéndum, hacia el conflicto político final. Se verá.

El President Puigdemont i el Vice-president Junqueras, saben hoy que no les queda más remedio que fiar la suerte última del Procés a un arriesgado grado de reivindicación indignada de sus bases electorales. Son conscientes que no habrá Procés en el ámbito del diálogo, de la negociación y del acuerdo o del desacuerdo. Esa expectativa está, definitivamente, arramblada. No hay esperanza alguna.

En una etapa prerrevolucionaria como la actual, sólo la intensidad del manido choque de trenes y la fuerza de los contendientes pueden determinar el desenlace del ya largo Procés. Un final que contemplamos repleto de problemas y dificultades graves.

Con la excepción de la CUP, este escenario no satisface a nadie. Más bien, incomoda a todos. Pero sostengo que los independentistas catalanes han decidido que no hay alternativa, que no hay vuelta atrás. Nos precipitamos a una situación de crisis institucional profunda y el resultado de la misma es, ciertamente, imprevisible.

Para convocar el referéndum, el Parlament de Catalunya debe aprobar las tres leyes de desconexión. Es difícil impulsar una consulta sin el viso de legalidad que las leyes votadas en sede parlamentaria pueden pretender justificar. Todos intuimos que no habrá referéndum acordado. Muchas personas creen que con las leyes de desconexión o sin ellas, no habrá un referendum legal y quizás, no tantas, sospechamos que el fracaso de la convocatoria de la consulta – imposible de materializar- será el acto final del Procés. Sin referéndum celebrado habrá que cambiar de orientación política. Sin eufemismos: cambiar de política quiere decir rectificar.

No hay estrategia del Govern catalán para sostener un escenario alternativo e implementar un Plan B o uno C. Con el enfrentamiento que se producirá- desconocemos el alcance y la peligrosidad del mismo- la crisis está, fatalmente, servida. En función de la resolución de la misma, se tantearan opciones que ahora preocupan a todos y, lamentablemente, ocupan a pocos.

Habrá que admitir, no obstante, que hay algunos, intensamente, dedicados a condicionar determinadas respuestas. Si el desenlace se aproxima al que describo, el periodo electoral que, inevitablemente, se abrirá habrá que situarlo en el mundo del post-procés. Cuando, como solución, las elecciones se realicen, el mapa político catalán experimentará cambios notables y es aquí, querido director de Economia Digital, donde Lliures aspira a ser – con fuerza- un nuevo partido catalanista, liberal y humanista para el post-procés

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LIBERTAD DE ELEGIR. Muerte súbita. El Confidencial 21.01.17

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El debate de los Presupuestos del 2017 en el Parlament catalán se encona cada dia que pasa. Se hubiera dicho hace unos días, que Junts pel Sí y la CUP estaban interesados en aprobar las cuentas anules para garantizar que el Procés y el referéndum no se estancaran. Parecía que ese era el designio principal.

Algunas semanas después, la situación parece más abierta e incierta que nunca. Las crecientes exigencias de la CUP y la negativa del PDeCAT, hasta el día de hoy, de acceder a sus planteamientos, han enturbiado, notablemente, la perspectiva. Como es habitual, ERC posibilita, con un rictus de impaciencia, que ambos socios aparenten pelearse a fondo y adopta una actitud más bien distante en la brega cotidiana.

La CUP defiende la modificación de tres impuestos: IRPF, Patrimonio y Sucesiones -con un retroceso en las condiciones de dicho impuesto a niveles del 2010. Un aumento de un punto o dos en el IRPF de las rentas de más de 60.000 y 90.0000 euros anuales, respectivamente, y la creación de 8 nuevos impuestos ambientales. Todas estas exigencias son de difícil aceptación para el President Puigdemont y los suyos. Aún más. La aprobación parcial de subidas significativas en el ámbito del IRPF y las modificaciones substanciales en el Impuesto de Sucesiones y de Patrimonio supondría para el PDeCAT un trágala inaceptable. Sostienen que perderían algo más que los principios y sus posiciones programáticas tradicionales.  Se pondría en duda la dignidad política como independentistas catalanes.  Tienen razón.

El día 28 de enero la CUP discutirá en su Consell Polític, si aprueba o no, los Presupuestos. El resultado es imprevisible pero conviene recordar, como he hecho a menudo, que la lógica de los dirigentes cuparies no es exactamente la misma que la de sus oponentes. Para la CUP, la dinámica revolucionaria prima por encima de todo y los pactos parlamentarios no dejan de ser una forma incómoda de contemporización política. Naturalmente, esta manera de proceder está en las antípodas del PDeCAT y ERC. Pero, es precisamente, esa lógica rupturista y antisistema la que hace posible cualquier desenlace en el Consell Polític de la CUP. Unos y otros, parten de premisas distintas y aspiran a objetivos no siempre conciliables.

Si los Presupuestos no se aprueban, la legislatura cae por muerte súbita. Parece aceptado que, ni Junts pel Sí ni la CUP, tendrían argumentos suficientes para proseguir mucho más allá los trabajos parlamentarios y al tiempo, seguir impulsando el Procés. De modo que habría que elucidar, ante una hipotética convocatoria electoral, qué parte de la responsabilidad política en la liquidación de la presente legislatura le correspondería a cada uno.  Se trataría, por supuesto, de endilgársela al socio de hoy, adversario de mañana.  Esta no es una cuestión baladí ni para los actores ni para los ciudadanos fatigados tras un largo y sinuoso recorrido.

En este contexto, ¿qué hacer con el referéndum? Pienso que es muy difícil que el President Puigdemont renuncie, sin más, a la consulta por mor de convocar elecciones anticipadas. No respetaría su promesa y eso tiene poco que ver con el estilo personal de Puigdemont y con sus reiteradas declaraciones a favor del referéndum, sí o sí, hasta hoy mismo.

Apunto una hipótesis de trabajo. Aun careciendo de las leyes de desconexión, al no poder ser aprobadas por el Parlament, las tres fuerzas políticas aliadas – PDeCAT, ERC y la CUP- decidirán jugarse, el todo por el todo, y convocar la consulta.  Sin duda, ni acordada ni legal. Lo harán, independientemente, de la posterior celebración de las elecciones y, quizás, estas serían el lenitivo aceptado por todos frente a un hipotético fracaso de la convocatoria del referéndum.

Obviamente, vivimos en un escenario muy complejo. Los intereses de los actores, si bien coinciden en la aspiración nacional, divergen en cómo ésta afecta a los cálculos de cada partido. Y aunque no lo parezca, el patriotismo más noble suele guardar relación con las expectativas electorales de cada uno.

Es, en este sentido, que si los Presupuestos no se aprobaran la muerte súbita de la legislatura sería, prácticamente, inevitable. Se trataría de mantener viva la promesa del referéndum. ¿Cómo? Esa es la principal pregunta que, a mi juicio, se están planteando hoy los estrategas independentistas. Soy de la opinión que debería ser la ciudadanía quien contestara -siendo convocada a las urnas – a esta cuestión tan relevante y aclarara, de una vez por todas, cual es el rumbo por el que debe transitar Catalunya.

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Secessió o rectificació. La Vanguardia. 14.01.17

 

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S’atansen, indefugibles, hores decisives. El full de ruta de l’independentisme català avança cap a un desenllaç imprevisible. Accions i declaracions dels màxims dirigents del Govern confirmen que el referèndum és la peça clau del període. Fins i tot, l’alcaldessa Colau i el seu món es suma, sense reserves, a aquesta orientació.

En paraules textuals del President Puigdemont, el referèndum – si o si- ha d’ésser legal i acordat. Cal desfer aquest equívoc.  Serà legal, si és acordat, i,  es farà,  si és legal.

Es poden assajar variants diverses, però ni el President Puigdemont ni el Vice-President Junqueras, desitgen repetir un 9N. Primer, perquè consideren que aquesta via està esgotada i segon perquè saben que la seva materialització implicaria una resposta del Govern espanyol, a hores d’ara, inassolible.  Però, sobretot perquè intueixen que la resposta popular a una nova convocatòria com la del 9N seria menys entusiasta que la de llavors, quan el que de debò els  sobiranistes necessiten ara és escalf i ànims. Un retrocés cridaner en aquestes expectatives lesionaria greument els seus interessos.

Considerant amb cura l’actual situació,  és difícil que el promès referèndum es concreti. Ja no amb les garanties desitjades, si no senzillament que es dugui a terme.  No perquè el Govern català no vulgui un acord. És el Govern espanyol qui no l’acceptarà mai. Si aquesta presumpció és correcta, la partida està jugada i malgrat les legítimes esperances de convocar una consulta, es comprovarà que el camí no té recorregut.

Accepten els dirigents independentistes aquest designi? No. Mantenen l’esperança de què la mobilització del poble català encara és possible i que pot anar augmentant la seva intensitat. Sospiten, però, que només un fet podria possibilitar-ho. Es tracta dels judicis contra el President Mas, la Vice-Presidenta Ortega i la Consellera Rigau. No convé fer política amb recursos judicials  però els fets son més tossuts que les creences ideològiques.  A parer meu, la celebració dels judicis generarà un bon enrenou a Catalunya. Tanmateix, em sembla inversemblant esperar que doni lloc a una resposta popular que permeti variar decisivament el present estat de coses.

Els catalans ens sentim a disgust veient jutjat al nostre Ex-President, però creure que la reacció de la ciutadania comportarà una mobilització sense precedents és delicat. Aquesta eventual resposta ha de suposar – segons fonts del govern- una implicació creixent de l’opinió publica europea i, alhora,  una resolució contundent per part dels seus governs. Aquest càlcul és quelcom més que una aposta arriscada. És un error polític.

Els principis son la matèria fonamental de l’acció dels polítics. Però em sembla realista acceptar que hi ha quelcom més per sobre dels principis: la correlació de forces. Sé que aquesta visió és la d’un pragmàtic, però el catalanisme no pot estar renyit amb el pragmatisme si aspirem a obtenir resultats pels nostres conciutadans.

La política és també sentiment i està feta, en bona mesura, tenint en compte les emocions. Però la intel·ligència i el realisme polític primen respecte de les unes i de les altres.

Quina alternativa té doncs l’actual Govern? Trigarà més o  menys, però la convocatòria d’eleccions anticipades és inevitable. Ho és, perquè ens trobem en un carreró sense sortida i perquè és el compromís de Junts pel Sí  per la XI legislatura.

No vull estendrem ara respecte a les dates ni els resultats d’una convocatòria electoral avançada. Només vull subratllar que l’hora per a convocar les  eleccions l’escollirà ERC. Sé, que qui té la potestat per a fer-ho, és el President Puigdemont, però  sostinc que serà  ERC qui acabarà decidint el moment. No cal que els hi recordi que ERC i el PDeCat governen en coalició.

Una darrera consideració. Amics que estimo i valoro, suggereixen que, en  aquest precís moment, no es pot obrir cap escletxa en les files del sobiranisme en la persecució dels seus objectius. Això suposaria un afebliment a l’hora de negociar amb el Govern espanyol. De fet, aquests col·legues, sostenen aquest ben intencionat punt de vist des de fa més de dos anys.  És comprensible que en aquest estira i arronsa d’una esperançada negociació es mantingui aquest criteri. Però,  benvolguts, ha arribat l’hora d’assumir la responsabilitat de cadascú. No resta temps per a l’especulació política.

Penso que l’hipotètic desenllaç és ja un argument menor. Els catalans hem de conèixer  quina és l’exacta correlació de forces, què hem d’esperar, què podem aconseguir, com hem de prosperar i tractar d’evitar un altra possible derrota greu del catalanisme polític.

Cadascú és lliure de recomanar el que cregui oportú. A mi em sembla, que la convocatòria d’eleccions pot ésser un moment imprescindible per a decidir entre la secessió o la rectificació.  Ens entestem a anar fins el final o repensem la nostra orientació estratègica?. A tots ens tranquil·litza saber que serà el poble català qui tindrà la darrera paraula.  O no és així?

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LIBERTAD DE ELEGIR “Un gobierno sin margen de maniobra”. El Confidencial. 17.12.16

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Estaba escrito. La decisión del Tribunal Constitucional de suspender el referéndum y la presión in crescendo de la CUP reduce, notablemente, el ya estrecho margen de maniobra del Govern catalán. Los dirigentes de la CUP saben que un buen resultado en las próximas elecciones está relacionado, directamente, con la imagen de rebeldía antisistema que sean capaces de transmitir a sus eventuales electores.

El enfrentamiento, la desobediencia, la provocación y la agitación en la calle son los mejores aliados de una formación política que, más allá del objetivo de la independencia nacional, reivindica un profundo cambio de sistema. No en vano, se autoproclaman anticapitalistas. Independentismo y revolución son las dos caras de una misma orientación política. He aquí los socios del actual Govern de Catalunya.

De los diputados de la CUP depende la aprobación de los Presupuestos y la continuidad de la legislatura. Pretenden también escoger el momento más idóneo para negar el apoyo al President Puigdemont y que sea imprescindible convocar elecciones. Es la letal combinación de una dinámica rupturista y un egoísta cálculo electoral partidario.

Se aprobaran los presupuestos siempre y cuando no les sea más útil, electoralmente, romper con el Govern e ir a elecciones. Responden así a sus legítimos intereses como partido pero no a los del país. No debe sorprendernos. Creen que la mejor manera de defender a Catalunya es que su presencia política sea cada dia más mayoritaria. Natural.

Lo que no resulta normal es que el Govern de Junts pel Sí esté tan, indeclinablemente, ligado a los avatares y expectativas de la CUP. El Govern empezó con mal pie y a pesar de las bienintencionadas declaraciones de Puigdemont y Junqueras, la política del Govern está, absolutamente, condicionada por la siniestra actuación parlamentaria de la CUP.

La imagen que el Govern ofrece es muy controvertida. Los diputados y diputadas radicales rompen la foto del jefe del Estado en sede parlamentaria y el Govern se pone de perfil para no tener que criticar tal actuación. Para sorpresa de todos, se aduce que actuaban en defensa de su libertad de expresión.

Sólo la aprobación del Presupuesto podría conceder al Govern un cierto margen de maniobra. Contaba y aún cuenta con ello. Pero si la dinámica de gesticulación y desafío continua, los Presupuestos están en peligro y la legislatura acabada.

En ese contexto, ERC se mueve con absoluta cautela. Es en este sentido – lo he afirmado más de una vez- un partido con alma bonapartista. Un árbitro que se mueve entre la demanda de ruptura y el desconcierto sistemático en el que se encuentra sumido el PDECAT, acentuado desde la celebración de su último Congreso. Si a la hipotética anticipación de elecciones – posiblemente, en la primavera y con seguridad en otoño- se le añade la negativa explícita del President Puigdemont de ser el candidato del PDECAT, el desenlace es imprevisible.  Y entraña una considerable dosis de riesgo político.

Sigo pensando, no obstante, que el Vice- President Junqueras antes de quedarse sin margen alguno de maniobra, actuará en el momento en el que el escenario le sea más favorable o menos desfavorable.  Con ello tratará de evitar que las distintas opciones políticas a su izquierda y a su derecha puedan organizar, debidamente, su participación electoral. Dos son los enemigos a batir: PDECAT y los comunes de Ada Colau. Los batirá y lo hará sin remordimiento alguno. Humano, demasiado humano, diría el filósofo.

A todo esto, me pregunto, ¿quién defiende los intereses de millones de catalanes que observan el actual panorama político con una comprensible mezcla de incredulidad y decepción? Esta es una pregunta adecuada. Creo que, desde hace mucho tiempo, los políticos catalanes del Govern han decidido que sólo la independencia puede resolver sus problemas y despejar todas las incógnitas.  El gobierno del día a día viene condicionado por la hoja de ruta independentista, que es la expresión de un maximalismo voluntarista.

No hace falta decir que sin referéndum, sin independencia y sin una política que permita atender, debidamente, las inaplazables reivindicaciones de la ciudadanía, constataremos que hemos perdido, miserablemente, el tiempo. Un tiempo que jamás será recuperado. La historia y la política tienen estas cosas.

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LIBERTAD DE ELEGIR. “Elecciones en Catalunya. ¿Cuándo?. El Confidencial. 03.12.16

puigdemontCon la presentación de los Presupuestos de 2017 encarrilada, la hoja de ruta del Govern catalán se mantiene inalterable. Todo apunta a que las cuentas serán aprobadas con una indisimulada teatralidad por parte de la CUP.

A pesar de algún tímido gesto del Gobierno central que induciría a pensar que se inaugura ahora una etapa de dialogo entre gobiernos, no creo que éste pueda ser un escenario con recorrido. Más allá del agitado debate mediático, les aseguro que las condiciones de fondo no han variado.

Para el President Puigdemont y los partidos que le dan apoyo, sólo hay una auténtica negociación relevante: el referéndum. No es la única pero es la fundamental.  Se mostraran dispuestos a sentarse en la misma mesa. Se pretenderá abordar la discusión sin límites, ni condiciones. Pero sin una fórmula que posibilite la celebración de un referéndum acordado y legal, el intento no acabará en éxito.

Recordemos que el President superó la cuestión de confianza, hace, escasamente, dos meses, con el apoyo de los diputados de la CUP, obligándose a convocar con o sin acuerdo del Estado, un referéndum “vinculante” durante el mes de septiembre del 2017.  No era una ocurrencia, era un compromiso político para superar el delicado trámite parlamentario.

Así lo reafirmó también este pasado lunes Artur Mas durante un almuerzo celebrado en la Camara de Comercio de Barcelona. “Se puede negociar, pero no se debe renunciar a la celebración del referéndum”, dijo.  La consulta debería ser acordada y celebrada. Entonces y sólo entonces, con la supuesta victoria en manos de los partidos independentistas, se estaría en condiciones de negociar con el Gobierno de España los activos y los pasivos de la separación.

Creo, sinceramente, que a estas alturas, especular sobre hipotéticos escenarios de acuerdo de mínimos es un error político grave. Acariciar expectativas, pretendidamente, sólidas es de una ingenuidad conmovedora y, sostengo, que no está el país para tales distracciones.

Si no hay un referéndum acordado- y no lo habrá- el Govern catalán no se lanzará a una convocatoria como la del 9N. No se repetirá aquella iniciativa o una similar. Se apelará a las reglas democráticas para evidenciar que la decisión del Gobierno español no sólo es antipolítica sino también antidemocrática. Se proclamará la justeza de la posición independentista y se tratará a continuación de evitar el choque de trenes. ¿Apelando al sentido común? No, analizando la actual correlación de fuerzas.

Si ésta no es favorable a los intereses de los independentistas catalanes, Puigdemont disolverá el Parlament y convocará elecciones anticipadas. En otras palabras, la apuesta por la celebración de un referéndum, si o si, tiene un límite: que el referéndum no sea vinculante. Nos encontraremos ante una convocatoria de elecciones autonómicas en la forma y plebiscitarias en el contenido. En la primera formulación las elecciones son inimpugnables, en la segunda son, difícilmente, evitables. La argumentación de fondo para defender la nueva cita electoral será que Catalunya decida, si quiere avanzar o no, y cómo.

Un solo apunte al respecto. Si el voto independentista prospera se intentará la Declaración Unilateral de Independencia por parte del Parlament de Catalunya. Difícilmente, éste se detendrá a pesar de los costes políticos y las advertencias bien intencionadas. Si por el contrario, el voto independentista no progresa, el partido de izquierdas que gane las elecciones encabezará un nuevo Tripartito.  El President resultante de esta alianza post-electoral, proclamará su insobornable compromiso con la independencia, apelará a que las fuerzas independentistas crezcan y dedicará sus energías a implementar en Catalunya una audaz política de izquierdas. Si es que audacia e izquierda no están reñidas.

En otras palabras, el Govern catalán y los partidos que lo conforman, harán apología de la independencia los domingos y negociaran asuntos parciales, principalmente, económicos, los restantes días de la semana.

Ante este escenario político se preguntaran: ¿Para cuándo entonces las elecciones? Sucintamente, cuando ERC crea que la situación le favorece, electoralmente, y eso será así, cuando sus adversarios – PDECAT y los Comunes- se encuentren en las peores condiciones. La trayectoria de unos y otros es inversa. A la baja los primeros, al alza los segundos. ¿En junio o en otoño? Se verá.  Pero Junqueras, hoy callado, seguirá atento a las variables diversas y escogerá el momento que le sea más favorable. Se cerrará un largo ciclo político. De los 62 diputados en el 2012 a la Presidencia de izquierdas de la Generalitat de Catalunya en el 2017. Vivir para ver.

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