LIBERTAD DE ELEGIR. Como no pagamos suficientes impuestos…. más presión fiscal. El Confidencial. 19.11.16

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Con toda seguridad, el Govern catalán debatirá en el Parlament los Presupuestos del 2017 pues, finalmente, la CUP lo permitirá. No resulta aventurado escribir que, muy probablemente, serán aprobados.  Se hará con el imprescindible apoyo parcial de la CUP. El resto de grupos parlamentarios, por razones diversas, difícilmente, se sumará a la aprobación de la ley más importante del curso político.

No conocemos todavía el contenido preciso del nuevo Presupuesto que será presentado por Junqueras el 29 de noviembre.  Pero, adelanto una orientación expansiva del gasto  – se habla de unos 1.000 millones de euros más respecto al anterior- y una dificultad, casi insalvable, de encontrar ingresos allí donde los haya para mantener un déficit razonable – lejos aún del que sería necesario.

¿De qué estamos, completamente, seguros?  De que se incrementará todo el capítulo de gastos. ¿Qué podemos afirmar con rotundidad? Que subirán los impuestos. Gasto social indisciplinado e impuestos excesivos son dos conceptos, patrimonio tradicional de la izquierda – la clásica y la extrema – en Catalunya y en España.

Se acepta que ser de izquierdas o, cuando menos parecerlo, obliga a llevar a cabo una política sistemática de incremento de la presión fiscal. Se sostiene, reiteradamente, que ésta es en España una de las más bajas de Europa. No es cierto. Pero librar esta batalla es un afán inútil. Llevo años tratando de explicar que la presión fiscal debe ser correlacionada con el esfuerzo fiscal. Es aquí donde los contribuyentes de toda España se esfuerzan mucho más que la media de los europeos. Si se pudiera aceptar que el indicador del esfuerzo fiscal es el cociente resultante de dividir el total de la recaudación por el número de contribuyentes, acabaríamos por fin con este enojoso debate.  Nótese que en ningún momento he hablado de la calidad de los servicios, ni del crecimiento de la deuda ni de la contención del déficit. Todo esto da para sucesivos artículos. Pienso, no obstante, que el sacrificio que los contribuyentes españoles realizan a la hora de pagar sus impuestos, es desmesurado. Se ignora, obstinadamente, el alcance real de esa contribución al erario público.

El Govern catalán se plantea hoy con los nuevos Presupuestos una batería adicional de cambios fiscales. Estos son: la reforma del Impuesto de la Renta, la modificación al alza del Impuesto de Sucesiones y Donaciones y, asimismo, el del Patrimonio.  Se pretende gravar más a las rentas, pretendidamente, altas, mediante nuevas figuras impositivas e incrementos en algunas de las ya existentes. Se propone la creación de nuevos impuestos con el pretexto de la defensa de la salud (gravamen a las bebidas azucaradas) y la protección del medio ambiente (centrales nucleares y centros comerciales).

Sospecho que los Presupuestos del 2017 no sólo incluirán una subida significativa de impuestos, si no que supondrán la derogación de la Ley de Estabilidad Presupuestaria aprobada por el Parlament en el año 2012.  La finalidad de dicha ley era preservar la autonomía financiera y garantizar los objetivos de consolidación fiscal y sostenibilidad económica. Es una ley imprescindible para controlar el déficit y la deuda.  Parece que el Vice-President,   Junqueras, presionado por la CUP, no tiene claro que toda elaboración, aprobación y ejecución del Presupuesto debe hacerse bajo un marco de estabilidad presupuestaria coherente con la normativa europea.  ¿Hasta dónde el Govern catalán está dispuesto a llegar para conseguir el voto favorable de la CUP?

Me temo que el debate de los Presupuestos en el Parlamento español no presentará grandes diferencias con lo explicado hasta aquí. Los protagonistas cambian pero parecerá que el gobierno de aquí – Partido Popular – y el de allá – Junts pel Sí entienden, que la única fórmula adecuada para tratar el gasto social y combatir el déficit es con la consabida alza de impuestos a cargo, no de los que más tienen, sino de las clases medias y los trabajadores. Cuando el peso de los impuestos indirectos crece, la progresividad de los directos aumenta el resultado es, indiscutiblemente, más presión fiscal para todos y mayor esfuerzo fiscal para los de siempre.

Pienso que la moderación fiscal es una orientación política imprescindible en la segunda década del siglo XXI. El aumento sistemático de impuestos, persiguiendo el designio de la redistribución a toda costa, genera pobreza, injusticia y es el ariete fundamental de las políticas ineficientes. Si los gobiernos han de incrementar la tributación en un euro para cada ciudadano, prefiero, sin lugar a dudas, que este euro permanezca en el bolsillo del contribuyente. El gasto que cada ciudadano puede realizar – si no ahorra- estará más fundamentado y será más útil que el que pueda efectuar la Administración.

¿Queremos más políticas sociales? ¿Queremos contener el déficit? Pues reduzcan, entonces primero las bolsas de fraude fiscal del país y háganlo con determinación. Compriman después la estructura de la Administración y el gasto corriente de la misma. Pero no lo hagan a cargo de aquel ciudadano que cumple, religiosamente, con sus obligaciones.  No conviene perjudicar más los intereses de los contribuyentes que son los que pagan el grueso de los impuestos. Por cierto, las clases medias y los trabajadores de este país.

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LIBERTAD DE ELEGIR: La izquierdación: otra vuelta de tuerca. El Confidencial 04.11.16

la-izquierdizacion-otra-vuelta-de-tuercaYa he escrito alguna vez en El Confidencial que el Procés ha provocado una notable izquierdización del mapa político catalán. Un simple vistazo a la composición actual del Parlament de Catalunya indica que, sumadas las fuerzas de Junts pel Sí, Catalunya Si que es Pot, el PSC y la CUP, la izquierda dispone de una amplísima mayoría.

He sostenido, reiteradamente, que hay antecedentes históricos de peso para comprender que el avance del nacionalismo radical tras el objetivo de la independencia, ha conllevado, inevitablemente, un significativo crecimiento de las fuerzas de izquierda. Creo saber, que la consecuencia natural de este tipo de procesos para el nacionalismo menos radical, acaba siendo el abrazo a los independentistas que sostienen las posiciones más extremas. Piensan que esa política es la garantía para una hipotética culminación exitosa del Procés. Así ha sido y así es.

El referéndum, si o si, del President Puigdemont tiene toda la traza de acabar en el referéndum, no o no, del Presidente Rajoy. Ante esta eventualidad, el Govern catalán sondeará el estado de ánimo de la ciudadanía en Catalunya para decidir cómo seguir con su hoja de ruta.

Los más que probables juicios a los representantes políticos catalanes: Mas, Ortega, Rigau y Homs pueden tensar todavía más la cuerda de las relaciones entre unos y otros. Si la presión política crece y el gobierno español no mueve ficha, Puigdemont, ante la certeza de que no habrá referéndum, convocará elecciones anticipadas. Serán definidas como Constituyentes y se celebrarán durante el año 2017. El que sea antes o después del verano, dependerá del grado de ebullición de la caldera independentista.

El PSC- partido socialista catalán- contempla esta hipótesis intuyendo que los resultados que le aguardan en unas elecciones anticipadas no serán halagüeños. La fórmula que Iceta ha ideado para disimular un más que probable pésimo balance es la propuesta de una alianza electoral con Ada Colau, los Comunes y Podemos. Se entiende mucho mejor ahora la tenaz negativa del Secretario General del PSC a la investidura de Rajoy, el apoyo incondicional a Pedro Sánchez y el inusual voto en contra de los diputados socialistas catalanes.

¿Sugiero que era táctica la grave decisión de votar en contra? Más bien afirmo, que en este último debate, Iceta y la dirección del PSC han tenido más en cuenta sus necesidades electorales a corto plazo en Catalunya que ayudar a la imprescindible coherencia del Grupo Parlamentario socialista en el Congreso.

La deseada confluencia del PSC con Colau y Podemos debía pasar primero por una imagen concertada de los diputados socialistas catalanes y Podemos votando lo mismo en la sesión de investidura.  ¿A costa de quién? De sus socios españoles.

Creo que Iceta piensa que ante unas hipotéticas elecciones Constituyentes en Catalunya la independencia no prosperará. Está en lo cierto. Para él, el resultado electoral favorecerá la formación de un nuevo tripartito de izquierdas donde pugnará por estar presente. También acierta. Pero esa presencia debe garantizarse de la mano de uno de los partidos emergentes en las próximas elecciones. Ahí es donde entra Colau. He aquí una nueva vuelta de tuerca a la ya intensa izquierdización de la vida política en Catalunya. Contaremos así con un PSC más escorado hacia las posiciones de izquierda antisistema defendidas por los Comunes.

El Procés es un pretexto, las Constituyentes un instrumento y el tripartito de izquierdas un designio.

Junqueras, Colau, Iceta y los dirigentes de la CUP saben que ese es un escenario más que probable. Se tratará entonces de, apareciendo como imposible la independencia, garantizar gobiernos de izquierda que hagan madurar la consciencia de los ciudadanos para que ésta, pretendidamente, dé un salto cualitativo. Se nos dirá que la independencia no es entonces posible pero que la mejor manera de trabajar por ella es la implementación de políticas de izquierda para garantizar que el Procés siga vivo. No será verdad. El Procés estará, probablemente, tocado de muerte pero tendremos en Catalunya un nuevo gobierno de izquierdas. ¿Sólo con estos partidos? La respuesta merece un artículo aparte.

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