LIBERTAD DE ELEGIR “Un gobierno sin margen de maniobra”. El Confidencial. 17.12.16

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Estaba escrito. La decisión del Tribunal Constitucional de suspender el referéndum y la presión in crescendo de la CUP reduce, notablemente, el ya estrecho margen de maniobra del Govern catalán. Los dirigentes de la CUP saben que un buen resultado en las próximas elecciones está relacionado, directamente, con la imagen de rebeldía antisistema que sean capaces de transmitir a sus eventuales electores.

El enfrentamiento, la desobediencia, la provocación y la agitación en la calle son los mejores aliados de una formación política que, más allá del objetivo de la independencia nacional, reivindica un profundo cambio de sistema. No en vano, se autoproclaman anticapitalistas. Independentismo y revolución son las dos caras de una misma orientación política. He aquí los socios del actual Govern de Catalunya.

De los diputados de la CUP depende la aprobación de los Presupuestos y la continuidad de la legislatura. Pretenden también escoger el momento más idóneo para negar el apoyo al President Puigdemont y que sea imprescindible convocar elecciones. Es la letal combinación de una dinámica rupturista y un egoísta cálculo electoral partidario.

Se aprobaran los presupuestos siempre y cuando no les sea más útil, electoralmente, romper con el Govern e ir a elecciones. Responden así a sus legítimos intereses como partido pero no a los del país. No debe sorprendernos. Creen que la mejor manera de defender a Catalunya es que su presencia política sea cada dia más mayoritaria. Natural.

Lo que no resulta normal es que el Govern de Junts pel Sí esté tan, indeclinablemente, ligado a los avatares y expectativas de la CUP. El Govern empezó con mal pie y a pesar de las bienintencionadas declaraciones de Puigdemont y Junqueras, la política del Govern está, absolutamente, condicionada por la siniestra actuación parlamentaria de la CUP.

La imagen que el Govern ofrece es muy controvertida. Los diputados y diputadas radicales rompen la foto del jefe del Estado en sede parlamentaria y el Govern se pone de perfil para no tener que criticar tal actuación. Para sorpresa de todos, se aduce que actuaban en defensa de su libertad de expresión.

Sólo la aprobación del Presupuesto podría conceder al Govern un cierto margen de maniobra. Contaba y aún cuenta con ello. Pero si la dinámica de gesticulación y desafío continua, los Presupuestos están en peligro y la legislatura acabada.

En ese contexto, ERC se mueve con absoluta cautela. Es en este sentido – lo he afirmado más de una vez- un partido con alma bonapartista. Un árbitro que se mueve entre la demanda de ruptura y el desconcierto sistemático en el que se encuentra sumido el PDECAT, acentuado desde la celebración de su último Congreso. Si a la hipotética anticipación de elecciones – posiblemente, en la primavera y con seguridad en otoño- se le añade la negativa explícita del President Puigdemont de ser el candidato del PDECAT, el desenlace es imprevisible.  Y entraña una considerable dosis de riesgo político.

Sigo pensando, no obstante, que el Vice- President Junqueras antes de quedarse sin margen alguno de maniobra, actuará en el momento en el que el escenario le sea más favorable o menos desfavorable.  Con ello tratará de evitar que las distintas opciones políticas a su izquierda y a su derecha puedan organizar, debidamente, su participación electoral. Dos son los enemigos a batir: PDECAT y los comunes de Ada Colau. Los batirá y lo hará sin remordimiento alguno. Humano, demasiado humano, diría el filósofo.

A todo esto, me pregunto, ¿quién defiende los intereses de millones de catalanes que observan el actual panorama político con una comprensible mezcla de incredulidad y decepción? Esta es una pregunta adecuada. Creo que, desde hace mucho tiempo, los políticos catalanes del Govern han decidido que sólo la independencia puede resolver sus problemas y despejar todas las incógnitas.  El gobierno del día a día viene condicionado por la hoja de ruta independentista, que es la expresión de un maximalismo voluntarista.

No hace falta decir que sin referéndum, sin independencia y sin una política que permita atender, debidamente, las inaplazables reivindicaciones de la ciudadanía, constataremos que hemos perdido, miserablemente, el tiempo. Un tiempo que jamás será recuperado. La historia y la política tienen estas cosas.

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LIBERTAD DE ELEGIR. “Elecciones en Catalunya. ¿Cuándo?. El Confidencial. 03.12.16

puigdemontCon la presentación de los Presupuestos de 2017 encarrilada, la hoja de ruta del Govern catalán se mantiene inalterable. Todo apunta a que las cuentas serán aprobadas con una indisimulada teatralidad por parte de la CUP.

A pesar de algún tímido gesto del Gobierno central que induciría a pensar que se inaugura ahora una etapa de dialogo entre gobiernos, no creo que éste pueda ser un escenario con recorrido. Más allá del agitado debate mediático, les aseguro que las condiciones de fondo no han variado.

Para el President Puigdemont y los partidos que le dan apoyo, sólo hay una auténtica negociación relevante: el referéndum. No es la única pero es la fundamental.  Se mostraran dispuestos a sentarse en la misma mesa. Se pretenderá abordar la discusión sin límites, ni condiciones. Pero sin una fórmula que posibilite la celebración de un referéndum acordado y legal, el intento no acabará en éxito.

Recordemos que el President superó la cuestión de confianza, hace, escasamente, dos meses, con el apoyo de los diputados de la CUP, obligándose a convocar con o sin acuerdo del Estado, un referéndum “vinculante” durante el mes de septiembre del 2017.  No era una ocurrencia, era un compromiso político para superar el delicado trámite parlamentario.

Así lo reafirmó también este pasado lunes Artur Mas durante un almuerzo celebrado en la Camara de Comercio de Barcelona. “Se puede negociar, pero no se debe renunciar a la celebración del referéndum”, dijo.  La consulta debería ser acordada y celebrada. Entonces y sólo entonces, con la supuesta victoria en manos de los partidos independentistas, se estaría en condiciones de negociar con el Gobierno de España los activos y los pasivos de la separación.

Creo, sinceramente, que a estas alturas, especular sobre hipotéticos escenarios de acuerdo de mínimos es un error político grave. Acariciar expectativas, pretendidamente, sólidas es de una ingenuidad conmovedora y, sostengo, que no está el país para tales distracciones.

Si no hay un referéndum acordado- y no lo habrá- el Govern catalán no se lanzará a una convocatoria como la del 9N. No se repetirá aquella iniciativa o una similar. Se apelará a las reglas democráticas para evidenciar que la decisión del Gobierno español no sólo es antipolítica sino también antidemocrática. Se proclamará la justeza de la posición independentista y se tratará a continuación de evitar el choque de trenes. ¿Apelando al sentido común? No, analizando la actual correlación de fuerzas.

Si ésta no es favorable a los intereses de los independentistas catalanes, Puigdemont disolverá el Parlament y convocará elecciones anticipadas. En otras palabras, la apuesta por la celebración de un referéndum, si o si, tiene un límite: que el referéndum no sea vinculante. Nos encontraremos ante una convocatoria de elecciones autonómicas en la forma y plebiscitarias en el contenido. En la primera formulación las elecciones son inimpugnables, en la segunda son, difícilmente, evitables. La argumentación de fondo para defender la nueva cita electoral será que Catalunya decida, si quiere avanzar o no, y cómo.

Un solo apunte al respecto. Si el voto independentista prospera se intentará la Declaración Unilateral de Independencia por parte del Parlament de Catalunya. Difícilmente, éste se detendrá a pesar de los costes políticos y las advertencias bien intencionadas. Si por el contrario, el voto independentista no progresa, el partido de izquierdas que gane las elecciones encabezará un nuevo Tripartito.  El President resultante de esta alianza post-electoral, proclamará su insobornable compromiso con la independencia, apelará a que las fuerzas independentistas crezcan y dedicará sus energías a implementar en Catalunya una audaz política de izquierdas. Si es que audacia e izquierda no están reñidas.

En otras palabras, el Govern catalán y los partidos que lo conforman, harán apología de la independencia los domingos y negociaran asuntos parciales, principalmente, económicos, los restantes días de la semana.

Ante este escenario político se preguntaran: ¿Para cuándo entonces las elecciones? Sucintamente, cuando ERC crea que la situación le favorece, electoralmente, y eso será así, cuando sus adversarios – PDECAT y los Comunes- se encuentren en las peores condiciones. La trayectoria de unos y otros es inversa. A la baja los primeros, al alza los segundos. ¿En junio o en otoño? Se verá.  Pero Junqueras, hoy callado, seguirá atento a las variables diversas y escogerá el momento que le sea más favorable. Se cerrará un largo ciclo político. De los 62 diputados en el 2012 a la Presidencia de izquierdas de la Generalitat de Catalunya en el 2017. Vivir para ver.

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