LIBERTAD DE ELEGIR. Muerte súbita. El Confidencial 21.01.17

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El debate de los Presupuestos del 2017 en el Parlament catalán se encona cada dia que pasa. Se hubiera dicho hace unos días, que Junts pel Sí y la CUP estaban interesados en aprobar las cuentas anules para garantizar que el Procés y el referéndum no se estancaran. Parecía que ese era el designio principal.

Algunas semanas después, la situación parece más abierta e incierta que nunca. Las crecientes exigencias de la CUP y la negativa del PDeCAT, hasta el día de hoy, de acceder a sus planteamientos, han enturbiado, notablemente, la perspectiva. Como es habitual, ERC posibilita, con un rictus de impaciencia, que ambos socios aparenten pelearse a fondo y adopta una actitud más bien distante en la brega cotidiana.

La CUP defiende la modificación de tres impuestos: IRPF, Patrimonio y Sucesiones -con un retroceso en las condiciones de dicho impuesto a niveles del 2010. Un aumento de un punto o dos en el IRPF de las rentas de más de 60.000 y 90.0000 euros anuales, respectivamente, y la creación de 8 nuevos impuestos ambientales. Todas estas exigencias son de difícil aceptación para el President Puigdemont y los suyos. Aún más. La aprobación parcial de subidas significativas en el ámbito del IRPF y las modificaciones substanciales en el Impuesto de Sucesiones y de Patrimonio supondría para el PDeCAT un trágala inaceptable. Sostienen que perderían algo más que los principios y sus posiciones programáticas tradicionales.  Se pondría en duda la dignidad política como independentistas catalanes.  Tienen razón.

El día 28 de enero la CUP discutirá en su Consell Polític, si aprueba o no, los Presupuestos. El resultado es imprevisible pero conviene recordar, como he hecho a menudo, que la lógica de los dirigentes cuparies no es exactamente la misma que la de sus oponentes. Para la CUP, la dinámica revolucionaria prima por encima de todo y los pactos parlamentarios no dejan de ser una forma incómoda de contemporización política. Naturalmente, esta manera de proceder está en las antípodas del PDeCAT y ERC. Pero, es precisamente, esa lógica rupturista y antisistema la que hace posible cualquier desenlace en el Consell Polític de la CUP. Unos y otros, parten de premisas distintas y aspiran a objetivos no siempre conciliables.

Si los Presupuestos no se aprueban, la legislatura cae por muerte súbita. Parece aceptado que, ni Junts pel Sí ni la CUP, tendrían argumentos suficientes para proseguir mucho más allá los trabajos parlamentarios y al tiempo, seguir impulsando el Procés. De modo que habría que elucidar, ante una hipotética convocatoria electoral, qué parte de la responsabilidad política en la liquidación de la presente legislatura le correspondería a cada uno.  Se trataría, por supuesto, de endilgársela al socio de hoy, adversario de mañana.  Esta no es una cuestión baladí ni para los actores ni para los ciudadanos fatigados tras un largo y sinuoso recorrido.

En este contexto, ¿qué hacer con el referéndum? Pienso que es muy difícil que el President Puigdemont renuncie, sin más, a la consulta por mor de convocar elecciones anticipadas. No respetaría su promesa y eso tiene poco que ver con el estilo personal de Puigdemont y con sus reiteradas declaraciones a favor del referéndum, sí o sí, hasta hoy mismo.

Apunto una hipótesis de trabajo. Aun careciendo de las leyes de desconexión, al no poder ser aprobadas por el Parlament, las tres fuerzas políticas aliadas – PDeCAT, ERC y la CUP- decidirán jugarse, el todo por el todo, y convocar la consulta.  Sin duda, ni acordada ni legal. Lo harán, independientemente, de la posterior celebración de las elecciones y, quizás, estas serían el lenitivo aceptado por todos frente a un hipotético fracaso de la convocatoria del referéndum.

Obviamente, vivimos en un escenario muy complejo. Los intereses de los actores, si bien coinciden en la aspiración nacional, divergen en cómo ésta afecta a los cálculos de cada partido. Y aunque no lo parezca, el patriotismo más noble suele guardar relación con las expectativas electorales de cada uno.

Es, en este sentido, que si los Presupuestos no se aprobaran la muerte súbita de la legislatura sería, prácticamente, inevitable. Se trataría de mantener viva la promesa del referéndum. ¿Cómo? Esa es la principal pregunta que, a mi juicio, se están planteando hoy los estrategas independentistas. Soy de la opinión que debería ser la ciudadanía quien contestara -siendo convocada a las urnas – a esta cuestión tan relevante y aclarara, de una vez por todas, cual es el rumbo por el que debe transitar Catalunya.

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