LIBERTAD DE ELEGIR. “Jaque”- El Confidencial. 18.02.17

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Visto para sentencia el juicio del 6F al President Mas, la Vice-Presidenta Ortega y la Consellera Rigau, el balance político del mismo es, como se esperaba, controvertido. Mas esgrimió una defensa que equilibraba la total responsabilidad política de la organización del 9N con la negativa a aceptar que él y sus compañeros de Govern hubieran desobedecido al Tribunal Constitucional. Serán inhabilitados o no. Lo decidirán los jueces. Pero, aparentemente, el independentismo catalán, hasta la fecha, ha salido favorecido de esta intensa prueba de fuego.

Si se sentencia la inhabilitación, la indignada respuesta política está servida. Si por el contrario, los jueces optan por la absolución, el soberanismo presumirá de haber ganado una importante batalla al Estado. ¡No les quepa la menor duda!  He aquí, los términos de la grave contradicción pendiente aún del desenlace. Con seguridad, en ambas hipótesis se producirá un determinado nivel de respuesta ciudadana. Desconozco ahora el alcance de la misma, pero el Govern catalán jugará esta baza hasta sus últimas consecuencias. Es cierto, que la movilización del 6F fue mas bien escasa y más allá, del significado político que tuvo, quedó por debajo de las expectativas de todos. En su fuero interno, el Govern lo sabe y los partidos que le dan apoyo empiezan a pensar que esta variable puede resultar muy peligrosa, si a ella se libra toda la estrategia. Nada está escrito, aunque percibo, claramente, las primeras vacilaciones.

Aguarda ahora el juicio de Francesc Homs para el día 27F.  El escenario será distinto, y la presión en la calle, notablemente, inferior. La épica perseguida se diluirá. Pero respecto a los contenidos, el guion no se apartará demasiado de lo que oímos y vimos el 6F. Quizás, el tono de la intervención de Homs será algo más agresivo para evitar que la significación política del juicio decaiga. Creo, no obstante, que el desenlace de ambos juicios será, con particularidades, parecido. La lectura del mismo volverá a ser comprometida y discutida.

Junto al impacto político de los juicios y las sentencias, el Tribunal Constitucional ha dado un nuevo paso. Este pasado martes anuló las dos resoluciones de convocatoria de referéndum aprobadas por el Parlament de Catalunya. Y al tiempo, enviaba a la Fiscalía la posible suspensión de la Presidenta de la Cámara y la apertura de la vía penal a cuatro miembros más de la Mesa del Parlament. Más desconcierto, más incertidumbre y más tensión.

Ante tal estado de cosas, en Catalunya se juegan tres complicadas partidas de ajedrez simultáneas. La primera enfrenta al Govern catalán con el Gobierno español en torno a la convocatoria y la eventual celebración del referéndum. Sin mediadores ni mediaciones. Con la expresa voluntad de conseguir el jaque mate. La segunda partida, se libra entre el PDeCat y ERC. Los intereses de ambos jugadores divergen y, a pesar, de que conceden al desenlace de la primera partida una notable importancia, el cómo proceder y qué hacer ante la imposibilidad de celebrar el referéndum abre estrategias distintas. La cuestión de la posible inhabilitación de Junqueras por la organización material del referéndum, no es un tema menor.

Los republicanos se preguntan si cumplir con su atávico compromiso de llevar a cabo el referéndum de independencia, el precio a pagar por el intento de la celebración del mismo es proporcional. Les asaltan las dudas. Por el contario, el President Puigdemont no vacila ante este dilema: hay que pagar el precio que resulte necesario por costoso que sea.  La asunción de responsabilidades de unos y otros- ERC y el PDeCAT – y la no celebración del referéndum, hace que la partida se acabe jugando con inmensa cautela y con la esperanza de un final con tablas.

La tercera partida se juega entre Junts pel Si y la CUP. Blancas y negras enfrentadas sin cuartel ante una agresiva estrategia de ataque de la CUP que se intensificará en las próximas semanas.  Para los revolucionarios no hay alternativa. El cambio del sistema pasa por la convocatoria y celebración de la consulta y por conseguir derrotar al Estado. Están convencidos de que así ponen las bases de un ataque profundo al capitalismo, que se pretende irreversible. Nada nuevo. Es la impecable e implacable lógica de los independentistas revolucionarios. La CUP prepara su jaque mate contra todo lo que se mueve. Ante este panorama, ¿Qué se puede aventurar? En síntesis:

  • Se convocará el referéndum. No será legal ni acordado. Difícilmente, las leyes de desconexión que se debatirán, próximamente, en el Parlament permitirán una justificación de legalidad aparente de la convocatoria. Dudo que el Estado, permita que las leyes, finalmente, se aprueben.
  • El referéndum será, definitivamente, suspendido. En este caso, la resolución de la segunda y de la tercera partida de ajedrez arriba mencionadas, resulta determinante. ¿Quién asumirá entonces la responsabilidad de dar un claro paso atrás? ¿Quién cargará con el coste político de hacerlo? Quizás, ¿el Pacto Nacional por el Referéndum? Nótese que, en mi opinión, bajo ninguna circunstancia, nadie efectuará una rectificación, ni por muy leve que sea. Las fuerzas políticas y sociales soberanistas que apuestan todas por el referéndum y la mayoría por la independencia, tienen la convicción de que la Historia les contempla. Irresistible.
  • Ante la imposibilidad de celebrar el referéndum y en un escenario de creciente incertidumbre, inestabilidad, grave tensión e incluso movilizaciones importantes, las elecciones serán, fatalmente, convocadas más pronto que tarde. Serán autonómicas pero se presentarán, una vez más, como plebiscitarias. Se anunciará al pueblo de Catalunya que se juega la partida final. Sin duda, la ciudadanía moverá ficha.

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LIBERTAD DE ELEGIR. Choque de trenes, crisis y elecciones. El Confidencial. 04.02.17

 

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Finalmente, los Presupuestos de la Generalitat de Catalunya para el año en curso están en camino de ser aprobados. La muerte súbita de la XI legislatura no se ha producido. Pero no tardará. Los contenidos precisos del pacto con la CUP se conocerán a lo largo del debate presupuestario. No es esta la cuestión relevante. Lo que si es determinante, es entender que el President Puigdemont y la CUP, a cambio del acuerdo de Presupuestos, han decidido avanzar la convocatoria del referéndum. En este designio, ERC tiene escaso margen de maniobra. Se suma porqué éste ha sido siempre uno de sus objetivos políticos principales y ahora no puede decir una cosa distinta.

¿Por qué se quiere adelantar el referéndum? Lo he explicado ya en alguna otra ocasión. Para los independentistas, el éxito del Procés se fía hoy, exclusivamente, a la eventual capacidad de movilización de su electorado. Estiman que ésta alcanzará su punto álgido con los juicios al President Mas, la Vice-Presidenta Ortega y la Consellera Rigau.  A esta respuesta popular- que desean y prevén muy amplia- esperan sumar la indignación de los suyos por las dificultades políticas que surgirán si el referéndum no se celebra.

¿Quién es el demiurgo de esta situación? El Gobierno español.  ¿Cuál es el paso previo para adelantar la convocatoria del referéndum? La aprobación por parte del Govern catalán de las tres leyes de desconexión. He aquí, lo fundamental y decisivo. ¿Puede el Gobierno español y los tribunales permitir que estas leyes prosperen? En mi opinión, no. Me atrevo a decir, incluso, que tratarán, con contundencia, de evitar su aprobación en el Parlament catalán.

¿Cómo se puede celebrar un referéndum, pretendidamente legal que en ningún caso será acordado, sin ley alguna que le de amparo? Aquí está la segunda cuestión esencial.

Es, en este endiablado contexto, dónde la crisis está servida y el choque de trenes garantizado.  No entraré en la especulación de las características de dicho choque. No tiene hoy demasiado interés. Lo tendrá mañana. Resulta en cambio primordial, percibir que lo que de veras se pretende es provocar una crisis de grandes dimensiones que permita inclinar la desventajosa correlación de fuerzas que padece el independentismo catalán.  No hay otra hoja de ruta ni ningún plan B en esta fase última del Procés.

Se trata de aquilatar la magnitud de la crisis y como en una compleja partida de ajedrez, esperar los movimientos encadenados del adversario. A más bronca, más crisis, a más crisis, más probabilidad de enfrentamiento y a más enfrentamiento, una acumulación de fuerzas más favorable. Éste es, amigos, el escenario en el que se adentra, irreversiblemente, la política catalana. Tendrá con el juicio al President Mas el dia 6 de febrero, su primer acto y con el intento de aprobar las leyes de desconexión, su segundo episodio. El resto ahora mismo, es imprevisible. Quien crea que hay una sutil y elaborada estrategia que informa el actual Procés está profundamente, equivocado. Ni estrategia, ni táctica. Más allá del diálogo y de la negociación imposible, sólo resta la confrontación.

Otra de las preguntas clave es cómo se da el salto, desde la profunda crisis y del violento choque de trenes a la convocatoria de unas nuevas elecciones. ¿Cómo podrá hacerse? Sospecho que, analizada la nueva situación- extrema en cualquier caso- producto del desenlace de la crisis, se tendrá que negociar primero y pactar después una salida política viable para la ciudadanía catalana. Independientemente, de las diferentes expectativas, sólo las elecciones proporcionaran la respuesta. No serán plebiscitarias. Serán autonómicas. El pueblo de Catalunya votará, más pronto que tarde, para establecer la legitimidad de la orientación política que estime oportuna.

Se entrará, así, en una nueva etapa. Desconocemos sus perfiles principales. No obstante, se hablará del Procés en términos de pasado reciente. Por decirlo de otra manera, Catalunya habrá entrado en el post-Procés.

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Hacia el post-Procés. Economia digital. 03.02.17

El Procés para la eventual independencia de Catalunya se aproxima imparable a su desenlace. La movilización política entorno a los juicios al President Mas, la Vice-Presidenta Ortega y la Consellera Rigau devendrá esencial para determinar la correlación de fuerzas exacta entre unos y otros. Creo que es objetivo político inmediato del Govern catalán caminar de la mano de una amplia y rotunda respuesta popular a los juicios y de la convocatoria avanzada del referéndum, hacia el conflicto político final. Se verá.

El President Puigdemont i el Vice-president Junqueras, saben hoy que no les queda más remedio que fiar la suerte última del Procés a un arriesgado grado de reivindicación indignada de sus bases electorales. Son conscientes que no habrá Procés en el ámbito del diálogo, de la negociación y del acuerdo o del desacuerdo. Esa expectativa está, definitivamente, arramblada. No hay esperanza alguna.

En una etapa prerrevolucionaria como la actual, sólo la intensidad del manido choque de trenes y la fuerza de los contendientes pueden determinar el desenlace del ya largo Procés. Un final que contemplamos repleto de problemas y dificultades graves.

Con la excepción de la CUP, este escenario no satisface a nadie. Más bien, incomoda a todos. Pero sostengo que los independentistas catalanes han decidido que no hay alternativa, que no hay vuelta atrás. Nos precipitamos a una situación de crisis institucional profunda y el resultado de la misma es, ciertamente, imprevisible.

Para convocar el referéndum, el Parlament de Catalunya debe aprobar las tres leyes de desconexión. Es difícil impulsar una consulta sin el viso de legalidad que las leyes votadas en sede parlamentaria pueden pretender justificar. Todos intuimos que no habrá referéndum acordado. Muchas personas creen que con las leyes de desconexión o sin ellas, no habrá un referendum legal y quizás, no tantas, sospechamos que el fracaso de la convocatoria de la consulta – imposible de materializar- será el acto final del Procés. Sin referéndum celebrado habrá que cambiar de orientación política. Sin eufemismos: cambiar de política quiere decir rectificar.

No hay estrategia del Govern catalán para sostener un escenario alternativo e implementar un Plan B o uno C. Con el enfrentamiento que se producirá- desconocemos el alcance y la peligrosidad del mismo- la crisis está, fatalmente, servida. En función de la resolución de la misma, se tantearan opciones que ahora preocupan a todos y, lamentablemente, ocupan a pocos.

Habrá que admitir, no obstante, que hay algunos, intensamente, dedicados a condicionar determinadas respuestas. Si el desenlace se aproxima al que describo, el periodo electoral que, inevitablemente, se abrirá habrá que situarlo en el mundo del post-procés. Cuando, como solución, las elecciones se realicen, el mapa político catalán experimentará cambios notables y es aquí, querido director de Economia Digital, donde Lliures aspira a ser – con fuerza- un nuevo partido catalanista, liberal y humanista para el post-procés

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