LIBERTAD DE ELEGIR. Elecciones en Cataluña. El Confidencial. 22/07/2017

Elecciones_en_CataluñaA pesar de la convocatoria formal del referéndum para el día 1 de octubre, septiembre será el mes decisivo. Con escaso margen de maniobra, ambos gobiernos se han emplazado para celebrar o evitar la consulta. No obstante, el Ejecutivo de Puigdemont, fía definitivamente su suerte a la aprobación de la Ley del Referéndum. Esta, probablemente, será aprobada en el Parlament catalán la primera semana de septiembre. Se pretende, lisa y llanamente, instaurar una nueva legalidad en Cataluña, que permita afrontar el 1 de octubre en un marco político constitucional alternativo. Estrategia contra estrategia. Legalidad contra legalidad. Ahí se libra la batalla esencial. El gobierno español tratará de impedir por todos los medios, los pasos que dé el gobierno catalán hacia el referéndum. Éste, tratará de sortear todos los obstáculos. Para unos, se trata de contar los participantes. Para los otros, de evitar el recuento.

Preveo, un desenlace político agitado, convulso y controvertido. Con seguridad, se producirán lecturas contradictorias. Pero sospecho que, no habrá un vencedor único e indiscutido. La correlación de fuerzas se desplazará. Pero no podemos saber aún, en qué dirección. Dependerá del éxito o fracaso de la movilización popular, que tratará de capitalizar Puigdemont y su Govern. Nada está escrito, pero los independentistas confían en una respuesta ciudadana, sin precedentes, a las maniobras inevitables que el gobierno español, se verá obligado a realizar contra el independentismo catalán. Se verá.

A mi juicio, sólo hay una alternativa en el horizonte. La que permita dirimir con fundamento la orientación de futuro de la política catalana. De ello se encargarán las elecciones. Éstas llegarán y sentenciarán el actual estado de cosas. Dos preguntas acompañan este escenario. La primera, ¿quién puede llegar a convocar las elecciones?, y la segunda, ¿cuándo pueden ser celebradas? La respuesta a ambas preguntas depende del balance final del Procés. Si la movilización popular es amplia y consistente, más temprano que tarde, Puigdemont convocará las elecciones. Si la movilización es pobre, la respuesta deviene más compleja.

No ha de descartarse, no obstante, que si los independentistas ganan el pleito en la calle, el gobierno español decida medidas que, aunque proporcionadas, anulen la capacidad de maniobra del president Puigdemont.

Será la desobediencia generalizada, aquélla que posibilitará que el presidente catalán convoque las elecciones, aprovechando el estado de ánimo optimista que puede prevalecer en muchas ciudades de Cataluña. No está claro, sin embargo, que los intereses de republicanos y del PDeCAT coincidan. Con toda seguridad, no lo harán, pero para Puigdemont ,“las leyes de la historia”, son más fuertes que los designios de los aparatos de los partidos. Probablemente, al PDeCAT, no le interesará la convocatoria en modo alguno, y el vicepresident Junqueras, puede desear desgastar a los independentistas del PDeCAT hasta el final; pero me temo que el President, optará por lo que él cree que conviene a su estrategia separatista. Dicho de otro modo, la guerra seguirá por otras vías y, aunque Rajoy puede intentar rebajar la tensión política en función de su cálculo electoral, a Puigdemont le interesará todo lo contrario. En esto, como en tantas otras cosas, los objetivos son antitéticos. La batalla pasará a librarse en términos electorales. Llegados a este punto, convendría evitar que las elecciones se celebren en clave plebiscitaria, pero será imposible. Los independentistas se encargarán de ello. Es impensable que se vote en una perspectiva que supere el conflicto nacional. El electorado responderá a esta pulsión con nulo margen de maniobra. Hay que desterrar toda ilusión en este sentido.

Resultará decisivo comprobar la evolución del voto. Y en particular, la fuerza del bloque independentista. Todo resultado por debajo de los 72 diputados evidenciará un reflujo de la fuerza separatista. Cualquier resultado por encima de este número de diputados, certificará que el independentismo goza de buena salud. Calibrar este sesgo, es esencial para el ajuste de cuentas, al que unos y otros, se someterán en el marco de un final poco menos que traumático, del Procés.

Devendrá cuestión esencial la eventual formación de gobierno. En mi opinión, sólo hay dos alternativas –cuando menos en el momento presente. Una mayoría que estructure un gobierno de frente popular, o una mayoría alternativa que responda a un gobierno de centro izquierda, con las pretensiones independentistas substancialmente rebajadas. Suponer otros marcos operativos responde a la buena fe, pero no a una evaluación ajustada de la situación en Cataluña. Por ello, creo que toda estrategia política hoy debe ir más allá de la impugnación política del referéndum en su actual formulación. Debe estar enfocada a la resolución de este problema principal.

Sucederán hechos graves en el mes de septiembre. En caso alguno, se celebrará un referéndum con las garantías legales suficientes, para que sea considerado como tal. La movilización popular marcará el desenlace de esta situación. Pero en cualquier caso, las elecciones y sus resultados, serán decisivos para Cataluña. No tener en cuenta este último escenario es un error político, producto de la miopía, que impide ver con claridad el momento decisivo en el que nos encontramos. Para bien o para mal, después de la celebración de los comicios, se verá con claridad cuál es el camino a seguir por los ciudadanos de España y Cataluña. Desconocemos, ahora, el grado de desolación del paisaje en el que estas decisiones serán tomadas.

https://blogs.elconfidencial.com/espana/libertad-de-elegir/2017-07-22/elecciones-cataluna_1419103/

 


LIBERTAD DE ELEGIR. Sin ases en la manga. El Confidencial. 08.07.2017

SinAsesenlamangaEl presidente Puigdemont sigue imperturbable la hoja de ruta del independentismo catalán. No representa para mí sorpresa alguna. Le conozco desde hace muchos años y sé el designio principal de su dilatado compromiso político: la independencia de Catalunya.

El pasado martes presentó públicamente la proposición de Ley del Referéndum de Autodeterminación. Una nueva cita enmarcada en la habitual solemnidad y efectismo para que propios y extraños comprendan y acepten que el 1 de octubre se votará en referéndum. No se trata aquí de descubrir las lagunas de la Ley y el carácter presumiblemente anticonstitucional de la misma. Se ha hecho hasta la saciedad. Se trata más bien de afirmar que las múltiples dificultades objetivas no arredrarán ni a Puigdemont ni a su gobierno. No habrá vuelta atrás en la convocatoria. Sólo una oferta de amplia negociación, sin condiciones previas, con el Ejecutivo español podría inclinarle a replantear las cosas. Sospecho que no se producirá.

El cese fulminante del conseller Baiget es una muestra rotunda de cuanto digo. Las dudas, incertidumbres y temores que el Procés desata en sectores del PDeCAT serán tajantemente abortadas. La destitución del conseller de Indústria es un aviso para navegantes. No es, ahora, relevante saber, si algún otro conseller o consellera puede presentar la dimisión en un futuro inmediato. No importa, el President procederá con la misma diligencia para que nadie dude de que su propósito y el de su ejecutivo es celebrar el referéndum. Tanto el gobierno de España como el de Catalunya saben que la cuestión esencial no es tanto la convocatoria propiamente dicha, sino que su celebración permita que se cuenten los síes y los noes. Si finalmente se vota y el resultado se puede evaluar en condiciones de relativa normalidad, el independentismo catalán habrá obtenido una victoria indiscutible. Quizás no habrá ganado la guerra, pero habrá librado con éxito una de las batallas más importantes. Si se llega a contar, independientemente del resto de las presumibles irregularidades, el referéndum se habrá convertido en el elemento más dinámico de la actual situación política en Catalunya. Se entrará en una nueva fase.

Para conseguirlo, el presidente de la Generalitat sorteará todos los obstáculos. Ha demostrado que si ha de gobernar contra sectores de su propio partido, lo hace. Si el PDeCAT se desmorona es un lamentable daño colateral. El cese de Baiget, el previo debate en el ejecutivo, las declaraciones de Marta Pascal y el rosario de réplicas en las filas de los independentistas, evidencian que, en la estrategia presidencial, el partido de Artur Mas no es una pieza esencial. La CUP ha presionado y mucho para forzar al President a actuar en la forma que lo ha hecho. No era estrictamente necesario. Ha decidido solo, sabiendo que los pasos inmediatos requieren de toda su firmeza. Apurará la celebración del referéndum. En función de la respuesta del gobierno español llamará a la movilización total del pueblo de Catalunya y según el alcance de la respuesta pensará que está en condiciones de negociar o no, con el gobierno de Rajoy. No quedan así, ases en la manga. Todo el juego está al descubierto; se trata ahora de comprobar si el envite surte efecto o no. Se ha apostado todo el capital del que dispone el gobierno y las fuerzas independentistas catalanas, con la esperanza de que la correlación de fuerzas, hoy adversa, se desplace a su favor. Seguiremos hablando de incidentes múltiples, políticos y judiciales, en las próximas semanas; sólo una oferta de negociación que pudiera interpretarse como una victoria de las fuerzas independentistas haría cambiar la decisión de Puigdemont. Al llegar a la Presidencia se comprometió a intentar conseguir la independencia de Catalunya y, aunque les sorprenda, no tiene otra aspiración política que ésa.

En mi opinión, el desenlace del Procés tendrá un reflejo electoral muy obvio, en la subsiguiente e inevitable celebración de elecciones anticipadas en Catalunya. Será objeto de un futuro artículo, pero adelanto que Esquerra Republicana será, con seguridad, la formación política que más rentabilizará los episodios vividos y los que nos quedan por vivir. Toda estrategia de presente y futuro debería tener en cuenta este hecho fundamental.

En lo personal, con la declaración del Parlament del 9 de Octubre de 2015, el nacionalismo catalán cruzó definitivamente el Rubicón. Me consta que para muchos nacionalistas independentistas, los acontecimientos de esta semana señalan su propio Rubicón. Hay que entender con serenidad que se está jugando una compleja partida política ahora ya sin cartas de reserva en la baraja. Para el independentismo nacionalista no hay plan B, no hay plan C, no hay escenario alternativo. La encontrada posición del gobierno Rajoy y la dinámica del gobierno Puigdemont precipitan el actual Procés hacia un desenlace en buena medida imprevisible. Muchos catalanistas pensamos, aunque nos duela, que puestas así las cosas, cuanto antes se escriba el capítulo final de este larguísimo y agotador Procés, mejor para los ciudadanos de Catalunya.

 

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