LIBERTAD DE ELEGIR. Elecciones en Cataluña. El Confidencial. 22/07/2017

Elecciones_en_CataluñaA pesar de la convocatoria formal del referéndum para el día 1 de octubre, septiembre será el mes decisivo. Con escaso margen de maniobra, ambos gobiernos se han emplazado para celebrar o evitar la consulta. No obstante, el Ejecutivo de Puigdemont, fía definitivamente su suerte a la aprobación de la Ley del Referéndum. Esta, probablemente, será aprobada en el Parlament catalán la primera semana de septiembre. Se pretende, lisa y llanamente, instaurar una nueva legalidad en Cataluña, que permita afrontar el 1 de octubre en un marco político constitucional alternativo. Estrategia contra estrategia. Legalidad contra legalidad. Ahí se libra la batalla esencial. El gobierno español tratará de impedir por todos los medios, los pasos que dé el gobierno catalán hacia el referéndum. Éste, tratará de sortear todos los obstáculos. Para unos, se trata de contar los participantes. Para los otros, de evitar el recuento.

Preveo, un desenlace político agitado, convulso y controvertido. Con seguridad, se producirán lecturas contradictorias. Pero sospecho que, no habrá un vencedor único e indiscutido. La correlación de fuerzas se desplazará. Pero no podemos saber aún, en qué dirección. Dependerá del éxito o fracaso de la movilización popular, que tratará de capitalizar Puigdemont y su Govern. Nada está escrito, pero los independentistas confían en una respuesta ciudadana, sin precedentes, a las maniobras inevitables que el gobierno español, se verá obligado a realizar contra el independentismo catalán. Se verá.

A mi juicio, sólo hay una alternativa en el horizonte. La que permita dirimir con fundamento la orientación de futuro de la política catalana. De ello se encargarán las elecciones. Éstas llegarán y sentenciarán el actual estado de cosas. Dos preguntas acompañan este escenario. La primera, ¿quién puede llegar a convocar las elecciones?, y la segunda, ¿cuándo pueden ser celebradas? La respuesta a ambas preguntas depende del balance final del Procés. Si la movilización popular es amplia y consistente, más temprano que tarde, Puigdemont convocará las elecciones. Si la movilización es pobre, la respuesta deviene más compleja.

No ha de descartarse, no obstante, que si los independentistas ganan el pleito en la calle, el gobierno español decida medidas que, aunque proporcionadas, anulen la capacidad de maniobra del president Puigdemont.

Será la desobediencia generalizada, aquélla que posibilitará que el presidente catalán convoque las elecciones, aprovechando el estado de ánimo optimista que puede prevalecer en muchas ciudades de Cataluña. No está claro, sin embargo, que los intereses de republicanos y del PDeCAT coincidan. Con toda seguridad, no lo harán, pero para Puigdemont ,“las leyes de la historia”, son más fuertes que los designios de los aparatos de los partidos. Probablemente, al PDeCAT, no le interesará la convocatoria en modo alguno, y el vicepresident Junqueras, puede desear desgastar a los independentistas del PDeCAT hasta el final; pero me temo que el President, optará por lo que él cree que conviene a su estrategia separatista. Dicho de otro modo, la guerra seguirá por otras vías y, aunque Rajoy puede intentar rebajar la tensión política en función de su cálculo electoral, a Puigdemont le interesará todo lo contrario. En esto, como en tantas otras cosas, los objetivos son antitéticos. La batalla pasará a librarse en términos electorales. Llegados a este punto, convendría evitar que las elecciones se celebren en clave plebiscitaria, pero será imposible. Los independentistas se encargarán de ello. Es impensable que se vote en una perspectiva que supere el conflicto nacional. El electorado responderá a esta pulsión con nulo margen de maniobra. Hay que desterrar toda ilusión en este sentido.

Resultará decisivo comprobar la evolución del voto. Y en particular, la fuerza del bloque independentista. Todo resultado por debajo de los 72 diputados evidenciará un reflujo de la fuerza separatista. Cualquier resultado por encima de este número de diputados, certificará que el independentismo goza de buena salud. Calibrar este sesgo, es esencial para el ajuste de cuentas, al que unos y otros, se someterán en el marco de un final poco menos que traumático, del Procés.

Devendrá cuestión esencial la eventual formación de gobierno. En mi opinión, sólo hay dos alternativas –cuando menos en el momento presente. Una mayoría que estructure un gobierno de frente popular, o una mayoría alternativa que responda a un gobierno de centro izquierda, con las pretensiones independentistas substancialmente rebajadas. Suponer otros marcos operativos responde a la buena fe, pero no a una evaluación ajustada de la situación en Cataluña. Por ello, creo que toda estrategia política hoy debe ir más allá de la impugnación política del referéndum en su actual formulación. Debe estar enfocada a la resolución de este problema principal.

Sucederán hechos graves en el mes de septiembre. En caso alguno, se celebrará un referéndum con las garantías legales suficientes, para que sea considerado como tal. La movilización popular marcará el desenlace de esta situación. Pero en cualquier caso, las elecciones y sus resultados, serán decisivos para Cataluña. No tener en cuenta este último escenario es un error político, producto de la miopía, que impide ver con claridad el momento decisivo en el que nos encontramos. Para bien o para mal, después de la celebración de los comicios, se verá con claridad cuál es el camino a seguir por los ciudadanos de España y Cataluña. Desconocemos, ahora, el grado de desolación del paisaje en el que estas decisiones serán tomadas.

https://blogs.elconfidencial.com/espana/libertad-de-elegir/2017-07-22/elecciones-cataluna_1419103/

 


LIBERTAD DE ELEGIR. Sin ases en la manga. El Confidencial. 08.07.2017

SinAsesenlamangaEl presidente Puigdemont sigue imperturbable la hoja de ruta del independentismo catalán. No representa para mí sorpresa alguna. Le conozco desde hace muchos años y sé el designio principal de su dilatado compromiso político: la independencia de Catalunya.

El pasado martes presentó públicamente la proposición de Ley del Referéndum de Autodeterminación. Una nueva cita enmarcada en la habitual solemnidad y efectismo para que propios y extraños comprendan y acepten que el 1 de octubre se votará en referéndum. No se trata aquí de descubrir las lagunas de la Ley y el carácter presumiblemente anticonstitucional de la misma. Se ha hecho hasta la saciedad. Se trata más bien de afirmar que las múltiples dificultades objetivas no arredrarán ni a Puigdemont ni a su gobierno. No habrá vuelta atrás en la convocatoria. Sólo una oferta de amplia negociación, sin condiciones previas, con el Ejecutivo español podría inclinarle a replantear las cosas. Sospecho que no se producirá.

El cese fulminante del conseller Baiget es una muestra rotunda de cuanto digo. Las dudas, incertidumbres y temores que el Procés desata en sectores del PDeCAT serán tajantemente abortadas. La destitución del conseller de Indústria es un aviso para navegantes. No es, ahora, relevante saber, si algún otro conseller o consellera puede presentar la dimisión en un futuro inmediato. No importa, el President procederá con la misma diligencia para que nadie dude de que su propósito y el de su ejecutivo es celebrar el referéndum. Tanto el gobierno de España como el de Catalunya saben que la cuestión esencial no es tanto la convocatoria propiamente dicha, sino que su celebración permita que se cuenten los síes y los noes. Si finalmente se vota y el resultado se puede evaluar en condiciones de relativa normalidad, el independentismo catalán habrá obtenido una victoria indiscutible. Quizás no habrá ganado la guerra, pero habrá librado con éxito una de las batallas más importantes. Si se llega a contar, independientemente del resto de las presumibles irregularidades, el referéndum se habrá convertido en el elemento más dinámico de la actual situación política en Catalunya. Se entrará en una nueva fase.

Para conseguirlo, el presidente de la Generalitat sorteará todos los obstáculos. Ha demostrado que si ha de gobernar contra sectores de su propio partido, lo hace. Si el PDeCAT se desmorona es un lamentable daño colateral. El cese de Baiget, el previo debate en el ejecutivo, las declaraciones de Marta Pascal y el rosario de réplicas en las filas de los independentistas, evidencian que, en la estrategia presidencial, el partido de Artur Mas no es una pieza esencial. La CUP ha presionado y mucho para forzar al President a actuar en la forma que lo ha hecho. No era estrictamente necesario. Ha decidido solo, sabiendo que los pasos inmediatos requieren de toda su firmeza. Apurará la celebración del referéndum. En función de la respuesta del gobierno español llamará a la movilización total del pueblo de Catalunya y según el alcance de la respuesta pensará que está en condiciones de negociar o no, con el gobierno de Rajoy. No quedan así, ases en la manga. Todo el juego está al descubierto; se trata ahora de comprobar si el envite surte efecto o no. Se ha apostado todo el capital del que dispone el gobierno y las fuerzas independentistas catalanas, con la esperanza de que la correlación de fuerzas, hoy adversa, se desplace a su favor. Seguiremos hablando de incidentes múltiples, políticos y judiciales, en las próximas semanas; sólo una oferta de negociación que pudiera interpretarse como una victoria de las fuerzas independentistas haría cambiar la decisión de Puigdemont. Al llegar a la Presidencia se comprometió a intentar conseguir la independencia de Catalunya y, aunque les sorprenda, no tiene otra aspiración política que ésa.

En mi opinión, el desenlace del Procés tendrá un reflejo electoral muy obvio, en la subsiguiente e inevitable celebración de elecciones anticipadas en Catalunya. Será objeto de un futuro artículo, pero adelanto que Esquerra Republicana será, con seguridad, la formación política que más rentabilizará los episodios vividos y los que nos quedan por vivir. Toda estrategia de presente y futuro debería tener en cuenta este hecho fundamental.

En lo personal, con la declaración del Parlament del 9 de Octubre de 2015, el nacionalismo catalán cruzó definitivamente el Rubicón. Me consta que para muchos nacionalistas independentistas, los acontecimientos de esta semana señalan su propio Rubicón. Hay que entender con serenidad que se está jugando una compleja partida política ahora ya sin cartas de reserva en la baraja. Para el independentismo nacionalista no hay plan B, no hay plan C, no hay escenario alternativo. La encontrada posición del gobierno Rajoy y la dinámica del gobierno Puigdemont precipitan el actual Procés hacia un desenlace en buena medida imprevisible. Muchos catalanistas pensamos, aunque nos duela, que puestas así las cosas, cuanto antes se escriba el capítulo final de este larguísimo y agotador Procés, mejor para los ciudadanos de Catalunya.

 

http://blogs.elconfidencial.com/espana/libertad-de-elegir/2017-07-08/ley-de-referendum-puigdemont-independencia-cataluna_1410993/

 

 


LIBERTAD DE ELEGIR. E pur si muove. El Confidencial 24.06.17

 

A menudo me comentan, cuan sorprendente es la aparente uniformidad del pensamiento y la acción política de los catalanes. Se diría que el grueso de la ciudadanía se manifiesta receptiva a las tesis separatistas y a la celebración de un referéndum de autodeterminación en cualquier circunstancia.  En efecto, esta es una imagen trasladada con éxito a la opinión pública española en su conjunto.  La batalla por el imaginario colectivo y la proyección del mismo ha sido ganada claramente por las formaciones independentistas. Parecería que un discurso lineal con escasos matices, se impone en Catalunya y evidencia la lógica de un amplio deseo de ruptura. No es cierto.

Catalunya es un país plural. Todas las contiendas electorales y, en particular la última, lo demuestran. No obstante, la hegemonía política y la dinámica de movilización corresponden, indiscutiblemente, a los secesionistas. Todo esto se explica porque una parte influyente de la sociedad civil organizada ha jugado un papel decisivo en este menester. ANC, Ómnium y centenares de cargos públicos han apostado y apuestan por la independencia sin reparo alguno. El clima político dominante refuerza la idea de que los ayuntamientos catalanes están en manos de los que preconizan el referéndum y, en buena medida, de aquellos que quieren romper con España.

Es una lectura correcta. Preocupante, pero cierta. Diputados, alcaldes, concejales y responsables públicos de toda índole apoyan una dinámica de oposición al Estado español que se ha convertido en mayoritaria en las instituciones catalanas. Revertir este proceso es una tarea extraordinariamente compleja. Y si se consigue, llevará mucho tiempo.

¿Qué sucede entonces con aquellos catalanes que no se manifiestan favorables o, incondicionalmente, afectos al Procés? La aceptación resignada de la extrema dificultad de nadar contra corriente ha hecho hueco en la sociedad catalana. Alzar la voz en el actual estado de cosas no es fácil y, a menudo, poco recomendable. Todo ello no sólo tiene que ver con el debate nacional. Guarda también relación con el progresivo desplazamiento de las políticas gubernamentales hacía la izquierda. El Procés ha comportado una radicalización de los presupuestos ideológicos izquierdistas de la mayoría de los partidos y, para sorpresa de muchos, de algún partido tradicionalmente situado en el centro. Es el caso del PDeCat.  Heredero de la vieja tradición catalanista de CDC y de su aliado, UDC, la nueva formación ha devenido un instrumento al servicio de la independencia, la república y las políticas asociadas, normalmente, a la izquierda. El rol político de ERC ha tenido mucho que ver en esta vertiginosa transformación y la CUP, con sus políticas extremistas en el Parlament ha condicionado, finalmente, esta mutación de manera irreversible.

Cabe preguntarse si la partida del referéndum y sus consecuencias está, irremisiblemente perdida. Creo, sinceramente, que no. Aunque resulta estratégicamente decisiva la capacidad para ocupar primero y transformar después, el tradicional centro político catalán. Hoy este potencial electorado se siente, claramente, huérfano y mediatizado por la disyuntiva entre independencia si, independencia no. En la resolución de esta dicotomía se juega la gran partida de ajedrez en el tablero catalán en los próximos meses. A mi juicio, se ganará o se perderá si se es capaz de dar confianza y voz a un electorado que asiste desconcertado y desmoralizado a la singular evolución del Procés en estos últimos años.

El espacio político de centro ha sido abandonado por el PDeCat. Unió ha desaparecido de la escena política. Sospecho que es en el amplísimo colectivo de las clases medias catalanas donde la rectificación del rumbo político no sólo es necesaria, sino posible. Dicho de otra manera, decenas y decenas de miles de catalanes, que aceptaron la premisa de que la ruptura con España era imprescindible para Catalunya, pueden y deben entender ahora, que esta es una pésima solución para sus intereses. Separados de España, fuera de la Unión Europea y con una dinámica de marcado tono revolucionario, estos catalanes intuyen que su futuro puede ser peor que su presente. Tal certeza va abriéndose camino en determinados sectores de votantes, que aún hoy, siguen siendo favorables a la celebración de una consulta.

Debe explicarse que ningún referéndum es posible si no es producto de la legalidad y de un acuerdo explícito con el gobierno español. Sólo así puede tener efectos vinculantes y gozar del estatuto de legalidad política que en ningún caso, se puede relegar. Gustaran más o menos, pero las leyes han de cumplirse.

Conocemos ya la fecha y la pregunta del referéndum. Algunos creemos que su celebración es imposible y que nadie está interesado en la reedición de un nuevo 9N pues evidenciaría un significativo retroceso de las fuerzas independentistas difícil de enmascarar. Ganar la batalla de las ideas resulta fundamental.  Esta contienda se libra, en buena medida, en el espacio de centro de la política catalana. Y de su incierto resultado depende el desenlace que nos aguarda. Recientes movimientos en el ámbito del asociacionismo catalán y en el nacimiento de instrumentos al servicio de estas ideas, abren una puerta a la esperanza. Parecería que las cosas se mueven.

En mi opinión, el Congreso de Lliures celebrado con éxito este pasado viernes y el anuncio de nuevas iniciativas para fortalecer el centro catalanista, deberían inaugurar una nueva etapa. En ella, puede crecer la confianza en las posibilidades de todos aquellos que apostamos por el autogobierno en Catalunya y que creemos que resulta compatible con una leal convivencia con el resto de los pueblos de España. No va a ser fácil. Lo sabemos. Es impostergable, defender los principios, poner el catalanismo al día, luchar por las ideas liberales y humanistas y esperar, con un punto de optimismo, que los catalanes entiendan que otros caminos pueden ser transitados, pero que nos llevan a una clara derrota y a un volver a empezar. Esta es una penosa circunstancia que no queremos para Catalunya.

Hablo de deseos, de esperanzas, de proyectos y de realidades, pero en cualquier caso, sólo la convocatoria, tarde o temprano, de unas elecciones anticipadas en Catalunya despejaran la incógnita. Nos acecha un riesgo letal: no tener el valor y el coraje suficientes para nadar resueltos contra corriente. Sostengo que, en el fondo de esta corriente, anidan anhelos de convivencia, tolerancia, respeto y progreso. La tarea fundamental de la hora presente consiste en hacerlos aflorar.

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LIBERTAD DE ELEGIR ” Un catalanismo no soberanista”. El Confidencial. 22.04.17

En el contexto político que vive Catalunya, descrito ampliamente, en artículos anteriores para El Confidencial, el Govern catalán y las fuerzas independentistas poseen un escaso margen de maniobra para continuar con su hoja de ruta. Paradójicamente, tampoco lo tienen para renunciar a la independencia. Teniendo clara la percepción de que la política del Gobierno español pone en una situación límite al Govern, el President Puigdemont tratará de convocar el referéndum. Más aún, en la última semana ha intensificado las reuniones y los acuerdos para cerrar filas. Se trata de disipar cualquier duda a la hora de actuar y demostrar que no hay discrepancias en el seno de los separatistas. Las hay, pero no se formulan, explícitamente.

El Vice-President Junqueras ha ido más lejos. Ha asegurado que en el caso de que el Gobierno español impida el referéndum, la Declaración Unilateral de Independencia podría ser la solución que desbloquee la actual situación. Esta posibilidad, ha recordado, forma parte del programa electoral de Junts pel Sí.

Aunque se cree en general que ante el abismo, los hombres suelen frenar, no siempre es así. A pesar de las dificultades que el cumplimiento de la mencionada hoja de ruta conlleva y las graves consecuencias que puede tener para la ciudadanía, si prestamos la debida atención a las declaraciones de los dirigentes independentistas, el referéndum se convocará, se celebrará y se ganará. Están en su derecho de pensarlo.

Es verdad,  que en privado dicen cosas diferentes, pero creo en la responsabilidad de los políticos de Catalunya y me guio por lo que dicen y hacen públicamente. He señalado, con un punto de reiteración, que la única alternativa para hacer frente a la delicada encrucijada sería una convocatoria anticipada de elecciones. Y puede hacerse, consensuadamente, entre todas las fuerzas políticas catalanas para posibilitar una nueva evaluación del estado de la cuestión. Se trata, una vez más, de que los ciudadanos decidan. No hace falta insistir en la idoneidad de este planteamiento.

¿Qué tipo de partido sería necesario para aportar elementos suficientes de racionalidad y compromiso en la hora presente? Pienso, como otros muchos catalanes, que resulta ineludible configurar con determinación un espacio político propio de un catalanismo no soberanista, que responda con inteligencia a los enormes retos de la segunda década del siglo XXI.  Un catalanismo que haya aprendido todas y cada una de las múltiples lecciones que se desprenden del largo Procés. Que, sin dramatismo, apueste por el autogobierno de Catalunya en un evolucionado marco de relaciones con España. Sabiendo que, en función de la actual correlación de fuerzas, ello pasa, obligatoriamente, por la negociación, el diálogo, la obtención y cesión de sólidas contrapartidas. Un nuevo clima para unas viejas aspiraciones.

Creo, sinceramente, que este espacio político responde al anhelo y las expectativas de miles y miles de catalanes que quieren lo mejor para Catalunya y no desean aventuras con finales inciertos. Son muchos los puntos de vista y los matices que configuran hoy la atinada respuesta que queremos dar los catalanes, pero el denominador común debería ser la imprescindible negociación.

Cinco años de enorme tensión política dan para demasiado y, poco a poco, se impone la certeza de que, probablemente, hemos ido muy lejos para llegar a ninguna parte.  Muchos de nuestros conciudadanos creen, que no se puede ni se debe seguir por este camino, y que esta no es la mejor manera de hacer las cosas.

El catalanismo no soberanista tiene un importante papel a jugar en España y en Europa. Respetando y siendo respetado por todos. Catalunya no obtendrá nada positivo ni durable de la mano del enfrentamiento, la bronca, la desobediencia y las declaraciones unilaterales. El fin nunca justifica los medios.

Se objetará que el Gobierno español no lo pone nada fácil. Es verdad.  Se dirá que se han dado escasas oportunidades y que sus actitudes políticas han sido, a menudo, desafortunadas. Es cierto. Pero en política, no hay otro camino que la dura negociación, el diálogo cordial, la aceptación indiscutible de la ley y el compromiso político. Muchos de los dirigentes del independentismo catalán parecen creer que hay otra solución posible: la revolucionaria. Desgraciadamente, se sienten tentados de llevarla a cabo.  El hipotético desenlace de una orientación revolucionaria, antisistema y anticapitalista llevaría a los catalanes a un estruendoso fracaso. Se ha andado parte del camino de la mano de la CUP y debe ser desandado.

Todos los argumentos deben ser escuchados y todos merecen respeto, pero sospecho que una amplia mayoría del pueblo catalán no desea un estado propio a cualquier precio. Es imprescindible alumbrar un catalanismo no soberanista que consiga una intensa autonomía para Catalunya y encabece un gobierno que se dedique a gobernar, dia a dia, con la vocación de encontrar puntos de acuerdo, más allá de la inacabable controversia política.

Esta es la tradición política del mejor catalanismo. Es una manera de entender el país y desarrollar su relación con el resto de ciudadanos de España. El catalanismo que pone en el centro de su visión y acción políticas la creciente prosperidad de los catalanes e impulsa las medidas que garantizan la libertad y el orden. Hay otras alternativas, pero, personalmente, no me convencen y me temo que, colectivamente, abren una vía por la que no quisiera que mis conciudadanos se viesen obligados a transitar.

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LIBERTAD DE ELEGIR. “Tempus fugit”. El Confidencial. 18.03.17

No es una novedad afirmar que la situación política en Catalunya es poco menos que explosiva. Resulta innecesario entrar en detalles. Conviene, no obstante, destacar que las sentencias del 9N, el desarrollo del cas Palau, la creciente tensión en el Parlament y el complejo horizonte judicial que se avecina problematizan el escenario.

El Govern catalán y los partidos independentistas se presentan como víctimas de un contexto político adverso.  Presuntas víctimas. Y, juntamente, con la Asamblea Nacional Catalana (ANC) y Ómnium elaboran posibles mapas futuros. Esta semana hemos conocido la nueva hoja de ruta de la ANC. Una apuesta sin matices por la ruptura definitiva. En todas las hipótesis de trabajo, la respuesta de la ciudadanía, entendida como movilización popular, es la auténtica medida de todas las cosas. El agotamiento del tiempo de la hoja de ruta aprobada por el Parlament es el elemento clave. Se toma dolorosa conciencia de la irreversibilidad del tempus fugit

La apuesta organizativa más relevante de esta estrategia política radica en aprobar la Ley de Transitoriedad Jurídica y convocar, al mismo tiempo, un referéndum amparado a la nueva legalidad catalana. Hoy no hay un plan B ante cualquier eventualidad que implique la no celebración de la consulta refrendataria con efectos vinculantes. Ése es el discurso oficial y en eso cree una amplia mayoría de dirigentes independentistas. Ahora bien, convocar un referéndum no supone necesariamente celebrarlo.

El reto exige responder a unas preguntas esenciales: ¿Cómo actuará el Gobierno español? ¿Cometerá algún error grave con consecuencias trascendentes? ¿Podrá un cúmulo de errores justificar la exhortación, por parte del Govern catalán y de las fuerzas parlamentarias que le dan apoyo, a movilizarse en defensa de una supuesta dignidad nacional maltratada? Ahí reside la cuestión fundamental para entender qué sucede hoy y qué puede ocurrir en las próximas semanas en Catalunya.

No aventuro aquí ni la conducta del Gobierno español, ni la eventual respuesta de sus antagonistas del Govern. Nadie tiene suficientes elementos de juicio para evaluar hasta qué punto, unos y otros, pueden mantener el envite hasta el final. Buenos conocedores de la estrategia gubernamental sostienen que el Presidente Rajoy no caerá en esa trampa y no cometerá errores de calibre. La política tejida de emociones y sorpresas no es un campo abonado para los augurios.  Ya se verá.

No obstante, sí podemos analizar aquí las diferencias que, entre los socios de Junts pel Sí, van adquiriendo carta de naturaleza ante una situación tan extrema. Republicanos e independentistas persiguen el mismo objetivo común: la separación de Catalunya, su independencia. Creen, firmemente, en su necesidad histórica, y batallan para conseguirla cuanto antes.

Sin embargo, el PDeCat tiene que hacerlo con las manos atadas a la espalda. Los juicios que afectan a dirigentes principales, las condenas por inhabilitación al President Mas, la Vice-Presidenta Ortega y la Consellera Rigau y la imposibilidad de que Artur Mas sea el candidato del PDeCat en las próximas elecciones, les desconcierta y les paraliza.

¿Ir a unas elecciones anticipadas? Sí. Hacerlo con una fórmula parecida a la de Junts pel Sí? No. ¿Con qué candidato/a? No hay por ahora respuesta. ¿Cuál podría ser la situación del PDeCat en unas elecciones anticipadas, celebradas, como muy tarde, en otoño? Esta última pregunta pesa como una losa sobre los dirigentes nacionalistas.

Por otra parte, ERC, vive una tensión de naturaleza distinta. La convivencia en el Govern con el PDeCat, heredero autoproclamado de la vieja CDC, se revela cada vez más inconveniente y menos deseable. Las bases militantes republicanas exigen, rotundamente, el referéndum, su celebración, distanciarse a tiempo del PDeCat e ir después a unas elecciones anticipadas. El candidato Junqueras las podría ganar y es, plenamente, consciente de ello. Probablemente, esté valorando el grado de maduración de las condiciones objetivas que le garanticen su victoria electoral. Éstas no pueden pudrirse con el inapelable discurrir de los meses. El tempus fugit deviene, implacable, un peligro notable para la consecución de una victoria holgada de ERC. Debería ser pues conjurado.

Ambos partidos apoyan el referéndum. Por supuesto. La convocatoria del mismo resulta inevitable. La percepción de la respuesta del Gobierno español es discutible. Pero para ERC ganar las elecciones es el gran objetivo no confesado. Creen que, con toda probabilidad, la independencia llegará de su mano en un futuro no muy lejano pero todavía hay muchos obstáculos que superar. La competencia por la hegemonía del espacio de centro – izquierda, es uno más a salvar. En ese contexto, la contrastada pérdida de las expectativas electorales de los ex convergentes es capital para el proyecto de Junqueras. Nada nuevo bajo el sol. Es más, se comprende que así sea.

La dialéctica bascula entre la convocatoria del referéndum y cuándo será posible celebrar elecciones anticipadas. Y se ha de poder hacer, sin que la ciudadanía tenga la sospecha de que se ha renunciado a las más firmes convicciones independentistas. Hablé de ello en el último artículo para El Confidencial.

Si quiero señalar, que intuyo que cada fuerza política – PdeCat y ERC-   desde su particular óptica, pretende disponer de un buen pretexto para que, convocado el referéndum, se pueda aceptar su imposible celebración y mantener, no obstante, las máximas expectativas desde el punto de vista electoral. El problema entre los independentistas radica que lo que es recomendable para ERC es pésimo para el PDeCat. La prudencia y la cautela que observamos desde hace semanas en la mayoría de dirigentes independentistas responden a esa íntima preocupación. Todo adquiere un tinte más dramático cuando se comprueba que el tiempo, inasible, se acaba.

 Tempus Fugit


LIBERTAD DE ELEGIR. “Jaque”- El Confidencial. 18.02.17

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Visto para sentencia el juicio del 6F al President Mas, la Vice-Presidenta Ortega y la Consellera Rigau, el balance político del mismo es, como se esperaba, controvertido. Mas esgrimió una defensa que equilibraba la total responsabilidad política de la organización del 9N con la negativa a aceptar que él y sus compañeros de Govern hubieran desobedecido al Tribunal Constitucional. Serán inhabilitados o no. Lo decidirán los jueces. Pero, aparentemente, el independentismo catalán, hasta la fecha, ha salido favorecido de esta intensa prueba de fuego.

Si se sentencia la inhabilitación, la indignada respuesta política está servida. Si por el contrario, los jueces optan por la absolución, el soberanismo presumirá de haber ganado una importante batalla al Estado. ¡No les quepa la menor duda!  He aquí, los términos de la grave contradicción pendiente aún del desenlace. Con seguridad, en ambas hipótesis se producirá un determinado nivel de respuesta ciudadana. Desconozco ahora el alcance de la misma, pero el Govern catalán jugará esta baza hasta sus últimas consecuencias. Es cierto, que la movilización del 6F fue mas bien escasa y más allá, del significado político que tuvo, quedó por debajo de las expectativas de todos. En su fuero interno, el Govern lo sabe y los partidos que le dan apoyo empiezan a pensar que esta variable puede resultar muy peligrosa, si a ella se libra toda la estrategia. Nada está escrito, aunque percibo, claramente, las primeras vacilaciones.

Aguarda ahora el juicio de Francesc Homs para el día 27F.  El escenario será distinto, y la presión en la calle, notablemente, inferior. La épica perseguida se diluirá. Pero respecto a los contenidos, el guion no se apartará demasiado de lo que oímos y vimos el 6F. Quizás, el tono de la intervención de Homs será algo más agresivo para evitar que la significación política del juicio decaiga. Creo, no obstante, que el desenlace de ambos juicios será, con particularidades, parecido. La lectura del mismo volverá a ser comprometida y discutida.

Junto al impacto político de los juicios y las sentencias, el Tribunal Constitucional ha dado un nuevo paso. Este pasado martes anuló las dos resoluciones de convocatoria de referéndum aprobadas por el Parlament de Catalunya. Y al tiempo, enviaba a la Fiscalía la posible suspensión de la Presidenta de la Cámara y la apertura de la vía penal a cuatro miembros más de la Mesa del Parlament. Más desconcierto, más incertidumbre y más tensión.

Ante tal estado de cosas, en Catalunya se juegan tres complicadas partidas de ajedrez simultáneas. La primera enfrenta al Govern catalán con el Gobierno español en torno a la convocatoria y la eventual celebración del referéndum. Sin mediadores ni mediaciones. Con la expresa voluntad de conseguir el jaque mate. La segunda partida, se libra entre el PDeCat y ERC. Los intereses de ambos jugadores divergen y, a pesar, de que conceden al desenlace de la primera partida una notable importancia, el cómo proceder y qué hacer ante la imposibilidad de celebrar el referéndum abre estrategias distintas. La cuestión de la posible inhabilitación de Junqueras por la organización material del referéndum, no es un tema menor.

Los republicanos se preguntan si cumplir con su atávico compromiso de llevar a cabo el referéndum de independencia, el precio a pagar por el intento de la celebración del mismo es proporcional. Les asaltan las dudas. Por el contario, el President Puigdemont no vacila ante este dilema: hay que pagar el precio que resulte necesario por costoso que sea.  La asunción de responsabilidades de unos y otros- ERC y el PDeCAT – y la no celebración del referéndum, hace que la partida se acabe jugando con inmensa cautela y con la esperanza de un final con tablas.

La tercera partida se juega entre Junts pel Si y la CUP. Blancas y negras enfrentadas sin cuartel ante una agresiva estrategia de ataque de la CUP que se intensificará en las próximas semanas.  Para los revolucionarios no hay alternativa. El cambio del sistema pasa por la convocatoria y celebración de la consulta y por conseguir derrotar al Estado. Están convencidos de que así ponen las bases de un ataque profundo al capitalismo, que se pretende irreversible. Nada nuevo. Es la impecable e implacable lógica de los independentistas revolucionarios. La CUP prepara su jaque mate contra todo lo que se mueve. Ante este panorama, ¿Qué se puede aventurar? En síntesis:

  • Se convocará el referéndum. No será legal ni acordado. Difícilmente, las leyes de desconexión que se debatirán, próximamente, en el Parlament permitirán una justificación de legalidad aparente de la convocatoria. Dudo que el Estado, permita que las leyes, finalmente, se aprueben.
  • El referéndum será, definitivamente, suspendido. En este caso, la resolución de la segunda y de la tercera partida de ajedrez arriba mencionadas, resulta determinante. ¿Quién asumirá entonces la responsabilidad de dar un claro paso atrás? ¿Quién cargará con el coste político de hacerlo? Quizás, ¿el Pacto Nacional por el Referéndum? Nótese que, en mi opinión, bajo ninguna circunstancia, nadie efectuará una rectificación, ni por muy leve que sea. Las fuerzas políticas y sociales soberanistas que apuestan todas por el referéndum y la mayoría por la independencia, tienen la convicción de que la Historia les contempla. Irresistible.
  • Ante la imposibilidad de celebrar el referéndum y en un escenario de creciente incertidumbre, inestabilidad, grave tensión e incluso movilizaciones importantes, las elecciones serán, fatalmente, convocadas más pronto que tarde. Serán autonómicas pero se presentarán, una vez más, como plebiscitarias. Se anunciará al pueblo de Catalunya que se juega la partida final. Sin duda, la ciudadanía moverá ficha.

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LIBERTAD DE ELEGIR. Choque de trenes, crisis y elecciones. El Confidencial. 04.02.17

 

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Finalmente, los Presupuestos de la Generalitat de Catalunya para el año en curso están en camino de ser aprobados. La muerte súbita de la XI legislatura no se ha producido. Pero no tardará. Los contenidos precisos del pacto con la CUP se conocerán a lo largo del debate presupuestario. No es esta la cuestión relevante. Lo que si es determinante, es entender que el President Puigdemont y la CUP, a cambio del acuerdo de Presupuestos, han decidido avanzar la convocatoria del referéndum. En este designio, ERC tiene escaso margen de maniobra. Se suma porqué éste ha sido siempre uno de sus objetivos políticos principales y ahora no puede decir una cosa distinta.

¿Por qué se quiere adelantar el referéndum? Lo he explicado ya en alguna otra ocasión. Para los independentistas, el éxito del Procés se fía hoy, exclusivamente, a la eventual capacidad de movilización de su electorado. Estiman que ésta alcanzará su punto álgido con los juicios al President Mas, la Vice-Presidenta Ortega y la Consellera Rigau.  A esta respuesta popular- que desean y prevén muy amplia- esperan sumar la indignación de los suyos por las dificultades políticas que surgirán si el referéndum no se celebra.

¿Quién es el demiurgo de esta situación? El Gobierno español.  ¿Cuál es el paso previo para adelantar la convocatoria del referéndum? La aprobación por parte del Govern catalán de las tres leyes de desconexión. He aquí, lo fundamental y decisivo. ¿Puede el Gobierno español y los tribunales permitir que estas leyes prosperen? En mi opinión, no. Me atrevo a decir, incluso, que tratarán, con contundencia, de evitar su aprobación en el Parlament catalán.

¿Cómo se puede celebrar un referéndum, pretendidamente legal que en ningún caso será acordado, sin ley alguna que le de amparo? Aquí está la segunda cuestión esencial.

Es, en este endiablado contexto, dónde la crisis está servida y el choque de trenes garantizado.  No entraré en la especulación de las características de dicho choque. No tiene hoy demasiado interés. Lo tendrá mañana. Resulta en cambio primordial, percibir que lo que de veras se pretende es provocar una crisis de grandes dimensiones que permita inclinar la desventajosa correlación de fuerzas que padece el independentismo catalán.  No hay otra hoja de ruta ni ningún plan B en esta fase última del Procés.

Se trata de aquilatar la magnitud de la crisis y como en una compleja partida de ajedrez, esperar los movimientos encadenados del adversario. A más bronca, más crisis, a más crisis, más probabilidad de enfrentamiento y a más enfrentamiento, una acumulación de fuerzas más favorable. Éste es, amigos, el escenario en el que se adentra, irreversiblemente, la política catalana. Tendrá con el juicio al President Mas el dia 6 de febrero, su primer acto y con el intento de aprobar las leyes de desconexión, su segundo episodio. El resto ahora mismo, es imprevisible. Quien crea que hay una sutil y elaborada estrategia que informa el actual Procés está profundamente, equivocado. Ni estrategia, ni táctica. Más allá del diálogo y de la negociación imposible, sólo resta la confrontación.

Otra de las preguntas clave es cómo se da el salto, desde la profunda crisis y del violento choque de trenes a la convocatoria de unas nuevas elecciones. ¿Cómo podrá hacerse? Sospecho que, analizada la nueva situación- extrema en cualquier caso- producto del desenlace de la crisis, se tendrá que negociar primero y pactar después una salida política viable para la ciudadanía catalana. Independientemente, de las diferentes expectativas, sólo las elecciones proporcionaran la respuesta. No serán plebiscitarias. Serán autonómicas. El pueblo de Catalunya votará, más pronto que tarde, para establecer la legitimidad de la orientación política que estime oportuna.

Se entrará, así, en una nueva etapa. Desconocemos sus perfiles principales. No obstante, se hablará del Procés en términos de pasado reciente. Por decirlo de otra manera, Catalunya habrá entrado en el post-Procés.

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