LIBERTAD DE ELEGIR. Elecciones en Cataluña. El Confidencial. 22/07/2017

Elecciones_en_CataluñaA pesar de la convocatoria formal del referéndum para el día 1 de octubre, septiembre será el mes decisivo. Con escaso margen de maniobra, ambos gobiernos se han emplazado para celebrar o evitar la consulta. No obstante, el Ejecutivo de Puigdemont, fía definitivamente su suerte a la aprobación de la Ley del Referéndum. Esta, probablemente, será aprobada en el Parlament catalán la primera semana de septiembre. Se pretende, lisa y llanamente, instaurar una nueva legalidad en Cataluña, que permita afrontar el 1 de octubre en un marco político constitucional alternativo. Estrategia contra estrategia. Legalidad contra legalidad. Ahí se libra la batalla esencial. El gobierno español tratará de impedir por todos los medios, los pasos que dé el gobierno catalán hacia el referéndum. Éste, tratará de sortear todos los obstáculos. Para unos, se trata de contar los participantes. Para los otros, de evitar el recuento.

Preveo, un desenlace político agitado, convulso y controvertido. Con seguridad, se producirán lecturas contradictorias. Pero sospecho que, no habrá un vencedor único e indiscutido. La correlación de fuerzas se desplazará. Pero no podemos saber aún, en qué dirección. Dependerá del éxito o fracaso de la movilización popular, que tratará de capitalizar Puigdemont y su Govern. Nada está escrito, pero los independentistas confían en una respuesta ciudadana, sin precedentes, a las maniobras inevitables que el gobierno español, se verá obligado a realizar contra el independentismo catalán. Se verá.

A mi juicio, sólo hay una alternativa en el horizonte. La que permita dirimir con fundamento la orientación de futuro de la política catalana. De ello se encargarán las elecciones. Éstas llegarán y sentenciarán el actual estado de cosas. Dos preguntas acompañan este escenario. La primera, ¿quién puede llegar a convocar las elecciones?, y la segunda, ¿cuándo pueden ser celebradas? La respuesta a ambas preguntas depende del balance final del Procés. Si la movilización popular es amplia y consistente, más temprano que tarde, Puigdemont convocará las elecciones. Si la movilización es pobre, la respuesta deviene más compleja.

No ha de descartarse, no obstante, que si los independentistas ganan el pleito en la calle, el gobierno español decida medidas que, aunque proporcionadas, anulen la capacidad de maniobra del president Puigdemont.

Será la desobediencia generalizada, aquélla que posibilitará que el presidente catalán convoque las elecciones, aprovechando el estado de ánimo optimista que puede prevalecer en muchas ciudades de Cataluña. No está claro, sin embargo, que los intereses de republicanos y del PDeCAT coincidan. Con toda seguridad, no lo harán, pero para Puigdemont ,“las leyes de la historia”, son más fuertes que los designios de los aparatos de los partidos. Probablemente, al PDeCAT, no le interesará la convocatoria en modo alguno, y el vicepresident Junqueras, puede desear desgastar a los independentistas del PDeCAT hasta el final; pero me temo que el President, optará por lo que él cree que conviene a su estrategia separatista. Dicho de otro modo, la guerra seguirá por otras vías y, aunque Rajoy puede intentar rebajar la tensión política en función de su cálculo electoral, a Puigdemont le interesará todo lo contrario. En esto, como en tantas otras cosas, los objetivos son antitéticos. La batalla pasará a librarse en términos electorales. Llegados a este punto, convendría evitar que las elecciones se celebren en clave plebiscitaria, pero será imposible. Los independentistas se encargarán de ello. Es impensable que se vote en una perspectiva que supere el conflicto nacional. El electorado responderá a esta pulsión con nulo margen de maniobra. Hay que desterrar toda ilusión en este sentido.

Resultará decisivo comprobar la evolución del voto. Y en particular, la fuerza del bloque independentista. Todo resultado por debajo de los 72 diputados evidenciará un reflujo de la fuerza separatista. Cualquier resultado por encima de este número de diputados, certificará que el independentismo goza de buena salud. Calibrar este sesgo, es esencial para el ajuste de cuentas, al que unos y otros, se someterán en el marco de un final poco menos que traumático, del Procés.

Devendrá cuestión esencial la eventual formación de gobierno. En mi opinión, sólo hay dos alternativas –cuando menos en el momento presente. Una mayoría que estructure un gobierno de frente popular, o una mayoría alternativa que responda a un gobierno de centro izquierda, con las pretensiones independentistas substancialmente rebajadas. Suponer otros marcos operativos responde a la buena fe, pero no a una evaluación ajustada de la situación en Cataluña. Por ello, creo que toda estrategia política hoy debe ir más allá de la impugnación política del referéndum en su actual formulación. Debe estar enfocada a la resolución de este problema principal.

Sucederán hechos graves en el mes de septiembre. En caso alguno, se celebrará un referéndum con las garantías legales suficientes, para que sea considerado como tal. La movilización popular marcará el desenlace de esta situación. Pero en cualquier caso, las elecciones y sus resultados, serán decisivos para Cataluña. No tener en cuenta este último escenario es un error político, producto de la miopía, que impide ver con claridad el momento decisivo en el que nos encontramos. Para bien o para mal, después de la celebración de los comicios, se verá con claridad cuál es el camino a seguir por los ciudadanos de España y Cataluña. Desconocemos, ahora, el grado de desolación del paisaje en el que estas decisiones serán tomadas.

https://blogs.elconfidencial.com/espana/libertad-de-elegir/2017-07-22/elecciones-cataluna_1419103/

 


LIBERTAD DE ELEGIR. Sin ases en la manga. El Confidencial. 08.07.2017

SinAsesenlamangaEl presidente Puigdemont sigue imperturbable la hoja de ruta del independentismo catalán. No representa para mí sorpresa alguna. Le conozco desde hace muchos años y sé el designio principal de su dilatado compromiso político: la independencia de Catalunya.

El pasado martes presentó públicamente la proposición de Ley del Referéndum de Autodeterminación. Una nueva cita enmarcada en la habitual solemnidad y efectismo para que propios y extraños comprendan y acepten que el 1 de octubre se votará en referéndum. No se trata aquí de descubrir las lagunas de la Ley y el carácter presumiblemente anticonstitucional de la misma. Se ha hecho hasta la saciedad. Se trata más bien de afirmar que las múltiples dificultades objetivas no arredrarán ni a Puigdemont ni a su gobierno. No habrá vuelta atrás en la convocatoria. Sólo una oferta de amplia negociación, sin condiciones previas, con el Ejecutivo español podría inclinarle a replantear las cosas. Sospecho que no se producirá.

El cese fulminante del conseller Baiget es una muestra rotunda de cuanto digo. Las dudas, incertidumbres y temores que el Procés desata en sectores del PDeCAT serán tajantemente abortadas. La destitución del conseller de Indústria es un aviso para navegantes. No es, ahora, relevante saber, si algún otro conseller o consellera puede presentar la dimisión en un futuro inmediato. No importa, el President procederá con la misma diligencia para que nadie dude de que su propósito y el de su ejecutivo es celebrar el referéndum. Tanto el gobierno de España como el de Catalunya saben que la cuestión esencial no es tanto la convocatoria propiamente dicha, sino que su celebración permita que se cuenten los síes y los noes. Si finalmente se vota y el resultado se puede evaluar en condiciones de relativa normalidad, el independentismo catalán habrá obtenido una victoria indiscutible. Quizás no habrá ganado la guerra, pero habrá librado con éxito una de las batallas más importantes. Si se llega a contar, independientemente del resto de las presumibles irregularidades, el referéndum se habrá convertido en el elemento más dinámico de la actual situación política en Catalunya. Se entrará en una nueva fase.

Para conseguirlo, el presidente de la Generalitat sorteará todos los obstáculos. Ha demostrado que si ha de gobernar contra sectores de su propio partido, lo hace. Si el PDeCAT se desmorona es un lamentable daño colateral. El cese de Baiget, el previo debate en el ejecutivo, las declaraciones de Marta Pascal y el rosario de réplicas en las filas de los independentistas, evidencian que, en la estrategia presidencial, el partido de Artur Mas no es una pieza esencial. La CUP ha presionado y mucho para forzar al President a actuar en la forma que lo ha hecho. No era estrictamente necesario. Ha decidido solo, sabiendo que los pasos inmediatos requieren de toda su firmeza. Apurará la celebración del referéndum. En función de la respuesta del gobierno español llamará a la movilización total del pueblo de Catalunya y según el alcance de la respuesta pensará que está en condiciones de negociar o no, con el gobierno de Rajoy. No quedan así, ases en la manga. Todo el juego está al descubierto; se trata ahora de comprobar si el envite surte efecto o no. Se ha apostado todo el capital del que dispone el gobierno y las fuerzas independentistas catalanas, con la esperanza de que la correlación de fuerzas, hoy adversa, se desplace a su favor. Seguiremos hablando de incidentes múltiples, políticos y judiciales, en las próximas semanas; sólo una oferta de negociación que pudiera interpretarse como una victoria de las fuerzas independentistas haría cambiar la decisión de Puigdemont. Al llegar a la Presidencia se comprometió a intentar conseguir la independencia de Catalunya y, aunque les sorprenda, no tiene otra aspiración política que ésa.

En mi opinión, el desenlace del Procés tendrá un reflejo electoral muy obvio, en la subsiguiente e inevitable celebración de elecciones anticipadas en Catalunya. Será objeto de un futuro artículo, pero adelanto que Esquerra Republicana será, con seguridad, la formación política que más rentabilizará los episodios vividos y los que nos quedan por vivir. Toda estrategia de presente y futuro debería tener en cuenta este hecho fundamental.

En lo personal, con la declaración del Parlament del 9 de Octubre de 2015, el nacionalismo catalán cruzó definitivamente el Rubicón. Me consta que para muchos nacionalistas independentistas, los acontecimientos de esta semana señalan su propio Rubicón. Hay que entender con serenidad que se está jugando una compleja partida política ahora ya sin cartas de reserva en la baraja. Para el independentismo nacionalista no hay plan B, no hay plan C, no hay escenario alternativo. La encontrada posición del gobierno Rajoy y la dinámica del gobierno Puigdemont precipitan el actual Procés hacia un desenlace en buena medida imprevisible. Muchos catalanistas pensamos, aunque nos duela, que puestas así las cosas, cuanto antes se escriba el capítulo final de este larguísimo y agotador Procés, mejor para los ciudadanos de Catalunya.

 

http://blogs.elconfidencial.com/espana/libertad-de-elegir/2017-07-08/ley-de-referendum-puigdemont-independencia-cataluna_1410993/

 

 


LIBERTAD DE ELEGIR. ¿Podemos salir del laberinto? El Confidencial 03.06.17

En las últimas semanas, como era previsible, se ha producido un salto cualitativo en el enfrentamiento entre Gobiernos por la convocatoria de un referéndum para la independencia de Catalunya. Portavoces de ambos Ejecutivos reclaman ser intérpretes legítimos de las aspiraciones nacionales del pueblo catalán.

El President Puigdemont y miembros del Govern y de las instituciones catalanas dicen representar la voluntad popular cuando invocan el derecho a celebrar un referéndum sin cortapisas. También la Vice-Presidenta Sáenz de Santamaría insiste en que la interpretación de los intereses auténticos de los catalanes apunta justo en la dirección contraria.

Lo cierto es, que más allá de las declaraciones de unos y otros, hoy en Catalunya hay más consenso sobre la necesidad de un referéndum, que sobre el contenido de la respuesta- afirmativa o negativa- a la pregunta que, eventualmente, se formule.  Es obvio que la división de la sociedad catalana es profunda y creciente. Esta última afirmación obedece más a una sólida certeza que a una apresurada impresión. El acalorado debate está presente en la mayoría de ámbitos políticos y civiles de Catalunya. Y está lejos de ser constructivo.

Es indiscutible que el Govern, con Puigdemont de abanderado, ha movido las “pantallas” de su táctica, a su gusto y según sus necesidades. Después de las elecciones de 2015, sin aceptar nunca que el envite plebiscitario se había perdido, los partidos independentistas anunciaron que en 18 meses se proclamaría la DUI (Declaración Unilateral de Independencia). En 2016, los 18 meses de plazo todavía eran válidos. Pero volvía a ser el referéndum el instrumento central del designio político de Junts pel Sí y la CUP. En 2017, excedido el periodo que el Govern resultante de las elecciones se había autoconcedido -también un compromiso electoral- se nos dice que si la celebración de la consulta finalmente no es posible, se declarará la DUI amparada por la Ley de Transitoriedad. Por cierto, un Proyecto de Ley que aparte de la reciente filtración en un periódico de ámbito estatal, desconocemos su contenido.  Y lo que es más grave aún; tampoco los diputados del Parlament tienen idea alguna del mismo.

Sin embargo, resulta incuestionable, que el Gobierno español nunca ha cambiado de “pantalla”. Para el Presidente Rajoy no ha sido siempre no. Júzguese esa estrategia como se estime oportuno. No es la pretensión de este artículo.

Ambas orientaciones, la del gobierno español y la del catalán, vienen chocando desde hace meses.  Las cosas han ido empeorando, día a día, y así será hasta el desenlace donde atónitos comprobaremos, que no queda margen excepto para que todo vaya a peor.

El último movimiento del Govern – reunión convocada por Puigdemont el dia 29 de mayo- después del “bienintencionado” cruce de cartas, los partidos favorables al sí, han decidido protagonizar un nuevo viraje. Allí donde se había proclamado que el Pacto Nacional para el Referéndum había concluido sus trabajos, con un acto solemne y formal de presentación de las conclusiones y firmas recogidas, se ha querido otorgarle una nueva vida. ¿Con alguna pretensión explícita? Naturalmente. Dar una nueva oportunidad a Catalunya Sí que es Pot para que se sume a un referéndum unilateral. Sin acuerdo previo y sin carácter vinculante. Todo ello ad maiorem gloriam de la alcaldesa Colau y los suyos.

Sugiero, quizás con un punto de esperanza, que se emplace al Govern a que acepte el principio de que negociar y eventualmente ceder, no es rendirse. Podría comprobarse así, lo que sigue:

  • Ha quedado demostrada, sobradamente, la fuerza del independentismo catalán en la presente coyuntura, aunque hoy se adviertan signos de fatiga y retroceso palpables.

  • Se ha verificado la notable cantidad de compañeros de viaje de los partidos independentistas catalanes que han apoyado, hasta hoy, la reivindicación de fondo. Lo han hecho con la expectativa de obligar al gobierno español a negociar en un contexto político, progresivamente, enrarecido.

  • Se ha constatado, irremediablemente, que el gobierno español ni ha hecho ni hará movimiento alguno. Debe ser totalmente descartada la idea de una respuesta gubernamental desproporcionada a los movimientos secesionistas.

  • Se podría aceptar por la unanimidad de todas las fuerzas independentistas, que ante, el negativo desenlace de la situación en Catalunya, convendría maniobrar con inteligencia. De suyo, no hay otra alternativa.

  • Se acertaría al presentar ante la opinión pública española y catalana un balance de errores y aciertos sincero y claro, sin ocultar las dificultades.

  • Se podría asumir, colectivamente, que la única salida al actual laberinto sería la convocatoria de elecciones. Sin representar menoscabo para ningún partido político, todos ellos, con la excepción más que probable de la CUP, deberían exigir al President Puigdemont que anticipara las elecciones. A mi juicio, esta sería una alternativa de contenido y efecto parecidos a la defendida por los promotores del referéndum. Se trata, en definitiva, de pronunciarnos. ¿No?

Catalanes y catalanas decidirían con su voto que es lo que desean en esta fase final del Procés. Nada podría impedir que se expresaran con auténtica libertad y siguiendo sus deseos más íntimos. Es, en este punto, donde muchos tenemos la convicción de que nuestros conciudadanos sabrán juzgar correctamente la situación y votaran en consecuencia. Va de democracia. ¿No?

Entre demócratas, y los somos todos, aceptaríamos que una vez señalado el camino por los ciudadanos llamados a votar, lo seguiríamos con una legitimidad refrendada. Se puede salir del laberinto. Debemos hacerlo juntos. Y lo conseguiremos si depositamos, sin reservas, en el pueblo de Catalunya las decisiones y confiamos en él. No tiene por qué haber vencidos.

Referéndum Cataluña- ¿Podemos salir del laberinto-. Blogs de Libertad de elegir

 

 


Lliçons de França- La Vanguardia. 26.05.17

Macron ha guanyat les eleccions presidencials a França per un ampli marge. La seva victòria ha estat incontestable. El  triomf és important per raons diverses. Ha reeixit  un amplíssim moviment d’arrel popular sota la bandera d’un liberalisme més aviat  tou.  Milers i milers de ciutadans s’han mobilitzat activament formant part d’un moviment En Marche de perfil nou amb una molt destacable presència a les xarxes.

L’aspiració pregona del seu vot és una profunda regeneració de la política francesa que aturi la progressiva decadència del país. Es vol donar un  tomb a la França estancadissa dels darrers anys. La victòria també ha estat rellevant pel seu inqüestionable europeisme. És l’aposta per un nou impuls de la Unió Europea post-Brèxit. Els europeistes comptaran, a partir d’ara, amb un aliat que, de moment, sembla ferm i decidit. No ens hauria d’estranyar veure Macron com adalid del nou Manifest del 9 de Maig.  I en darrera instància, els bons resultats de Macron s’han de llegir en clau de la derrota de la variant populista del nacionalisme francès. Aquesta qüestió essent important pels resultats obtinguts,  no és la més significativa des de el punt de vista de la futura acció de govern.

Que cal emfatitzar del triomf de Macron? Esdevé clau el programa formalment liberal d’En Marche. Es considera l’empresa privada com un element determinant pel creixement  de l’economia,  la creació d’ocupació  i la redistribució ben entesa de la riquesa. S’impulsa una valent agenda de reformes inajornables del mercat laboral. Es fa una aposta decidida per a la mobilitat econòmica i social en l’era digital. Es promou l’acceptació i projecció d’una societat canviant i mòbil on la investigació i la innovació son estris imprescindibles.

Es considera essencial un Estat un punt aprimat que tingui  com a prioritat principal ajudar als que no poden seguir, posant l’accent en la protecció de tots aquells que viuen en  circumstàncies  adverses el seu dia a dia. Un contracte social explícit sobre quatre pilars: educació, cultura, salut i el paper de la justícia en un món de separació real de poders. Tot això acompanyat d’una reflexionada moderació fiscal. Es promet una rebaixa d’impostos agosarada per les classes mitjanes franceses, profundament maltractades per l’estatisme rampant de llarg abast al país veí.  I finalment, una tolerància zero envers la delinqüència i una laïcitat inflexible que estigui present en l’acció política del govern i  les institucions franceses.

Els liberals assumim de grat aquest programa. De fet, és el nostre des de fa anys. Amb matisos, puntualitzacions i precisions, però el podem defensar. Llegint amb deteniment el programa d’En Marche tinc, però, la sospita de que està amarat d’un designi lleugerament socialdemòcrata. Es veurà.

Quines lliçons podríem aprendre dels resultats de les darreres eleccions franceses des de Catalunya estant? La primera, és comprovar esperançats com la societat pot donar un salt endavant gegantí si les condicions objectives pel canvi estan prou madures. Tot i reconeixent quant decisiva ha estat la previsible implosió dels partits tradicionals. Apareix la sobtada certesa de que no cal recórrer feixugament tots els estadis intermitjos.  Es pot estalviar temps i feina.

La segona lliçó és la importància estratègica de batallar per la renovació democràtica. Això paga la pena sempre, doncs resulta imprescindible. Cal connectar estretament  amb la ciutadania perquè faci seva aquesta exigència que ha d’afectar,  intergeneracionalment, a tots aquells que es senten cridats a lluitar per una profunda metamorfosi.

La tercera és constatar que sense un partit estructurat el salt endavant és perfectament possible. A Macron i els seus, els hi espera una comesa gens fàcil però si encerten la diagnosi i la formulació de les primeres mesures, el partit polític vindrà després. S’haurà de cercar i aconseguir una nova majoria social i el partit en serà el subproducte.

La quarta i darrera lliçó és que no s’han d’endegar rutinàries polítiques de reformes ja provades. S’ha de voler dur a terme una autèntica transformació de la societat. Des de bases noves i engrescadores. Aquest gran repte només es pot assolir amb un clar emplaçament a la ciutadania fent-li veure que la implicació i el compromís polítics no és cosa dels demés,  si no de cadascun de nosaltres. En aquest camí, l’apel·lació als joves amb la seva entusiasta aportació esdevé essencial. Transformar vol dir fer del vell país, un de nou. Tanmateix, sense caure en somnis benintencionats. Aquesta és una generosa i transcendent  tasca que li correspon tothom.

Percebo un clar paral·lelisme entre la vella França i la vella Catalunya. Els dos països viuen moments especialment delicats. Sens dubte, el rumb ha d’ésser corregit. Cal aprofitar l’impuls i l’energia de fons, que un i l’altre disposen sobradament, per deixar enrere el passat i  fer front el present sense esperar el futur. Hi ha molt per fer, allà i aquí. I tot pot ésser fet. La victòria d’en Macron i el seu moviment liberal és la prova inequívoca que més enllà d’ésser necessari, és possible.

LLiçons de França- La Vanguardia 26.05.17


LIBERTAD DE ELEGIR. ” La socialdemocracia. La crisis que no cesa. ” El Confidencial. 20.05.17

Se puede afirmar, sin exageración alguna, que la socialdemocracia en general y la europea en particular, vive en estos últimos años inmersa en una profunda crisis. A lo largo del siglo XXI se ha producido un progresivo retroceso del modelo socialdemócrata. No es una quiebra universal, pero si muy general. De hecho, la visión, el enfoque y el proyecto de los socialistas no cuenta hoy con una alternativa sólida con la que afrontar los retos de la segunda y tercera década del presente siglo. Aun así, algunas de sus orientaciones más clásicas siguen formando parte del discurso político vigente. No se trata aquí de impugnar polémicamente los postulados de la socialdemocracia. Más bien constato la ausencia de un perfil propio bien definido.

Múltiples ejemplos en Europa, América y en otros países del planeta avalan cuanto digo. También hay excepciones. Portugal sin ir más lejos. Sospecho, no obstante, que en Gran Bretaña con Corbyn, Alemania con Schulz, Italia con Renzi y Francia, aún no sabemos con quién, las cosas pueden empeorar, substancialmente, en las próximas contiendas electorales.

¿Por qué ha quebrado el modelo socialista? La nueva oleada de la globalización con una integración más estrecha de mercados ha influido de manera decisiva en su evolución. También la indiscutible constatación de que el crecimiento sostenido del estado del bienestar, es imposible. Y por último, la evidente limitación de recursos económicos para garantizar más y más políticas sociales que son ya inasumibles.

El incremento progresivo del peso del Estado en la economía de las naciones se ha convertido mas en un pasivo que en un activo para el libre desarrollo de un modelo económico competitivo. Al amparo del Estado omnipresente la corrupción política y los abusos de particulares en la captación de rentas públicas crecen a la sombra de una escasa transparencia y un ineficiente control.

Los socialdemócratas asisten desconcertados e incrédulos al surgimiento con fuerza del izquierdismo populista producto último de la profundización de la crisis socialista.

 Los numerosos cambios tecnológicos, el gran auge de las redes sociales y la progresiva simplificación de todo mensaje político, redunda a favor de la banalización de la política y de la consiguiente manipulación burda de amplísimos sectores de la opinión pública. Los populistas – de izquierda y de derecha- hallan en este escenario una vía de penetración impensable hace tan solo unos pocos años.

Es difícil que puedan explicar con éxito los fundamentos reales de la grave crisis que el capitalismo ha padecido. A mi juicio, se realizan interpretaciones que nada tienen que ver con la realidad y sí con el deseo de teorizar una crisis a la medida de sus pretendidas respuestas políticas. Por ejemplo, sorprende el consenso generalizado que en estos medios suscita un renacido keynesianismo como fuente de explicación de los problemas que el capitalismo sufre. Modestamente, sostener que el Keynesianismo, puesto al dia, puede ayudar a abordar los problemas a los que debemos hacer frente, me parece una ingenuidad. Más aún, creo que es un grave error político. No es este el camino por el que pueda transitar la nueva socialdemocracia que el sistema parece seguir necesitando. Con este equipaje, el viaje es punto menos que imposible. La mochila para el mismo debe de estar llena de análisis precisos y soluciones actualizadas y audaces que estén a la altura del compromiso exigido por los nuevos tiempos.

El caso español es, particularmente, ilustrativo. El PSOE es hoy víctima perfecta de todo cuanto acabo de describir. Un partido de clase, histórico y necesario en España, zarandeado por una situación política en la que le cuesta influir como solía hacerlo en los últimos treinta años. Podemos quiere convertirse en su sepulturero y los socialistas se debaten desarmados política e ideológicamente ante la despiadada irrupción del izquierdismo.  Podemos resulta favorecido por el devenir objetivo de la crisis económica y por la respuesta de votantes y militantes desencantados. Si el PSOE no combate, Podemos progresa.

 El episodio dramático de la elección del Secretario General del PSOE ahonda esta deriva. Evidencia que si bien las elecciones primarias para la elección de cargos electivos fuera del partido son imprescindibles, su utilización para escoger cargos internos de alto nivel, es más bien un obstáculo que una ventaja. A pesar de que las diferencias de enfoque y programa son casi inexistentes entre los candidatos, la necesidad de subrayar el perfil de cada uno arruina el debate de las ideas. Este hecho no favorece el diálogo imprescindible para construir una organización fuerte.

Siempre he creído que la contribución del socialismo español ha sido fundamental para la consolidación de nuestro sistema democrático. Así sigue siendo. A pesar de que, objetivamente, la socialdemocracia está en apuros en España y en el resto de Europa, su aportación es necesaria.

El futuro progreso del liberalismo político tendrá que ver, sin duda, con un eventual retroceso parcial de la socialdemocracia. Se compite por espacios vecinos. Espero, no obstante, que en la actual contienda los socialistas españoles y europeos acierten a interpretar que el mundo ha cambiado notablemente. Debemos hacer muchas cosas juntos. A buen seguro, el populismo izquierdista detestará esta formulación. Señal evidente de que, probablemente, sea correcta.

Socialdemocracia. La crisis que no cesa. Blogs de Libertad de elegir

 


LIBERTAD DE ELEGIR. “Populismos. Ayer y hoy”. El Confidencial 06.05.17

El crecimiento de viejos y nuevos populismos en todo el planeta es un hecho incontrovertible. Con más o menos fuerza, con mayor o menor capacidad de movilización, siempre con programas extremos, los populistas mantienen una presencia relevante en Europa, EEUU y en Latinoamérica.

Las recientes contiendas electorales dan buena prueba de ello. Alemania, Holanda, Gran Bretaña, diversos países de América del Sur y EEUU son testigos de un ascenso indisimulable. Las elecciones francesas, a las puertas de la segunda vuelta, son otro capítulo del feroz combate que el populismo libra en todos los frentes. Estas luchas se han saldado con victorias y derrotas, pero la tendencia de fondo evidencia una constante progresión de estas fuerzas.

Los clásicos solían argumentar que el populismo era una receta aplicable en tiempos de crisis, para dar respuesta al miedo y a la desesperación de las clases medias y la pequeña burguesía urbana. Efectivamente, así fue durante los años treinta del siglo pasado y así ha sido con, notable, frecuencia en muchos países latinoamericanos. Aquellos analistas afirmaban que el proletariado nunca se sumaría a la bandera populista porqué disponía de fuertes organizaciones políticas que defendían con relativo éxito sus conquistas y reivindicaciones. En los países europeos también los campesinos tenían sus propios partidos que rechazaban, enérgicamente, la dinámica radicalizadora que esas corrientes políticas propiciaban.

Hoy el populismo abarca, más allá de la clase media, sectores muy importantes de los trabajadores que disponen de un balance francamente negativo de la experiencia de sus propios partidos de clase.

EEUU con Trump, Gran Bretaña con el Bréxit, Holanda con Wilders, Alemania con AfD, Francia con Le Pen, Maduro en Venezuela y Evo Morales en Bolivia, son un claro exponente de líderes y partidos transversales que apelan al conjunto de los ciudadanos, por encima de su pertenencia a una clase social. Llevamos años comprobándolo pero las campañas electorales del Presidente Trump y la candidata Le Pen son un buen ejemplo de cuanto digo.

Ciudadanos golpeados por la crisis, desconcertados ante las prácticas y resultados de la política convencional y desesperados por un horizonte lleno de incertidumbre, optan por superar la tradicional distinción entre izquierdas y derechas. La angustiosa precariedad, casi crónica, del mercado de trabajo y una avalancha imparable de información sesgada y, con demasiada frecuencia, contradictoria, posibilitan que los electores de la segunda década del siglo XXI vuelvan, hastiados y confundidos, los ojos hacia el fenómeno populista. La simplicidad de la respuesta ensayada por sus principales dirigentes, el esquematismo de las soluciones apuntadas y la imposibilidad material de contrastar sus propuestas programáticas convierten a una parte importante de la población en víctima de una estrategia antisistema e insumisa.

Resulta enormemente difícil contraponerse a esta agitada marea. Pero, o se está dispuesto a nadar contracorriente, o sospecho que la suerte puede estar echada. Si no es hoy, será mañana.

España es un caso particular. No hay populismo de derechas. Podemos y buena parte de lo que representa Catalunya Si que es Pot- no toda- es una muestra del tipo de populismo izquierdista que ha prosperado, recientemente, en nuestro país. Incluso, el lenguaje está, profundamente, contaminado. Se sostiene, como lo hacen muchos líderes políticos convencionales, que en España se debe librar una dura batalla contra el populismo de izquierdas y de derechas. Esta afirmación en sí misma es populista. Se desfigura el escenario, se desvirtúa el adversario, se yerra la estrategia y la táctica. Esta es una de las razones por las que el movimiento en el que se ha desarrollado Podemos, progresa, aunque con altibajos, en la política española. Nadie sale decidido a su paso. La contemporización parece una receta adecuada. Grave error.

¿Cómo combatir esta tendencia imparable, aparentemente? No hay otro camino que la firme defensa del pluralismo y las conductas democráticas. No hay atajos. Esta confrontación no debería postergarse. Con las proclamas bienintencionadas no se llegará muy lejos. Sólo desde la implementación de políticas audaces en los ámbitos económico, social y político se puede perfilar una alternativa que inspire confianza. Frente al simplismo y la demagogia imperantes sólo cabe proponer programas políticos realistas cuya eficiencia pueda ser, claramente, verificada por el electorado. El resto es, incomprensiblemente, una actitud piadosa.

También el derecho a la información queda profundamente menoscabado y deteriorado por el brutal auge del populismo. El alud imparable de falsedades, calumnias, descalificaciones y medias verdades, que cuenta en España con destacados voceros sepulta la información, el conocimiento y el discernimiento de la opinión pública. El resultado es catastrófico. La política correcta y la información fundamentada, transparente y veraz, son la única vía para detener la peligrosa desmembración de la sociedad y frenar su pesimista deriva.

Políticos, periodistas, analistas, educadores y creadores de opinión deben ayudar a que el conjunto de ciudadanos entienda que la sociedad está de nuevo en grave peligro. Este debe y puede ser conjurado. Las actitudes blandas, temerosas, complacientes e interesadas de muchos son la lacerante comprobación de la profunda implantación del fenómeno populista en las sociedades de nuestros días.

Gobierno de Donald Trump- Populismos. Ayer y hoy. Blogs de Libertad de elegir


LIBERTAD DE ELEGIR ” Pasar página”. El Confidencial. 01.04.2017

Implacablemente, los plazos se cumplen. El tiempo se acaba. Han transcurrido ya los dieciocho meses previstos en la hoja de ruta del Govern para proclamar, unilateralmente, la independencia. Por supuesto, nadie –excepto la CUP- ha levantado la voz. Tampoco nadie  ha formulado preguntas incómodas. Este es el estado de ánimo: del entusiasmo de una apretada mayoría parlamentaria independentista a la incertidumbre y desconfianza crecientes.

Esta semana hemos conocido la última encuesta del Centro de Estudios de Opinión (CEO) –institución que depende del Govern de la Generalitat. Hemos sabido que el secesionismo ha retrocedido cuatro puntos y el número de diputados de Junts pel Sí sumados a los de  CUP, probablemente, estará por debajo de la mayoría absoluta de escaños. Así sería,  si las elecciones se convocaran en las próximas semanas. A mi juicio,  esta tendencia se acentuará a medida que transcurran los días.

He comentado, reiteradamente, cómo la lógica de las elecciones acabará imponiéndose como sustitutiva del referéndum, quizás convocado, pero no celebrado. El callejón sin salida de la apuesta separatista  tiene un horizonte insalvable: la más que probable convocatoria de elecciones. Sostengo que miles de electores en Catalunya buscan ahora mismo una referencia política de moderación y equilibrio para poder votarla. Los datos de la encuesta arriba mencionada reafirman solidamente esta percepción.

Es verdad que el contexto en el que se celebrarán los próximos comicios será de notable tensión. Desconocemos el alcance y la intensidad de las movilizaciones que el President Puigdemont y su Gobierno esperan que se produzcan. Es cierto, no obstante, que ante las inhabilitaciones al President Mas, la Vice-Presidenta Ortega y la Consellera Rigau, la respuesta popular no se ha materializado en absoluto. ¿Descarto futuras manifestaciones con una elevada participación de la ciudadania? Aún no. Pero, posiblemente, éstas no se producirán; a no ser que el Gobierno de España cometa algún error grave e irremediable.

Aún así, el debate se realizará con un contenido, explícitamente, plebiscitario. Volveremos a un manoseado planteamiento de independencia – antindependencia. Prácticamente, todos los actores políticos desean este escenario. No hace falta que diga,  que no comparto esta perversa aspiración de unos y otros. Me niego a aceptar la siniestra tesis de que cuanto peor,  mejor. No es eso lo que conviene a los ciudadanos de Catalunya. Creo, sin embargo,  que hay un camino que sí responde a las inquietudes de un electorado muy amplio, que aún se expresa, timidamente, pero que puede jugar un papel decisivo en los próximos meses.

¿A qué parámetros responden estos votantes? Tienen claro que conviene situar a Catalunya en el post-procés, de una vez por todas.  Asumen que hay que gobernar, y que debe hacerse desde la perspectiva de políticas liberales, humanistas, de cambio y modernización. Y al tiempo, aspiran a dar una respuesta a la preocupante izquierdización que padece el país. Catalunya Sí Que Es Pot i la CUP, como actores principales de la izquierda, con perfiles distintos y programas diferenciados, se complementan en muy buena medida.

La contestación generalizada, la desobediencia injustificada y el desorden que padecen los ciudadanos requieren de una respuesta firme y determinada de todos aquellos que saben que el catalanismo político del siglo XXI  representa la mejor y más eficiente tradición de gobierno  del país. Y han decidido que la aventura de la independencia, a cualquier precio, en capitulos sucesivos,   ha de terminar. Este voto debe rezorzarse con el de aquellos catalanes soberanistas que, bienintencionadamente, han apostado –con mayor o menor entusiasmo- por la separación de España,  pero que ahora  reconocen que este camino tiene un fatal recorrido y un pésimo desenlace. Más aún, intuyen que la bandera del independentismo, de espaldas a la actual correlación de fuerzas, es la insiginia de la inevitalbe  y próxima fustración política de cientos de miles de catalanes.

Habrá que ir a las elecciones con la serena convicción de que se puede pasar página y se debe leer y protagonizar otra nueva. Y para hacerlo,  en este complejo y tensionado tiempo político, sólo la moderación del catalanismo y la voluntad para decir bien alto: “así no, así no” puede propiciar un nuevo período. No me parece posible que otra apuesta sirva para encauzar constructivamente las energias del país,  en un momento clave y delicado de nuestro proyecto europeo.

No hay motivo alguno para ceder a la desesperanza. Créanme, ninguno. Sólo la apuesta política desacomplejada e ilusionada por el impulso de lo más preciado de la tradición catalanista servirá para iniciar una brillante etapa del devenir de Catalunya.

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